MI SELECCIÓN DE NOTICIAS
Noticias personalizadas, de acuerdo a sus temas de interés
Balanza comercial con Ecuador
Es irracional el arancel de 100% que el gobierno ecuatoriano le ha puesto a los productos colombianos que ellos mismos compran, retaliación que perjudica consumidores
Se equivoca el presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, al ponerle más impuestos a las compras de sus nacionales de productos colombianos en retaliación por la poca o nula ayuda que desde la Casa de Nariño se le presta a la seguridad al sur del país.
Para nadie es un secreto -en Colombia y Ecuador- que la frontera de los dos países está capturada por narcotraficantes que han extendido su poderío desde Buenaventura, en el Valle del Cauca, hasta Manta, en Esmeraldas, una suerte de país independiente e informal manejado por bandas criminales binacionales que poco a poco van siendo combatidas desde Quito, mas no desde Bogotá.
Noboa entiende muy bien de negocios: es un administrador y empresario ecuatoriano-estadounidense, que lleva las riendas de su país desde el 23 de noviembre de 2023 y realmente le ha devuelto al pequeño país la esperanza de que un gobierno pueda combatir a la delincuencia transnacional, pero se equivoca cuando castiga al consumidor ecuatoriano negándole el acceso a productos colombianos, más aún, cuando pone en riesgo la venta de electricidad colombiana, fundamental para el norte de Ecuador.
Un arancel de 100% es simplemente una acción irracional política que no le hace mella a Gustavo Petro, un político latinoamericano que emerge en solitario como único contestatario de Donald Trump en esta región del mundo. El líder ecuatoriano no se ha dado cuenta de que Petro es “antifrágil” en términos de Taleb y que el impuesto a las importaciones golpea -además de sus compatriotas consumidores- a los empresarios colombianos, quienes están en la otra orilla del socialismo latinoamericano.
Muchos comerciantes y empresarios del suroccidente de Colombia tienen en los pasos fronterizos de San Miguel y Rumichaca dos fuentes importantes de ingresos, que pagan impuestos y generan empleo, construyendo países y enfrentando a los delincuentes con institucionalidad. Cada que Noboa sube los aranceles de 30% a 50% o a 100%, puede ser 1.000%, desde Casa de Nariño suelta una gran carcajada, pues ese obstáculo al comercio solo golpea a los consumidores y a los empresarios, mientras las ideas políticas socialistas germinan en el conflicto.
Si Noboa analizara un poco más la solución, dinamizaría el comercio, les apostaría a los negocios y crearía una zona ampliada de libre comercio sin aranceles, porque solo el empresarismo y el comercio llevan a estos países subdesarrollados a un nivel superior de ingresos y disminución de precariedades.
El efecto colateral es peor: Ecuador y Colombia son incapaces de parar el creciente contrabando desatado en una frontera de 586 kilómetros, máxime cuando la economía del vecino país está dolarizada. Esta absurda guerra arancelaria entre pobres solo la festejan los belicistas, los narcos, los contrabandistas y todos los tecnócratas que no forjaron un Pacto Andino a prueba de estos retrocesos.
Por caprichos como este conflicto de impuestos es que el sueño de una gran Colombia o de unos Estados Unidos de Colombia se frustraron desde el siglo XVIII: las mezquindades de los políticos centralistas siempre han sido el obstáculo para que esta región del mundo pueda lograr un día una unión económica o comercial. Noboa y Petro están en polos opuestos y eso no tiene solución, pero sus ideas políticas no pueden matar negocios y destruir empresarios, iniciativas que han estado allí mucho antes de ellos como presidentes.
La Rebaja de calificación traerá deterioro fiscal y mayor costo de endeudamiento y se convierte en uno de los principales retos para el próximo presidente con un mal panorama
La Constitución dicta que es la Junta del Banco de la República la entidad responsable de mantener el poder adquisitivo de los colombianos, una tarea que no se hace sola
Las agencias meteorológicas están advirtiendo la inminencia del peor Fenómeno del Niño de la historia para el segundo semestre, evento climático que se da cada década