sábado, 1 de diciembre de 2012
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La Bolsa negociaba antes del descalabro de Interbolsa más de $250.000 millones diarios, hoy no llega a $60.000 millones

Un mes después de la crisis de Interbolsa, el mercado secundario no se recupera y todo parece indicar que los buenos tiempos solo llegarán muy a final del año cuando las autoridades hayan conjurado totalmente la crisis y los inversionistas vuelvan a creer que su dinero está en manos seguras. Antes de que sucediera la crisis con las operaciones repos desatadas por la firma comisionista, en la Bolsa de Valores de Colombia se llevaban a cabo movimientos que superaban los $250.000 millones, cifra que se fue al piso desde hace cuatro semanas cuando no alcanza ni los $60.000 millones. Un halo de desconfianza recorre las operaciones y los inversionistas están dominados por la incertidumbre de lo que pueda pasar.
 
La crisis está pasando como debe ser. Las autoridades de vigilancia y control supieron manejarla a pesar de que mucha gente perdió miles de millones. El Ministerio de Hacienda le puso el pecho al problema, se apersonó de la situación y actuó de la mano con las superintendencias que han sido estratégicas en sus roles y funciones. Primero se intervino la comisionista que había actuado mal en el mercado; segundo se liquidó la firma y en una tercera fase más contundente se puso en vigilancia extrema desde la Superintendencia de Sociedades al Grupo Interbolsa, desde donde se maquinaron todos los males que hoy afectan el mercado, al pretender quedarse con la empresa Fabricato a través de sofisticados movimientos bursátiles, accionarios y de capitales. Triangularon intereses desde Bogotá, Curazao y Panamá, todo un arte financiero que los había llevado a ser una de las empresas más respetadas en el entorno colombiano.
 
El problema se está curando y deja grandes enseñanzas para los controladores del mercado, las autoridades responsables y los mismos inversionistas que seducidos por cantos de sirena caen ante las promesas de grandes utilidades. Lo de Interbolsa no es el primer descalabro ni será el último, pero los protagonistas aprenderán a golpe de millonarias pérdidas a alejarse de promesas revestidas de seriedad, dignidad y éxito. A la Bolsa de Valores y su Autorregulador del Mercado les queda la tarea de trabajar más en función de miles de colombianos que le apuestan al mercado secundario, y no solo por los socios de pequeñas firmas de corretaje, que por fortuna empiezan a desaparecer dejándole el negocio a  los grandes bancos con liquidez asegurada.
 
El caso Interbolsa debe cambiar para bien a la misma Bolsa y debe hacerle ver a los inversionistas que el negocio de la renta fija y variable ya no es como antes y que la liquidez es el factor determinante. Con Interbolsa emprenden su partida los corredores pequeños que no supieron reinventarse.
 

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