ANALISTAS Pésimos negocios
martes, 27 de agosto de 2013
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Siento temor con la violencia que sacude el mundo y hoy en el imaginario de la protesta social llega a Colombia un tema tan sensible como el agrario con bloqueos, paros y hechos violentos.
 
El asunto se agrava cuando se muestra un Estado insensible en políticas de gobierno; he reclamado insistentemente ante el Ministerio de Minas y energía, la CREG y la Súperservicios que resuelvan la injusticia en los servicios públicos, que con resoluciones le meten la mano al bolsillo de los ciudadanos, permitiendo en “otros cobros”, a empresas operadoras captar multimillonarias ganancias ocasionales, producto de las revisiones técnicas y nada hacen para evitar que se siga afectando la canasta familiar y calidad de vida de los más pobres.
 
Ahora se agrega la imposición del cargo fijo en energía y gas que calladitos, andan implementando con la resolución 067 de 2012 y en este propósito, junto a la banca de inversión, hacer más apetitosa la venta de ISAGEN. Una empresa valorada en $14 billones; en el mercado de bolsa cotizada en $8 Billones y la quieren regalar en $4.5 billones.
 
Este sería el peor negocio de privatización en la historia del país de una empresa rentable, que cuando inicie operaciones la hidroeléctrica de Sogamoso tendría utilidades por $400.000 millones año.
 
A final del 2010, aprobamos la Ley Regla Fiscal para qué el país ahorrara en el boom minero evitando “la enfermedad holandesa” y ahora vienen con el cuento de la venta de ISAGEN para conseguir recursos de infraestructura vial, sin tener planes ni proyectos estructurados, además teniendo las concesiones para desarrollar dichos procesos.
 
La venta aumentará el costo de las tarifas de energía para los colombianos, además de producir malestar en medio de un imaginario colectivo con tendencia a la protesta violenta cuyo desafío hoy, no parece inquietar al gobierno nacional.
 
Más aún, cuando en afán proselitista presenta proyecto para refrendar el acuerdo de la Habana, mostrando una ambición de firmar no importa el cómo, ensillando sin traer las bestias, sin saber sí las FARC dejarán las armas.
 
Yo no me quiero sentar al lado de un guerrillero que por asesinar o extorsionar tiene como premio una curul en el congreso, a menos que aquel se gane el favor popular en las urnas y no, a dedo.
 
Otro pésimo negocio; este, con perjuicio para la sociedad colombiana.