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EDITORIAL El Día D de la reforma tributaria
martes, 30 de octubre de 2018

En una contrarreloj se va a convertir el trámite de la tributaria, costumbre que debe cambiar en un país que debe planear los impuestos

Editorial

Ojalá el proyecto de ley que llamarán “Ley de Financiamiento” no sea inferior a las expectativas que ha sembrado entre los empresarios, pues la promesa de aliviar la carga impositiva de las empresas no puede quedarse sobre el tintero. El nombre de la iniciativa puede cambiar, pero no sus objetivos generales, que no son nada distintos a ejecutar una nueva reforma tributaria con la que se busca incrementar los tributos para tapar un hueco en el presupuesto de unos $15 billones para los próximos dos años, pues el dinero de 2019 casi está listo; el problema es que las necesidades de inversión de un país en crecimiento no paran de crecer y los compromisos que se han ido adquiriendo con sectores como la educación y el agro también suman nuevo recursos.

Colombia no es el único país que está tramitando nuevos impuestos, también lo han hecho recientemente Chile, México y varios países de Europa, sin contar con la ambiciosa reforma tributaria de Estados Unidos que le rebajó los tributos a las empresas para que regresen a invertir en suelo estadounidense. Pero hay una iniciativa tributaria que se debe revisar antes de lanzarse al agua con un proyecto que tape huecos y deje de lado las soluciones estructurales.
Se trata de los decretos reglamentarios que está elaborando Gran Bretaña para las empresas tecnológicas. El gobierno británico quiere recaudar cada año cerca de US$570 millones de firmas como Facebook, Apple, Google y Amazon, compañías que no solo venden en todos los países sus servicios, sino que crecen a un ritmo superior que sus competidores. La idea es imponer una tasa especial para gravar la facturación en Reino Unido de las principales compañías tecnológicas, “ante la lentitud a nivel internacional para crear un nuevo marco fiscal para esos grupos”, en palabras de las autoridades tributarias inglesas. La idea tiene sentido no solo porque el comercio electrónico está creciendo en todos los países (Colombia no es la excepción) a una velocidad frenética a la que no han podido responder sus pares locales que sí pagan impuestos. Las grandes corporaciones tecnológicas tributan poco o nada y sus ventas son millonarias, dado que concentran sus beneficios en países que mejoran sus condiciones fiscales.

La Ley de Financiamiento que se radica en el Congreso mañana para debatirse hasta antes de los últimos días del año debe incluir este tipo de ajustes a compañías no solo como Facebook, Apple, Google y Amazon, sino a otras como Uber, Netflix, Airbnb y otras más que no solo son disruptivas en los negocios, sino grandes operaciones que están golpeando a empresarios locales o regiones en segmentos difíciles de crecer.

El punto es, ahora que se va a debatir a fondo una nueva tributaria, el tema tecnológico debería estar en la agenda del Ministerio de Hacienda y la Dian; no tiene sentido esperar otros dos años para volver a presentar una nueva tributaria que incluya el impuesto a las tecnológicas, tal como se ha abierto paso en los países de la Ocde. Es improcedente que los impuestos a las grandes empresas del sector se acuerden en el marco de la Unión Europea o el nuevo Nafta, deben ser los países de manera individual quienes analicen sus casos e impacto en la economía. Si se cede, se entregaría la soberanía fiscal que es un factor de competencia.

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