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OCIO La vida del Nobel, entre la imaginación y la realidad
jueves, 17 de abril de 2014
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Colprensa

En palabras de García Márquez sus abuelos, Tranquilina Iguarán Cotes y Nicolás Ricardo Márquez Mejía, “fueron mi primera y principal influencia literaria, pues me inspiraron esa forma con la que ella trataba a lo extraordinario y con la que él me servía de cordón umbilical con la historia y la realidad”. 

El Nobel salió de Aracataca, municipio al norte de Magdalena, en 1940, para ser inscrito en un internado en Barranquilla. A partir de ahí comenzó a adquirir esa reputación de niño tímido, serio y muy malo para las actividades físicas. Perfil que según amigos cercanos lo acompañó hasta su vejez. 

A los 13 años publicó sus primeros poemas en la revista escolar de un colegio jesuita y culminó sus estudios secundarios en 1947 en Bogotá. 

Gabo entró, a petición de su padre, Gabriel Eligio García , a la escuela de leyes de la Universidad Nacional de Colombia en dónde reforzó ese interés con la idea de escribir historias que no estuvieran enmarcadas por la literatura tradicional. 

Publicó su primer cuento, La tercera resignación, ese mismo año en una edición de El Espectador y continuó la carrera de leyes en la Universidad de Cartagena, en donde trabajó como reportero de El Universal. En 1950 desistió de ser abogado para dedicarse de lleno al periodismo. 

Llegó a Barranquilla nuevamente y se convirtió en columnista y reportero del periódico El Heraldo. En 1954, por petición de Álvaro Mutis regresó a Bogotá y trabajó para El Espectador como reportero y crítico de cine. 

Allí publicó Relato de un náufrago, en 1955, una serie de catorce crónicas sobre el naufragio del destructor A. R. C. Caldas, basándose en entrevistas con Luis Alejandro Velasco, joven marinero que sobrevivió al naufragio. 

Esta publicación generó una controversia pública en el ámbito nacional cuando con su historia desacreditó la versión oficial de los acontecimientos, que habían atribuido la causa del naufragio a una tormenta y no al contrabando como se afirmó en la crónica. 

García Márquez tuvo que ser enviado fuera del país, y se convirtió en corresponsal en París de El Espectador. 

Gabo y dos amores: la escritura y su esposa 
Enamorado de Mercedes Barcha, la hija de un boticario de Sucre, le propuso matrimonio y en 1958 se casó en Barranquilla con la que es la mamá de sus hijos y la mujer que se convirtió en su fiel compañera de vida. 

Del matrimonio García Barcha nacieron dos hombres, Rodrigo y Gonzalo, también inmersos en el mundo de las artes, el primero es cineasta y el segundo diseñador gráfico. 

Desde 1961 hasta 1966 Gabo publicó ‘El coronel no tiene quien le escriba’, ‘La mala hora’ y ‘Los funerales de la Mama Grande’. 

En 1967, con 40 años, Gabriel García Márquez sacó a la luz su libro ‘Cien años de soledad’, obra que se convirtió en furor mundial casi de inmediato. En una semana se vendieron 8 mil copias del libro, se hizo una nueva edición de la novela cada semana y vendió medio millón de copias en tres años. 

Esta obra fue la clave del éxito para el escritor tímido y serio de un pueblito de la costa caribe colombiana. ‘Cien años de soledad’ fue traducida a más de 37 idiomas y ganó más de cuatro premios internacionales. 

Gabo cuenta, entre las mil anécdotas con las que ameniza las reuniones con sus amigos, que tardó 18 meses en escribir la obra que, 30 años después ha vendido 25 millones de ejemplares en todo el mundo. 

El Nobel, que nunca terminó sus estudios superiores, fue condecorado por algunas universidades internacionales, como la Universidad de Columbia de Nueva York, otorgándole un doctorado honoris causa en letras. Y obtuvo reconocimientos a lo largo y ancho del planeta por su particular forma de combinar la realidad con la magia. 

En 1981, regresó a Colombia para encontrarse con más enemigos de lo que había dejado. Julio César Turbay, en ese entonces presidente de la república, lo acusaba de financiar al grupo guerrillero M19. Huyendo de estos líos, Gabo solicita asilo a México, país en el vivió hasta sus últimos días. 

“El reconocimiento es para Latinoamérica” 
Para 1982, García Márquez llenó de alegría a Colombia y al continente al ser el cuarto latinoamericano, después de Gabriela Mistral, Miguel ángel Asturias y Pablo Neruda, en convertirse en Nobel de Literatura. Este reconocimiento reforzó el Boom de la literatura en esta parte del mundo. 

En palabras de Gabo “yo tengo la impresión de que al darme el premio han tenido en cuenta la literatura del subcontinente y me han otorgado como una forma de adjudicación de la totalidad de esta literatura”. 

Según la Academia Sueca este reconocimiento le fue dado, “por sus novelas e historias cortas, en las que lo fantástico y lo real son combinados en un tranquilo mundo de imaginación rica, reflejando la vida y los conflictos de un continente”. 

La vida después del Nobel 
Publicó en 1985 la novela El amor en los tiempos del cólera, basada en las historias de dos parejas. La joven pareja inspirada en el amor de sus padres y la segunda, la de los ancianos, basado en una noticia que leyó en un periódico. 

“Leí sobre la sobre la muerte de dos estadounidenses, de casi ochenta años de edad, que se reunían todos los años en Acapulco. Estaban en un barco y un día fueron asesinados por el barquero con sus remos. A través de su muerte, la historia de su romance en secreto se hizo conocida. Yo estaba fascinado con ella. Estaban cada uno casado con otra persona”, reveló Gabo en alguna entrevista. 

Desde 1986 hasta 1988, la vida del Nobel transcurrió entre México, La Habana y Cartagena de Indias. Ya en 1989, a sus 62 años, publica El general en su laberinto. 

El Nobel, en 1994, junto con su hermano Jaime García Márquez y Jaime Abello Banfi, crea la Fundación Nuevo Periodismo Iberoaméricano (Fnpi) que tiene como objetico ayudar a los periodistas novatos a aprender con grandes maestros del oficio. 

Con 72 años, en 1999, el Nobel tuvo que luchar con un cáncer linfático, sobre el que se refirió en una entrevista en el periódico El Tiempo, “hoy me sorprendo yo mismo de la enorme lotería que ha sido ese tropiezo en mi vida. Por el temor de no tener tiempo para terminar los tres tomos de mis memorias y dos libros de cuentos que tenía a medias, reduje al mínimo las relaciones con mis amigos, desconecté el teléfono, cancelé los viajes y toda clase de compromisos pendientes y futuros”. 

En 2004 publica la novela Memoria de mis *** tristes. En 2007 regresó a Aracataca para un homenaje por sus 80 años y los 40 desde que se publicó Cien años de soledad. En 2010 publica el que fue su último libro, Yo no vengo a decir un discurso. 

El eterno Gabo, aquel que dijo que “no hay en mis novelas una línea que no esté basada en la realidad”, vivió inmerso entre la soledad reflejada en sus obras y la magia de las historias con las que desde muy pequeño tuvo contacto. 

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