.
ANALISTAS ¿Bogotá mejor sin Petro?
martes, 25 de marzo de 2014
La República Más
  • Agregue a sus temas de interés

No obstante la destitución efectiva del Alcalde Mayor de Bogotá, el desenlace de esta historia aún está por definirse. Los argumentos y herramientas jurídicas no se le han agotado a la defensa del exmandatario y las implicaciones institucionales y en la política nacional apenas se vislumbran. Mientras tal debate continua resulta pertinente preguntarse si a los bogotanos nos espera un mejor futuro en ausencia de Gustavo Petro.

Un primer análisis lo merece el manejo de basuras y saneamiento básico, quizás el más primario de los servicios que deben ser garantizados por la administración pública de un centro urbano. Nuestra ciudad sigue en deuda de un proceso de planeación de largo plazo en donde, entre otras cosas, se identifique un lugar de disposición que remplace al Relleno Sanitario de Doña Juana, el cual se encuentra peligrosamente cerca de agotar su vida útil. El Gobierno Distrital saliente nos deja lejos de cumplir dicho objetivo dado que le interesó más la discusión acerca del régimen económico del prestador del servicio que la calidad y sostenibilidad del mismo. Esto en conjunto con la falsa e ingenua promesa de que promoviendo el reciclaje es posible eliminar la necesidad de tener un lugar de disposición final de residuos domiciliarios.

Otro tema de igual importancia tiene que ver con la infraestructura vial y las estrategias de mejoramiento de la movilidad. En este caso se padeció de un análisis simplista y de lugares comunes en donde la Administración Distrital se centró en el discurso populista de satanizar las inversiones que redundan en beneficio para los usuarios del vehículo privado. Simultáneamente no se avanzó de forma significativa en la puesta en marcha del Sistema Integrado de Transporte Público (Sitp) o en la expansión de Transmilenio. Hoy estamos más lejos que nunca de contar con condiciones de movilidad que sean consistentes con la importancia económica de la capital del país.

Algo similar se observó en el fundamental tema de la educación pública en donde la identificación ideológica y los temores a enfrentar a la cada vez más poderosa Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación (Fecode), llevaron al Distrito a centrarse en tareas como evitar la renovación de los contratos de los colegios por concesión en lugar de avanzar en sus propias promesas de implementar la jornada única escolar o adelantar la construcción de centros de atención para la primera infancia.

Como último ejemplo que se alcance a describir en este espacio y que tenga que ver con la limitada gestión de la pasada administración de Bogotá, se puede mencionar la atropellada adopción del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) vía decreto de la Alcaldía Mayor, en contravía de lo dispuesto por el Concejo Distrital y a pesar de recomendaciones hechas por gremios de la construcción, entes de control y expertos en la materia. El POT vigente es un mar de errores tan grande como las buenas intenciones que se perseguían, siendo un caso de estudio la pretensión de redistribución de riqueza a través de una norma urbanística cuyo alcance es reglamentar los usos del suelo.

En resumen, sin negar las calidades humanas y habilidades políticas de Gustavo Petro así como la legitimidad de su proyecto de gobierno, los bogotanos estaremos mejor con un alcalde que conozca de gerencia pública urbana y que logre manejar de forma exitosa el balance entre sus propias ideologías y las dimensiones políticas y económicas de las decisiones que le competen.