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EDITORIAL La crisis no debe ser la causa para sacar excusas
jueves, 26 de marzo de 2020

El reto es no contagiar la economía de pánico ni desespero, pero si de entender que nada será lo mismo, no se puede pensar que debemos volver a una normalidad desconectada

Editorial

En un tiempo en el que abundan los expertos en Covid-19, en crisis financieras, en catástrofes económicas y una manada de estadísticos proyectan males que se ciernen sobre el país, su economía y sus gentes, es importante acudir a la información basada en hechos, que no es cosa distinta a personas haciendo cosas reales, transformando la realidad. Hay cientos de empresarios, alta gerencia y trabajadores corrientes haciendo cosas loables, cosas tangibles que nos hacen pensar que el miedo pronto se transformará en actitud que sembraría un cierre de año mucho mejor.

Pero antes de que esto suceda -tiempos mejores- ronda el reto de no contagiar a la economía de pánico ni incertidumbre. Para conseguirlo, los empresarios y sus empresas deben gravitar en medio de temas básicos como la responsabilidad social empresarial, preservando el trabajo de las personas, siendo solidarios y lo más importante entender que el mundo tal y como lo entendíamos cambió y que temas de urgencia o de simple choque, como el teletrabajo y el telestudio, serán habituales en el contexto educativo y laboral de los próximos meses. Para llegar allá, hay preguntas que se deben hacer y elevarlas al Gobierno Nacional que debe ser el máximo proveedor de la estructura superior para que todo funciones: ¿tenemos la conectividad necesaria para enfrentar verdaderamente la cuarta revolución industrial? ¿Está nuestro sistema sanitario preparado para las nuevas guerras contra las pandemias del futuro?

El Covid-19 del primer trimestre de 2020 no solo pasará a la historia como una gran tragedia para la humanidad, pues los infectados pronto serán medio millón en todo el mundo y los muertos 20.000, sino como un gran disruptor laboral y social que dará inicio a nuevas maneras o formas de hacer las cosas, pero ante todo sentenciando que la anhelada normalidad no volverá, simplemente por era parte del problema. Las personas nos habíamos acostumbrado que todo funcionaba con cosas materiales visibles y que los virus eran parte del pasado o un privilegio de los países subdesarrollados.

El hecho de que entre Italia y España pongan más de la mitad de los muertos e infectados, lleva a pensar que el desarrollo y los estados de bienestar alcanzados tienen temas inconclusos o cabos sin atar. Las noticias que se conocen de la tragedia de los ancianos de los dos países del primer mundo estremecen a la humanidad; más de un millar de personas mayores han muerto abandonadas en ancianatos de mala muerte, sin que esa situación fuera anticipada por las modernísimas autoridades sanitarias. El mundo va a cambiar desde esas tragedias humanas, la relación con los mayores no será igual, ni mucho menos la visualización de cómo van a ser los últimos años de los jubilados de todo el mundo; serán temas que deben estar en la agenda de quienes diseñan políticas públicas en materia sanitaria y económica. Y finalmente, en esta época de “aplanar la curva” de contagios y de muertes, no todo vale: no se puede usar el Covid-19 como comodín para tomar decisiones impopulares para hacer esos recortes y ahorros que se tenían revistos para otras épocas. Es seguro que la economía se fortalezca y que venga una larga época de vacas gordas, pero distinta. Ahora el imperativo es minimizar las pérdidas.

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