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El bien más preciado es la democracia
Según el Índice de democracia de The Economist, Colombia tiene una democracia imperfecta que cede terreno frente a los embates de los violentos, una pendiente que se debe trabajar
El 11 de noviembre de 1947, Winston Churchill acuñó una de sus miles de frases célebres: “la democracia es el peor sistema de gobierno, a excepción de todos los demás que se han inventado”. Su objetivo en esa alocución ante la Cámara de los Comunes era traer a valor presente el sentimiento occidental de que, muy a pesar de las dificultades para gobernar, el sistema parlamentario democrático ofrecía garantías de derechos y libertades que ningún régimen autoritario puede igualar.

Mañana, unos 42 millones de colombianos están habilitados para votar -en primera vuelta- por un nuevo presidente para el período 2026-2030. Se estima que a las urnas vayan libremente unos 25 millones de personas; los poco más de 17 millones que no ejercen su derecho o son apáticos a la jornada, están en el exterior, pertenecen a las Fuerzas Militares, padecen alguna enfermedad que los inhabilita, están condenados en las cárceles o simplemente están de viaje o de fiesta. Otros pocos hacen parte de esos datos errados que la Registraduría no ha podido borrar. No existe el voto obligatorio y muchos electores son intimidados o coaccionados por delincuentes que no los dejan ejercer el voto libremente.
Colombia puede ser el país más rico en biodiversidad, en especies de aves, con mayor cantidad de lluvias, todos los pisos térmicos y una condición de país de regiones, pero si no cuida la democracia como su bien más preciado, de nada vale todo su portafolio de riquezas naturales. Y es que, según el Índice de Democracia, publicado por The Economist, Colombia ocupó el puesto 73 a nivel global el año pasado, mientras que en la región está en el octavo lugar entre 19 países. Colombia bajó 13 puestos en el ranking entre 2024 y 2025 y ajusta dos años consecutivos de retrocesos dentro de la clasificación global.
El índice se basa en 60 indicadores agrupados en categorías como pluralismo, libertades civiles y cultura política; también incluye evaluaciones sobre el proceso electoral, el funcionamiento del gobierno y la participación política. El resultado es que Colombia aún no es una democracia plena y está en la categoría de democracias imperfectas. Pero es el país que registra el declive más grande de la región, ya que en 2024 estaba entre las 60 mejores democracias y en 2025 bajó 13 puestos, ubicándose en la posición 73 de 200 países evaluados, con un puntaje de 6,04.
La caída se da por un aumento de la violencia política; el asesinato de Miguel Uribe Turbay pesa mucho en la calificación. También se ha erosionado la separación de poderes debido a los constantes choques del Ejecutivo con instituciones estatales independientes. Es un hecho que la democracia colombiana debe mejorar en aspectos como elecciones libres, la seguridad de los votantes y la reducción de la influencia de países extranjeros en el gobierno, al tiempo que se modernizan los sistemas de vinculación de 100% de los electores: voto electrónico, jornadas más extendidas y quizá varios días electorales, de tal manera que la programación de los votantes esté enfocada en la acción de votar y no en la imposición de las autoridades electorales.
En tiempos de inteligencia artificial, de digitalización y de una diáspora nacional, es un imperativo mejorar los mecanismos para que todos los colombianos en edad de votar ejerzan su derecho sin miedo a represalias. Es cierto que Colombia es una de las dos o tres democracias más antiguas del continente, pero, en negación a esa realidad, es el país más violento, donde aún hay guerrillas y territorios capturados por los violentos.
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