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De consensos a disensos

sábado, 7 de septiembre de 2013
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Todos los paradigmas y sistemas políticos giran alrededor de consensos y disensos de los cuales depende en gran medida, el éxito o fracaso de sus postulados y desempeño en la búsqueda de las soluciones que aquejan a naciones y pueblos. Al respecto considero que el factor crítico se relaciona ante todo con la calidad y nivel de conciencia de los consensos y los disensos, de su consistencia y pertinencia.
Independiente de la naturaleza autocrática o democrática de cada régimen, prima el correcto enfoque en el tratamiento de los problemas surgido como respuesta a los consensos y los disensos, promovidos por quienes han sido los líderes responsables de tener a sus países, en situaciones privilegiadas en lo económico, social y cultural. El rótulo es lo de menos, lo de más la calidad en la gestión.
Son muchas las experiencias internacionales sobresalientes en toda vertiente, que conforman una amalgama política variopinta indescriptible. Casos como el de Corea del Sur, Singapur, Suecia, Finlandia, China, Holanda o Israel; son testimonio de lo antes descrito. Estos casos muestran evidencia concluyente sobre signos comunes que sirve al trazar derroteros.
En primer lugar insisto en el nivel de conciencia de consensos y disensos como la base para abordar planes de acción concretos, que moderadamente sirvieron para transformar estructuras económicas y sociales, pero además reafirmaron legados culturales, dignificando cada vez más la condición ciudadana, convirtiéndose así, en países prósperos e influyentes.
En segundo término se fundamentaron en la educación y el cambio tecnológico como medio que permitió mejoras permanentes en las condiciones prevalecientes, en algunos casos dedicándose a educar y formar a grupos significativos de personas en las mejores universidades del mundo, pero también en otros favoreciendo la llegada de extranjeros capacitados que trasmitieran saberes.
El tercer elemento común se dio en la acción activa del Estado, en especial en los mercados, con intervenciones que favorecieron el apropiarse de conocimiento en un número cada vez mayor de fronteras de la producción en los sectores primario, secundario y terciario de la economía, con lo cual ganaron en productividad y competitividad, y no menos importante, en soberanía.
En nuestro caso particular que bien puede ser el de América Latina en su conjunto, estamos ante unos sistemas acomodados en una zona de confort de consensos pro estatus quo, donde hegemónicamente priman los intereses de las élites dominantes que desconocen a opositores y disensos, por carecer de la fuerza y los argumentos fehacientes, que permitan salir del atraso y la marginalidad.
Sin el ingrediente de un disenso transformador lo suficientemente consistente y robusto para reformar estructuras anquilosadas, agravados con consensos agotados y dañinos, estacionados principalmente en los llamados Consenso de Washington y ahora de Venezuela (Alba), de los cuales aún no logramos deslindarnos para tomar medidas alternas efectivas; condenándonos a seguir en la senda de la dependencia y pobreza endémica.
Esto inhabilita los medios para lograr un compromiso real con la educación y el cambio tecnológico, pero además desvirtúa y obnubila cualquier tipo de intervención del Estado que siempre estará cooptada y supeditada a lo que le ciñan poderosos grupos con capacidad de captura, lo cual puede llevar a legitimar el uso de las vías de hecho por parte de disensos débiles y mal dirigidos.
Esto es precisamente lo que ha pasado con los paros y huelgas que han sacudido a nuestro país recientemente y que tristemente están acostumbrando a la población discriminada, a usar la fuerza coactiva para pescar en el río revuelto que provocan las protestas y disturbios en la búsqueda de soluciones, con respuestas inapropiadas a su inconformidad por las necesidades desatendidas.
Ojalá aprendamos a recibir de mejor manera los disensos en todos los órdenes, en particular los que amparados por la ciencia y la apabullante realidad, muestran rumbos que pueden mejorar las nefastas condiciones donde nos encontramos en muchos frentes, sin que prime la violencia, la desesperación y el oportunismo, que al final nos cuestan más.
Corrección: En el artículo “Inversión Greefield y Mercado de Capitales” (18 jun. 2013) mencioné por equivocación el término OPA ahora referido a las Ofertas Públicas de Adquisición, el cual hace algún tiempo era entendido como Oferta Pública Inicial de Acciones ó IPO (sigla en inglés).

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