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EDITORIAL

El problema no es la Amazonía, son las ciudades

sábado, 21 de septiembre de 2019

La principal causa del cambio climático son Las ciudades de todo el mundo y muy pocas son las acciones que sus gobiernos ejecutan para cambiar unos estilos de vida urbanos

Editorial


El próximo lunes 23 de septiembre se llevará a cabo la Cumbre sobre la Acción Climática convocada por el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, en el marco de la Asamblea General de la ONU, evento al cual asisten casi todos los presidentes de los países del mundo y que esta vez estará marcada por las mediáticas protestas contra el cambio climático y la poca atención que los mandatarios le dan a este creciente problema. Lo más preocupante del asunto es que el tema no está en la agenda de los países que más contaminan (Estados Unidos, China e India), ni existe una agenda global enfocada a mitigar las consecuencias de la contaminación.

En medio de ese panorama desalentador, que solo existe en la “conciencia mediática”, mas no en los planes de desarrollo estatales, ha surgido un enfoque novedoso que tiene que ver con la responsabilidad de los mandatarios locales. Es decir, que el cambio climático o el calentamiento global no solo sea asunto de la ONU y sus presidentes, sino de los alcaldes y gobernadores. Y tiene mucho sentido porque los focos de mayor contaminación y los epicentros de consumo irresponsable son las aglomeraciones metropolitanas. La afirmación parte de la hipótesis que dicta ONU-Hábitat: “las ciudades de todo el mundo constituyen la principal causa del cambio climático, pero también pueden formar parte de la solución para lograr la reducción de los nocivos gases de efecto invernadero que provocan el aumento de la temperatura global”.

Ese enfoque pondría el punto de mira más en el consumidor urbano y menos en pequeño agricultor que se ve obligado a extender la frontera agrícola como forma de vida de una producción ancestral. Visto de otra manera, es más responsable del calentamiento global un consumidor de muebles de madera finos en Cali, Medellín o Bogotá, que el talador de árboles nativos tropicales en alguna selva del Pacífico colombiano. Es una manera de revertir las responsabilidades y poder trabajar en soluciones más integrales que vayan más allá de la persecución del más débil y no se empiecen a cambiar las modas de consumo.

Dice la ONU-Habitat que más de la mitad de la población mundial vive en ciudades y probablemente esta cifra aumente a más de dos terceras partes para 2030. Las ciudades consumen una gran parte del suministro energético mundial y son responsables de aproximadamente 70% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero derivadas de la energía, que absorben el calor y provocan el calentamiento de la Tierra. Y Colombia no es la excepción a esta regla que obliga a la máxima preocupación. Es decir, el problema está más en los centros de consumo que en la cuna de los recursos no renovables.

¿Cómo pueden participar los nuevos alcaldes y gobernadores en la reducción del cambio climático? “Cambiando la forma en que planificamos, construimos, gestionamos y suministramos energía a nuestras ciudades y pueblos se pueden obtener enormes beneficios en la reducción de gases nocivos. Las ciudades bien diseñadas, compactas, transitables y con un buen sistema de transporte público reducen en gran parte nuestra huella de carbono per cápita y son esenciales para alcanzar muchos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, de los cuales la acción climática constituye una parte fundamental”. Es una mirada de ONU-Habitat que puede ser un consejo al oído de los alcaldes.

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