lunes, 9 de diciembre de 2019

La Comisión de Concertación Salarial nació hace 23 años, de los cuales en 17 ocasiones no se ha llegado a un acuerdo. es sólo un motivo para recomendar rediseñar la fijación del mínimo

EditorialLR


Hay dos asuntos económicos pendientes de evolucionar que ojalá se discutieran a fondo para poder pasar a otro nivel de desarrollo. El primero tiene que ver con la tasa de usura que certifica cada mes la Superintendencia Financiera con base en una encuesta entre los bancos y que se ha convertido en todo un obstáculo para bancarizar y luchar en contra de los crecientes créditos mafiosos conocidos como ‘gota a gota’. El otro tema, no menos espinoso, es la obsoleta discusión del salario mínimo al final del año que siempre deja un sabor amargo entre los trabajadores y no menos entre los generadores de empleo.

Por ahora, veamos otras maneras de discutir el alza del salario mínimo, no sin antes darle los antecedentes de cómo nació esta ineficiente tarea. La Comisión de Concertación Salarial nació en 1996 para definir el monto a incrementar la paga mínima mensual en un momento cuando la tasa de inflación era el mayor temor y ascendía a 20,5%. Es una tarea dispendiosa y afanada que debe darse a conocer antes del 30 de diciembre en medio de un verdadero tira y afloje entre los miembros de esa comisión, compuesta por sindicalistas que representan a los trabajadores y gremios que velan por los intereses de los empleadores. El Ministerio de Trabajo solo es un árbitro que si no se ponen de acuerdo fija el alza del salario mínimo por decreto.

El punto neurálgico de por qué acabar con esa discusión siempre politizada, tensa y desgastante, además de modernizarla en tiempos de inflación de un dígito, es que de 23 reuniones en igual número de años, solo se han puesto de acuerdo en cinco ocasiones, toda una muestra estadística que confirma la decadencia de la discusión. El libreto siempre es el mismo: la Central Unitaria de Trabajadores, la Confederación General del Trabajo y la Confederación de Trabajadores de Colombia proponen dos dígitos de incremento, mientras que la Andi y Fenalco, dos gremios siempre presentes, se ciñen a la fórmula de la inflación proyectada más la productividad que siempre da un porcentaje tres veces inferior al que piden los trabajadores.

No hay concertación ni compromisos y siempre es la misma historia que por ser diciembre se olvida pronto hasta el nuevo año. Hay que modernizar esa Comisión; hay que tener en cuenta nuevos elementos; hay que sincerar el número de colombianos que gana ese salario; hay que desarrollar el pago por hora con todas las prestaciones sociales; hay que tener en cuenta la diferenciación de los distintos sectores económicos, y lo que es más importante: hay que hacer de la discusión salarial un pacto por el crecimiento económico y del empleo formal. Una tarea que debe ser la bandera el Ministerio de Trabajo o del Departamento de Planeación Nacional.

Incluso se puede pensar en entregarle esa tarea a las comisiones económicas del Congreso que debe ser el epicentro de los debates económicos, más aún debe fijarse el incremento salarial para cada dos años, tal como se hace en las grandes multinacionales. La discusión del mínimo afecta las multas de tránsito, las sanciones legales y es un arrastre para los precios del nuevo año. La pregunta clave es por qué si es un tema tan importante debe hacerse en diciembre a última hora. Es una discusión crucial para todos los colombianos y fundamental para los empresarios. Buenas razones para modernizar este tema.

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