martes, 10 de noviembre de 2020

El optimismo no se ha hecho esperar tras el buen ambiente político estadounidense, las bolsas han aceptado bien a Biden y Pfizer casi que dice “eureka” en la vacuna contra el covid

EditorialLR

La buena economía se trata de las certezas y eso es lo que parece acompañar el comienzo de esta semana de noviembre luego de que se conocieran los resultados oficiales en las elecciones estadounidenses, que dieron como indiscutible ganador al demócrata, Joe Biden. Además, solo dos días después de conocerse esa noticia, la multinacional farmacéutica, Pfizer anunció que su vacuna contra el coronavirus avanza en un 90% de eficacia probada, lo que quiere decir, que estaría lista de forma masiva antes del verano de 2021. Ambas noticias han pegado bien en el mercado secundario y todas las bolsas de valores han cerrado en negro luego de varias semanas de “calma chicha”, y lo que es peor, de gran incertidumbre inversora sobre quien llevaría las riendas de la Casa Blanca y cuál sería la reacción en los mercados internacionales. Ha llegado la calma y se ve un horizonte halagador, que ojalá se extienda hasta bien entrado el primer trimestre del nuevo año. Por ahora hay que confiar en que se mantengan los buenos números en las bolsas, que las monedas emergentes respiren un poco de su constante devaluación frente al dólar y que todos los países puedan encontrar una nueva ruta de recuperación expedita que evite los jinetes del Apocalipsis que se cernían sobre sus finanzas: desempleo, pobreza, déficit y protestas sociales. No es menor que la claridad política de Estados Unidos sea asimilada con positivismo en los mercados; es el motor de la economía mundial en donde se alojan las corporaciones dominantes en casi todos los sectores de la economía y actúa como país hegemónico en términos de seguridad global. Antes se decía que cuando Estados Unidos estornudaba, América Latina se resfriaba, ese comentario se puede extender a todos los países, pues luego de la guerra arancelaria desatada por el presidente saliente, Donald Trump, los asiáticos han aprendido que aún no tienen el poder que otorga ser la economía más grande.

En poco menos de 60 días Biden ocupará la Casa Blanca y un nuevo estilo le generará improntas al comercio mundial. Hay expectativa sobre cuál será el desenlace de la guerra de aranceles; es crucial saber cuál será la posición frente al impuesto global a las corporaciones tecnológicas; qué pasará con el desarrollo del 5G, pero, sobre todo, cómo serán las relaciones con América Latina y el complejo mundo de la inmigración. Faltan muchas cosas por dilucidarse y el corto plazo no es buen consejero, máxime cuando se va a reemplazar una línea política tan polémica como la trazada por Trump. Por supuesto, Biden y los demócratas no son aparecidos en el gobierno y solo han estado ausentes cuatro años de la política estadounidense, crucial para la estabilidad sociopolítica de la región. Seguramente no habrá mucho cambio sustancial y para el nuevo gobierno estadounidense, China seguirá siendo un problema para el libre comercio, las patentes y el sistema financiero global, al tiempo que Cuba y Venezuela seguirán siendo proscritos en la democracia occidental. En lo que tiene que ver con Colombia no se pueden esperar grandes cambios, todo dependerá de la agenda que rehaga el Gobierno Nacional de cara a la política demócrata, algo distinta a la republicana de los últimos cuatro años. Amanecerá y veremos, pero ya hay una leve mejoría en casi todos los frentes.

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