martes, 16 de junio de 2020

El consumo ha jugado durante los últimos años un papel protagónico en el crecimiento de la economía, ahora en la post-pandemia será determinante para un nuevo comienzo

EditorialLR

Lo ideal sería decir que “después de la tormenta viene la calma”, pero la situación a la cual se enfrenta la economía colombiana es más bien, “en el ojo del huracán” o esperando “la tormenta perfecta”. No se puede afirmar que la catástrofe generada por el covid-19 ya pasó y que los días que nos esperan serán radiantes y calmados, aún la famosa curva no se ha aplanado y mucho menos se ha llegado a un punto máximo de muertes y contagios. Lo más ajustado es sensibilizar a los actores económicos con que la estructura de oferta y demanda que los rige está en el ojo del huracán, ese espacio de rara tranquilidad en medio de una espiral de destrucción, en donde la sobrevivencia viene de la mano de moverse al mismo tiempo que el tornado o el huracán; por ningún motivo debe intentar salirse abruptamente porque el desenlace puede ser dramático. Pero todo se alinea, eso sí, como una tormenta perfecta para salir a una nueva realidad, una nueva normalidad muy distinta y recargada para volver a los niveles de antes de la cuarentena. Las cosas están mejorando y el consumo será determinante. En mayo pasado, el Índice de Confianza del Consumidor registró un balance de -34,0%, lo que representa un incremento de 7,3 puntos porcentuales frente al mes anterior. Un dato positivo dado que la subida de la confianza de los consumidores obedeció principalmente a un incremento de 9,6% en el Índice de Condiciones Económicas y en menor medida a un incremento de 5,7% en el Índice de Expectativas del Consumidor. A los ojos de Fedesarrollo, “al comparar los resultados de lo corrido del segundo trimestre de 2020 con los del segundo trimestre de 2019, se observa una disminución en la valoración de los consumidores sobre la situación de sus hogares y una reducción en la disposición de los consumidores a comprar bienes durables (...) En mayo, el ICC aumentó en cuatro de las cinco ciudades encuestadas frente al mes anterior. A su vez, la confianza de los consumidores aumentó en todos los estratos con respecto al mes pasado”. Es clave mirar que la disposición a comprar vivienda y a comprar vehículo aumentaron y esos bienes materiales son verdaderos termómetros de una lenta reactivación en la que el dinero barato juega un papel determinante.

El consumo de los colombianos es lo que más pesa en el crecimiento económico y esa debe ser la apuesta del Gobierno Nacional. Ya el Banco de la República ha dado pasos en ese sentido al bajar a su mínimo histórico las tasas de interés, ahora falta que el sistema financiero logre trasladar o trasmitir ese dinero barato a los cuentahabientes, quienes vienen aplazando decisiones de consumo desde hace casi 100 días. El gasto de los hogares representa las dos terceras partes del PIB y debe empezar a moverse esta semana cuando llega el primer día sin IVA de los tres habilitados para este año. Si el año pasado una buena parte del crecimiento de la economía se fundamentó en el consumo, derivado de un mayor ingreso de los hogares por el aumento de crédito y la demanda de los venezolanos, la economía post-covid puede apalancarse en aumentos de ingreso por ayudas del Gobierno y una reactivación de la informalidad, que seguramente será temporal. Hay que ser optimistas sobre la reactivación en este segundo semestre, el punto es que el autocuidado es clave para evitar daños colaterales del esperado rebrote.

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