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OCIO El rastro de sus cuentos en el tiempo
sábado, 19 de abril de 2014
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El Colombiano

Son cuentos con atmósfera de sueño, de muerte, de repetición de espejos... Los cuentos más metafísicos que escribió.

El primer cuento que publicó García Márquez fue La tercera resignación, en el suplemento Fin de Semana, número 80, de El Espectador, el 13 de septiembre de 1947. El personaje narrador está muerto, pero sigue creciendo. Parece darse cuenta de algunas cosas que pasan.

Sobre el origen de este relato, Jaime García Márquez, hermano de Gabo, cuenta: "nací sietemesino en una época que no había incubadora. El médico llegó a decir que estaba muerto, aunque tuviera algunas actividades vitales. Mi mamá tomó una caja de cartón, tal vez de zapatos, grande para que pudiera seguir creciendo. La llenó de algodón de ceibo y me metió en ella. Así fabricó una incubadora artesanal. Después, para que no muriera moro, o sea, sin bautizar, encargó a Gabito que fuera mi padrino. Para colmo, yo no sabía mamar. Ella debía ordeñarse, verter la leche en un pocillo y dármela con un algodoncito o con un gotero. Esto le inspiró a él La tercera resignación".

Eva está dentro de su gato fue su segundo cuento. Publicado tres semanas después del primero, hasta el título grita: ¡Kafka… Una mujer que padecía la enfermedad de la belleza, como una maldición dolorosa que adivinaba también en antepasadas, al mirar sus rostros en los retratos.

Qué decir de Ojos de perro azul. El repetido encuentro en sueños de un hombre y una mujer, condenados a no hallarse en la realidad.

Aparece Macondo

Sin embargo, hay uno en este libro que parece haberse anticipado al siguiente volumen, es decir, a Los funerales de la mamá grande. Como si se le hubiera colado sin permiso: Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo. Hace parte del segundo momento de los cuetos de Gabito, el macondiano. Es el relato en el que Macondo aparece por vez primera.

Tenía que ser domingo, cuando el tiempo se dilata, que naciera este lugar literario. Después de una sequía de siete meses, cuando la gente alucinaba del calor, llueve y todos sienten alivio, como si la Naturaleza se hubiera reconciliado con ellos. Isabel ve llover y reflexiona sobre todo aquello, pero las horas pasan y la lluvia no cesa y el mundo entero parece sumido en el diluvio universal. El aguacero termina por enloquecer a Isabel, por trastornar su percepción de la realidad. Oye hablar de muertos flotando en el agua, de una vaca inmóvil como sembrada con sus cascos en la tierra. El tiempo detenido, la monotonía. En la frase final del monólogo, parece que la vida es sueño... o muerte: "Ahora no me sorprendería de que me llamaran para asistir a la misa del domingo pasado".

Ese segundo momento sigue en los libros Los funerales de la Mamá Grande y La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada. Luego de la creación de Macondo en el cuento de Isabel, este espacio crece y se fortalece. Una vez creado, quedaba surtir el mundo con elementos míticos y reales, con personajes telúricos. Ya la metafísica, la alucinación, lo etéreo, no se pierde, sino que comparte su sitio central con una realidad desmesurada en un mundo recién nacido.

La siesta del martes, por ejemplo, transcurre bajo un Sol agobiante. La niña acompaña a su madre en un largo viaje en tren, por entre un mar de bananeras, para ir a vender la casa. El calor de horno de las dos de la tarde, el sopor encerrado en el tren que atraviesa la llanura bananera, hacen que los personajes parezcan delirar. En Un día de estos, ese dentista sin título, Aurelio Escobar, que le saca una muela al alcalde, parece corresponder con uno de su infancia, el doctor Barbosa, de quien los paisanos coetáneos del Nobel todavía recuerdan.

Y en el volumen de la cándida Eréndira... Un señor muy viejo con unas alas enormes, El ahogado más hermoso del mundo... Obras que enriquecen el mundo mágico.

Latinos en Europa

Un tercer momento en la evolución de sus cuentos es el de los Doce cuentos peregrinos. Después de varias décadas de vida gitana, en la narración se nota el hombre del Caribe que ha trashumado por Europa y ha presenciado vicisitudes, dramas y alegrías de latinoamericanos en ese continente. Parecen lejanas las escenas de los libros anteriores, del trópico alucinado. Sin embargo, los personajes, claro está, llevan su cultura a todas partes. Dentro del realismo mágico aparece María dos Prazeres, la puta brasileña que compró su funeral y su entierro por anticipado y se cercioró de enseñarle a su perro la ruta del cementerio y de su tumba para que, una vez muerta y enterrada, fuera él y solo él a visitarla; Margarito Duarte, el tolimense que andaba por el mundo con una maleta de pino que contenía los huesos de su niña muerta, que a pesar de los años seguía intacta, con olor a flores y carente de peso, a quien quería que canonizaran. La mujer que se alquila para soñar, y Nena Daconte, la del rastro de sangre en la nieve...

En suma, son tres momentos en el desarrollo de los cuentos de García Márquez: antes, durante y después de Macondo, atravesados por el realismo mágico que el escritor más importante de Colombia aprovechó como ningún otro en el planeta.

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