lunes, 2 de diciembre de 2019

Los cafeteros viven uno de los mejores momentos económicos de su historia reciente, buenos precios, dólar alto y mano de obra muy barata, lo que debe capitalizar el sector

EditorialLR


Los cafeteros colombianos atraviesan por uno de los mejores momentos económicos de los últimos años: excelente precio en el mercado externo, histórica devaluación del peso frente al dólar, una carga local de 125 kilos en más de un millón de pesos y abundante mano de obra barata que oferta su trabajo no calificado en todas las regiones productoras del grano como son Huila, Cauca, Antioquia y el otrora Eje Cafetero. Es una conjunción de buenos factores que no se había visto hace muchos años. Y no solo es para celebrar esta buena situación al final de un año crispado, sino para recomendar que hay que atesorar los resultados de estas vacas gordas para que el más de medio millón de familias que derivan su sustento de este tradicional cultivo rehagan sus ingresos, paguen sus deudas y sobre todo realicen profundas reformas en la estructura cafetera liderada por la Federación Nacional de Cafeteros, los comités departamentales y las cooperativas.

Esta semana que se celebra el gran congreso de los cafeteros en Bogotá es bueno revisar el papel del Estado y sus arcas, al interior de esta crucial actividad exportadora, que les ha ayudado en tiempos de vacas flacas y alejar de tajo el siempre presente tufillo de enfrentamiento que ha marcado la relación gobierno-cafeteros durante los últimos años, pues para nadie es secreto que las llamadas Dignidades Cafeteras han ganado mucho espacio político y con ello el talante beligerante de algunos comités cuando el café está barato.

Durante este próximo congreso debe revisarse en profundidad el hecho de que la Superintendencia de la Economía Solidaria inició un proceso de intervención de la Cooperativa de Caficultores de Andes, una de las más importantes e históricas, que tuvo que apartar a sus directivos para conocer la verdadera situación financiera de la entidad. Las pérdidas supera los $90.000 millones y nadie da cuenta de esta situación, pues esta cooperativa es una entidad autónoma, con órganos de dirección y control independientes, lo que hizo imposible para los representantes de la Federación intervenir en las decisiones comerciales e inclusive para ejercer el derecho de inspección.

Las cosas en mundo cafetero global han cambiado muchos desde hace unas tres décadas cuando murió el Pacto Internacional del Café en 1989, pero en algunas regiones se mantienen unas estructuras reforzadas esperanzadas en los millonarios subsidios que el gobierno brinda cuando los preciso están bajos. Las cooperativas de caficultores son de los años 60 y aún hay 33 activas, muchas con problemas financieros que las hacen insostenibles. Su rol de comprar café para el viejo Fondo que ya no existe las hizo vitales, pero el mundo cambió y los bancos les quitaron terreno a lo que se sumó que los cafeteros ahora prefieren vender su producto a exportadores privados que pagan mejor.

Eso hizo que los “cafeteros banqueros” con oficio en las cooperativas entraran en fuerte disputa regional con los “cafeteros políticos” de los comités departamentales, generando una caldo de cultivo para la desinstitucionalidad inminente sino se solucionan estos problemas. Los recursos de los cafeteros son sagrados porque culturalmente esta actividad es un tapón contra la resurrección de la pobreza y un modelo perfecto para la redención del campo.

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