miércoles, 14 de octubre de 2020

Lo que hará saltar la economía serán los emprendimientos de base tecnológica, pero para que eso suceda el terreno se debe abonar desde la universidad con ayuda del Gobierno

EditorialLR

Uno de los filtros más eficaces para mirar la evolución de la economía de un país es analizar cómo ha cambiado la composición de los índices accionarios en las bolsas de valores.

Las comparaciones son odiosas, pero hay que hacerlas. Hace 20 años el Dow Jones aún mantenía rastros de las 12 compañías con que arrancó un siglo atrás, dato que solo sirve de anécdota pues el 26 de junio de 2018, General Electric fue reemplazada por Walgreens Boots Alliance en esa anhelada selección.

El mapa que dibujan las empresas en los mercados secundarios se convierten en la historia misma del sector productivo. Primero fueron desapareciendo los ferrocarriles de esos listados, luego las empresas eléctricas y poco a poco han ido cediendo las comerciales y de alimentos ante el impetuoso y acelerado ritmo de las tecnológicas.

Hoy, en pleno desarrollo de la cuarta revolución industrial, no solo son las de componente tecnológico son las que lideran, sino las que han hecho mezclas interesantes con servicios logísticos, publicitarios y entretenimiento, como es el caso de Amazon, Apple o FaceBook.

Si bien la Bolsa de Valores de Colombia no ha logrado jugar un papel decisivo en atraer a su oferta empresas locales emblemáticas tipo Crepes & Wafles o Arturo Calle, entre otras, tampoco ha seducido a los llamados unicornios como Rappi o Nubank; compañías que han impactado la historia de los emprendimientos regionales y han recurrido a otros caminos de financiación. Pero esta nota trata de su importancia en la economía, mas no, de por qué no están en la Bolsa.

Los emprendedores tienen un problema de origen y maduración. Mientras muchos consideran que lo importante es encontrar una idea disruptiva que se convierta en un negocio millonario para ser vendido a una compañía más grande, otros se comprometen en su desarrollo más que en su venta y esos son los que perduran en el tiempo.

La historia está plagada de buenas ideas de empresa que fueron sepultadas porque sus creadores se preocuparon más por venderlas que por ganar espacio en el mercado. Pero para que haya miles de emprendimientos anuales en pleno crecimiento se necesitan que nazcan muchos más de los que mueren, es una ley natural, de lo contrario no se logrará esa característica de renovación de los índices de las bolsas de valores, ni mucho menos una transformación del modelo económico.

Y en esta sentencia el papel de las universidades es fundamental para que prepare más emprendedores en todas las carreras que “hacedores de hojas de vida”. Un punto en donde deben encontrarse sector el educativo y Gobierno Nacional para lanzar una política de estado en beneficio del empredimiento.

No sobra recordar que es más factible que los empleos formales que se necesitan generar en Colombia vengan de los emprendimientos que de las empresas veteranas que han logrado un punto de equilibrio gracias a las economías de escala que le permite tener ganancias para hacer nuevas inversiones.

El clamor es simple: hay que enfocarse en el empredimiento como punta de lanza de la transformación de las economías regionales; emprendimientos que ojalá sean de base tecnológica y en especial en el sector de la agroindustria, pues este es un país de inmensa riqueza natural que aún no ha sido explotada, especialmente en la provincia.

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