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ANALISTAS Tiempos duros por venir
viernes, 14 de noviembre de 2014
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La caída del precio del barril del petróleo que ha descendido hasta US$78 y todo hace pensar que no se detendrá, va a generar un drama para los ingresos fiscales de la nación. Por cada dólar que valga de menos un barril de petróleo, el estado colombiano dejará de recibir $420.000 millones al año, cifra que multiplicada por los dólares que dejemos de recibir por barril, le causará un déficit gigantesco al recaudo del estado y al monto de los presupuestos nacionales.

Acciones del sector de hidrocarburos que cotizan en la bolsa, como Canacol Energy han descendido su valor en los últimos días; lo mismo sucede con la acción de Ecopetrol cuya caída no se detiene y pierde 2% adicional, el índice de capitalización Colcap igualmente descendió 1%.

Es bueno resaltar que Colombia está muy lejos de ser un país petrolero, sin embargo la mayor  parte de los ingresos fiscales de la nación, que dinamizan nuestra economía provienen de las exportaciones de petróleo, cuyas reservas probadas nos alcanzan solo para seis años, sin que a la fecha se haya aumentado la producción y por el contrario, se ha disminuido la exploración.

Recordemos que 70% de la inversión extranjera directa se dirige al sector de hidrocarburos, cuyas exportaciones representan 70% de lo que vendemos al exterior. Quiere decir esto que en el país, nuestra industria no se ha podido recuperar y el porcentaje de bienes de consumo es muy grande, cuyos precios a raíz de la devaluación se van a encarecer, generando  un aumento en el costo de vida.  La deuda de los hogares colombianos asciende a  $ 132 billones, de los cuales 67,4% están representados en créditos de consumo y 33% en créditos para adquisición de vivienda.

Adicionalmente de recibir menos ingresos por concepto de exportaciones de petróleo, la deuda externa tanto pública como privada se va a disparar, como consecuencia de la devaluación pues, el precio de un dólar se ha encarecido hasta la fecha a $2.140 y las circunstancias hacen prever que la moneda estadounidense seguirá apreciándose.

Quedaran entonces aplazadas la construcción de las tan anunciadas grandes autopistas de última generación, también se verá afectada la construcción de acueductos para llevar el agua potable a esa gran masa de colombianos que carece de ella lo que conlleva a graves problemas de salud y sufrirán un golpe muy fuerte transcendentes programas sociales, tan necesarios como familias en acción, que verán afectados su financiamiento. 

En el país subsisten más de 15 millones de pobres, producto de las desigualdades sociales, de la inequidad que es la mayor en América Latina, y de la corrupción que hace metástasis y que es voraz depredadora del presupuesto nacional.

Cuando el país requiere aumentar su ritmo de crecimiento económico, este se va a desacelerar significativamente por la caída de los ingresos que es una realidad, sin embargo existen programas cuyos presupuestos se deben priorizar: invertir en salud es un derecho fundamental que no puede dejar de recibir el pueblo colombiano; crecer el presupuesto de la educación cuya calidad es mala, es un imperativo para salir de la desigualdad, de la pobreza y de la falta de acceso a las oportunidades; cambiar nuestras costumbres políticas es imperativo para hacer transparente y legitima nuestra democracia y como resultado de esto, la manera de gobernar.

Los retos en Colombia son más grandes de lo que la gente piensa, sobrepasan inclusive el logro de un acuerdo de paz que por sí solo, no acabara con la pobreza e inequidad en que viven más de 15 millones de compatriotas.