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ANALISTAS Vida empresarial y teorías del desarrollo humano. Unión posible
miércoles, 26 de marzo de 2014
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En las últimas décadas y debido a las transformaciones sociales, políticas y económicas que han operado en las sociedades contemporáneas, han aparecido las llamadas Teorías del Desarrollo Humano como producto de la conjunción de discursos, conceptos y prácticas provenientes de la economía, la sociología, las ciencias políticas e incluso la psicología.

Luego de la imperancia de los discursos basados en criterios positivistas de leer la realidad y en la medición de todos los fenómenos bajo la perspectiva de la ciencia, las Teorías del Desarrollo Humano permiten realizar un abordaje de la vida cotidiana incorporando las subjetividades individuales y colectivas, y favoreciendo la comprensión de los fenómenos humanos desde lugares que se distancian de manera significativa de la racionalidad científica. Ello ha tenido impactos en todos los campos de actuación humana, incluyendo la empresa.

Las teorías administrativas de Taylor y Fayol, así como las perspectivas conductistas que imperaron durante las primeras décadas del siglo XX, dieron paso de manera progresiva a discursos basados en el desarrollo de las personas, y en la necesaria relación entre productividad y calidad de vida. La Segunda Guerra Mundial mostró que la pretensión de la modernidad en torno a pensar el desarrollo económico y los avances científicos como medios y como fines últimos de la humanidad, habría de relativizarse, y que en su lugar deberían aparecer otros referentes que involucraran a los seres humanos, como actores protagónicos de su desarrollo.

Las empresas, independiente del sector al cual pertenezcan, han sido impactadas por esta transformación en el discurso sobre lo humano, y han tenido que cambiar los modos no sólo de administrar, sino de llevar a cabo sus procesos productivos. Hoy se hace necesario pensar en términos de potencialidades, capacidades, necesidades y derechos, lo cual implica fundamentalmente, modificar el lugar en el cual se ubican las personas en las empresas. Sin dejar de lado los fenómenos materiales de la producción, la búsqueda de rentabilidad y los procesos relacionados con la eficacia y la eficiencia, las Teorías del Desarrollo Humano abren el panorama de las empresas y favorecen la conjunción entre lo subjetivo y lo objetivo, entre la producción y el bienestar, entre lo material y lo inmaterial.

Revisar los textos de autores como Erick Erikson (desarrollo psicosocial) y Jean Piaget (desarrollo cognitivo) en torno a la existencia de potenciales de desarrollo que van más allá de los condicionamientos socioculturales; leer los planteamientos económicos de Amartya Sen en torno a la expansión de las capacidades, a las titularidades y a la libertad de los seres humanos; identificar en la teoría económica de Manfred Max-Neef la apuesta por el desarrollo a escala humana, más allá del desarrollo económico de los países; y encontrar en las políticas públicas, en las legislaciones, en las normatividades y en los procesos de participación, la expresión de los derechos como conquistas humanas, permite entender la profundidad en las transformaciones discursivas y en las prácticas cotidianas, mediadas por la aparición de las Teorías del Desarrollo Humano.

Las empresas, en medio de sus afanes diarios en búsqueda de su supervivencia, tienen hoy una excelente oportunidad: seguir encontrando valor en las personas que componen su cotidianidad y favorecer en ellos sus procesos de desarrollo. He allí una conjunción posible de realizar en las organizaciones contemporáneas y una excelente ruta de futuro para el siglo XXI.