viernes, 7 de febrero de 2020

Lo importante para el sector ganadero no es haber logrado el estatus sanitario, es que la carne encuentre un filón de exportación a nuevos mercados que representen divisas

EditorialLR

Uno de los reveses más importantes que sufrió la economía y que sembró un manto de dudas sobre el desempeño del Gobierno Nacional y la actividad gremial agropecuaria fue la pérdida hace 16 meses del certificado como país libre de aftosa por parte de la Organización Mundial de Sanidad Animal, noticia que generó rechazo a la exportación de carne de origen colombiano.

Por fortuna, el Ministerio de Agricultura, en cabeza de Andrés Valencia, logró cambiar la situación en muy poco tiempo gracias a una reorganización puntual que buscaba atajar la penosa situación. El estatus les permitirá a los ganaderos abrir nuevos mercados y crecer las esquivas exportaciones.

El año pasado, la producción total de la carne llegó a 933.000 toneladas, es decir que solo 2,3% de la carne salió para exportación, cifra que hay que mejorar. En Colombia hay cerca de 28 millones de cabezas de ganado, de las cuales 27,2 millones fueron vacunadas contra la fiebre aftosa y brucelosis bovina. El éxito de esta operación tuvo que ver con el cambio de actitud de los propietarios de los 633.065 predios dedicados a la cría de vacunos.

En el último ciclo de vacunación se llegó a 604.671 fincas, lo que demuestra un compromiso de los tenedores de tierras explotadas por la producción cárnica. Pese a que Colombia no tenía el estatus sanitario, el sector ganadero exportó 21.687 toneladas de carne bovina en 2019, esto fue casi 18% más que en 2018. Rusia es el mayor comprador con 6.440 toneladas, le sigue Jordania con 5.087 y Egipto (3.205 toneladas).

El mercado interno crece muy poco cada año y el consumo per cápita solo llega a 18 kilos, justo en un momento en que las nuevas tendencias de consumo están cambiando y la carne ha encontrado grandes detractores no solo por temas de salud, sino ambientales.

La carne de res, frente a otras proteínas, es la que menos crece y se ha mantenido en esos 18 kilos por persona desde hace cinco años; situación distinta experimenta el pollo que pasó hace un lustro de 29 kilos a 34 el año pasado.

El cerdo también ha crecido al pasar de solo 7 kilos a 10 en 2019; pero el mejor registro es el pescado que dio un salto de 4,4 kilos en 2010 a 10 kilos en 2019. Claramente, la carne de res tiene una gran oportunidad en el mercado local, aunque su verdadero mercado es el internacional, pues la base de la alimentación del ganado colombiano aún es pasto de pradera y no es ampliamente estabulado, argumento ambiental que puede usarse para vender un producto más sano y ecológico.

El nuevo estatus de la carne les abre la puerta a los empresarios del ganado a recuperar el mercado ruso -en donde perdieron más de 50%- y de otras naciones que tienen vetos a la carne estadounidense, argentina o brasileña.

Hay una oportunidad y se debe aprovechar inmediatamente en asocio con el Ministerio de Agricultura; entre tanto, no pueden aflojar los controles de vacunación y de monitoreo de la competitividad del hato ganadero que atraviesa uno de sus momentos más interesantes de su historia, al enfrentar los cambios de hábitos en el consumo de los colombianos frente a las proteínas y a la conciencia ambiental que ha florecido entre los más jóvenes.

El sector agropecuario tiene como jugador importante al ganado y a los cultivos para producir su alimento, esa es la ecuación que debe modernizarse.

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