miércoles, 17 de julio de 2019

La última década del FMI estuvo bajo la sombra de Christine Lagarde, ahora la banca multilateral deberá entrar en una etapa de enfoque más iberoamericano

EditorialLR

Christine Lagarde representa a un puñado de mujeres que le abrió paso a muchas otras que han ganado protagonismo en las instituciones de mayor impacto en un mundo cada vez más globalizado. La señora Lagarde le puso una impronta especial a su gestión al frente del Fondo Monetario Internacional (FMI) no solo porque tuvo que sortear tres crisis profundas, sino porque siguió de cerca la evolución de los mercados emergentes que se desarrollaron al máximo durante su gestión. Fue fundamental en los aires que tomaron los llamados BRICS y ha sido no solo testigo de la guerra arancelaria, sino también fiel a la balanza cuando de tomar partido se trata. Por todo esto, encontrar un sustituto luego de ocho años de dirigir al FMI (desde 2011) no será nada fácil.

No se puede olvidar que el Fondo es un organismo que lo dirige Europa y que esa misma tradición es la que se debe romper porque es un jugador global determinante para el resto del mundo. En América Latina es crucial el FMI y debe considerarse a un líder de esta región marcada por la desigualdad, tema que venía fomentando Lagarde, además de otros asuntos como el cambio climático y las cuestiones de género.

La continuidad en las buenas prácticas y políticas que venía diseñando el Fondo serán clave para su nuevo director. Uno de los grandes retos en materia económica tiene que ver con la tensión internacional en materia comercial. La guerra de Estados Unidos y China, que empieza a dejar los primeros resultados con la desaceleración del gigante asiático es un aspecto que no podrá dejar pasar el FMI y en el cual, con la misma calma que lo ha hecho en otras ocasiones, deberá referirse a lo que se puede hacer en materia económica.

Para la región, se ha demostrado que el FMI ha sido fundamental en el fondeo de algunos de los países más grandes de Latinoamérica. A partir de septiembre, quien reemplace a Lagarde tendrá que decidir (si no lo deja firmado antes de su partida la Directora), si se extiende el programa de auxilio económico, el mayor que han tenido en la historia de la institución con Argentina, por un valor de US$56.000 millones. Hasta ahora, el FMI le ha dado el visto bueno a cuatro préstamos consecutivos para reactivar la economía argentina.

Pero, no solo Argentina está en el radar del Fondo, también hacen parte de sus prioridades en la región países como Venezuela y Ecuador. Con el segundo, se anunció un programa de rescate de US$4.200 millones, recursos que serán destinados a reforzar “la posición fiscal y mejorar la competitividad”, como se aseguró cuando se hizo el anuncio. En cuanto a Venezuela, las opciones son más diplomáticas que económicas. En este caso, el FMI abrió una puerta para hacer un programa de alivio económico con recursos de Europa, sin embargo, para que fuera realidad debería ser solicitado y aprobado por el gobierno de Nicolás Maduro, situación que no ha sucedido. En materia política, el FMI ha sido una de las instituciones que no ha reconocido a Juan Guaidó como presidente del país.

Por ahora, la baraja de nombres para ocupar este cargo está en movimiento. Mark Carney, gobernador del Banco de Inglaterra, no ha descartado la opción; y Jeroen Dijsselbloem, el exministro de Finanzas holandés, también haría parte de la lista de los candidatos europeos.

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