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En la educación está la clave de las pensiones
Los colombianos tienen el reto de educarse en finanzas personales y dejar de ser los últimos entre los países de la Ocde, el manejo del ahorro debe ser la asignatura más importante
A partir de abril de 2027, los colombianos estrenarán un nuevo sistema pensional basado en pilares en donde se agrupan las poblaciones laborales que conforman el país económico. El reto del gobierno es comenzar una revolución educativa en donde la informalidad sea el verdadero pilar del ahorro, pues a los fondos privados de pensiones se les eliminó su rol de sistema alterno que gozaban en la vieja Ley 100.

En adelante, todos los colombianos tienen la posibilidad de hacer un ahorro pensional en Colpensiones, una entidad que emerge como la institución más importante de la economía colombiana y la espina dorsal de la calidad de vida cuando hombres y mujeres empiecen a disfrutar su jubilación y la pensión para la cual han ahorrado.
El propósito de las autoridades colombianas debería ser apropiarse del nuevo sistema de pilares, educar a los trabajadores colombianos, acercar cada día más a la población económicamente activa hacia la formalidad y garantizar que cada vez más personas gocen de una pensión que, en adelante, no será subsidiada, que hará desaparecer las megapensiones y, ojalá, los regímenes especiales que desangran el presupuesto nacional. Y lo más importante será que el fondo de ahorro pensional sea administrado por el Banco de la República, quizá la institución más respetada por los colombianos.
Los ministerios de Trabajo y Hacienda tienen que asimilar el nuevo presente de las pensiones colombianas, apropiarse del sistema de pilares, hacer pedagogía e irse lanza en ristre contra la informalidad que tanto daño le hace a la economía. Es un momento de oro para que la población económicamente activa se forme en cultura financiera y entienda que el trabajo diario debe tener un objetivo de bienestar para después de los 60 años; la racionalidad en las decisiones económicas dicta que se debe ahorrar para tener un mañana mejor cuando todas las personas sean mayores.
Tanto durante la Ley 100 como mucho antes de esta norma, se ha privilegiado la informalidad, no se ha acompañado a los trabajadores en la importancia del ahorro pensional para su futuro y, mucho más, se han idolatrado las altas pensiones subsidiadas que se comen el presupuesto nacional, además de los nocivos regímenes especiales. Si el Congreso y el Ejecutivo quieren desinflar la bomba pensional -que crece con las poblaciones mayores ya jubiladas, las obligaciones de pagar pensión y los pocos jóvenes que entran a trabajar-, deberá plantearse un nuevo proyecto que corrija la dependencia de los subsidios de poblaciones que no aportan y que, indiscutiblemente, eleve la edad de pensión, como sucede en todos los países. Esto quiere decir que los hombres se jubilen mínimo a los 65 años y las mujeres a los 62, con todos los beneficios vinculados a la economía del cuidado.
Políticamente, ningún presidente querrá perder popularidad subiendo la edad pensional, pero racionalmente es lo que se debe hacer si realmente se le quiere quitar presión fiscal a los gobiernos futuros. Si Colombia quiere avanzar hacia ser un país desarrollado, obligatoriamente tiene que elevar la edad de pensión y emprender una cruzada generacional que sensibilice sobre el ahorro pensional. Cada trabajador debe ser responsable de su pensión y de la mesada que quiere recibir; para eso se ha diseñado un pilar donde se pueden mejorar los aportes, un nuevo sistema en donde el monto pensional depende de cada uno y no de los beneficios acordados entre los políticos del Congreso.
Lo fundamental es que se invierta en educación financiera en los colegios y universidades, además de que los medios de comunicación pongan este asunto en su agenda informativa.
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Lo del banco de talentos y restarle poder a la meritocracia pueden afectar la credibilidad del nuevo gobierno, que a propósito poco nada ha hablado del impacto de la inteligencia artificial
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