jueves, 20 de febrero de 2014
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Expansión - Madrid

El colombiano Edgardo Osorio ha conquistado a mujeres de medio mundo evitando que llevar unos zapatos con tacones de vértigo sea una tortura. Sus stilettos mezclan la sensualidad latina con el lujo italiano.

Cuando a Edgardo Osorio (Cartagena de Indias, Colombia, 29 de noviembre de 1985) se le pregunta si se considera el nuevo Blahnik o el nuevo Loubutin responde riendo: "Hombre, yo lo que espero es ser el nuevo yo, no el nuevo alguien más...", y añade: "Les admiro mucho, sus carreras son envidiables y solo que me comparen con ellos ya me hace muy feliz".

El cartagenero, que creó su firma Aquazzura hace poco más de dos años, comparte con ellos la creación de un calzado de lujo, ultra femenino, de manufactura exquisita y tacones de infarto. Lo que le diferencia es que con los de Osorio "puedes caminar todo el día y bailar toda la noche sin terminar con los pies destrozados", se jacta.

Si para Loubutin lo sexy está reñido con lo cómodo y por eso sus zapatos no deben serlo, para Osorio es justo al revés: "Si no estás cómoda, tampoco estás sexy", sentencia. "Cuando yo empecé en la zapatería de lujo comprobé que nunca nadie se había preocupado por hacer stilettos seductores pero confortables. Así es que las mujeres decían: ‘Me encantan estos zapatos que son ideales, pero es que me matan y no puedo ni caminar’. Además, todo lo que había era super complicado, excesivamente recargado y para mí las cosas más especiales son las más sencillas. Yo hago un zapato que está diseñado alrededor del pie, que te alarga la pierna, que te estiliza y que te hace sentir divina. Tampoco me gusta la idea de crear esculturas que se quedan inertes en un estante. Mis diseños toman vida cuando te los pones y forman parte de ti", comenta.

Los edgardos forman parte del armario de las celebrities, las fashionistas e it girls de todo el mundo responsables de procurarle su fama planetaria con el boca a oreja. En dos años y medio, Aquazzura es la firma del momento y cuenta con una envidiable lista de espera.

Edgardo realiza cuatro colecciones al año (una por estación), de 40 modelos cada una; entre colores y otros detalles, unos 150 distintos por temporada. El precio medio oscila entre los 400 y los 600 euros, aunque algunos alcanzan los 1.000 euros y varios los sobrepasan. Los diseños de Aqquazura mezclan dos conceptos: la sensualidad latina y el gusto italiano, "pero un italian flavour actual, algo así como una dolce vita moderna", puntualiza. "Mi zapato es sofisticado y es elegante y es sexy pero nunca es demasiado", aclara.

El zapatero, en realidad, iba para cirujano plástico: "No era una vocación, era el deseo paterno. Yo soy colombiano y mi papá y mi familia, como en España, son muy tradicionales. Con lo cual yo tenía que ser doctor o abogado o ingeniero... Y cuando sugería que lo que a mí me gustaba era la moda, en casa me decían: ‘Eso es un hobbie hijo, tú tienes que estudiar una carrera’. Así que estuve valorando convertirme en cirujano plástico. Y ahora pienso que en cierto modo lo soy: ayudo a las mujeres a lucir más hermosas aunque de una manera menos drástica", vuelve a reírse, y sigue: "Me encanta esa idea de que estoy haciendo algo que embellece a las féminas y les hace sentir mejor".

Precisamente este anhelo fue el que le hizo decantarse por los zapatos y no por la ropa o los bolsos o cualquier otra pieza del universo femenino: "El zapato consigue como ninguna otra prenda o accesorio levantarte el ánimo enseguida. No sé por qué, quizá porque puedes estar flaco o gordo que te queda siempre bien".

En La Toscana

El caso es que el niño siguió en sus trece. Con apenas 5 años abarrotaba cuadernos con dibujos y bocetos. "Unos años después, con 14, estando en el Bachillerato, empecé a colaborar con Francesca Miranda, una de las diseñadoras más famosas de Colombia", relata. Finalizado el colegio y vencida la resistencia familiar, se trasladó a Londres y se matriculó en Central Saint Martins, la escuela de arte y diseño por excelencia, auténtica incubadora de genios. "Mientras estudiaba, conocí a una persona de Ferragamo y como ya llevaba trabajando un tiempo me ficharon y me llevaron a Florencia", recuerda. Tenía 19 años y allí empezó su carrera.

A la vocación temprana de Edgardo y a su talento precoz contribuyó de forma decisiva su paso por la ciudad italiana: "Fue increíble la experiencia de trabajar en La Toscana. Yo vivía en Londres, pero cuando descubrí esto ya no quise volver. Aquí reside el grupo de artesanos zapateros más fabuloso del mundo y el conocimiento que atesoran es incomparable. Siempre digo que mis zapatos no son made in Italy, sino made in Toscana", apunta.

A los 23 años y tras una deslumbrante trayectoria, Edgardo pasó a dirigir la zapatería de Roberto Cavalli, firma en la que permaneció tres años más. Entonces, transcurrida una década trabajando para otros, decidió que había llegado el momento de hacerlo para sí mismo.

Lo primero que hizo fue ponerse a estudiar las hormas. "Contacté con un zapatero que lleva 40 años en el gremio y que es todo un experto en la fisonomía del pie. Él me explicó que, generalmente, cuando te pones un tacón, tu peso cae en la punta de los dedos. Pero él proponía distribuirlo y equilibrarlo, repartiéndolo entre el talón, el arco y la planta y no solo en la punta", subraya.

Aquella información resultó de lo más inspiradora para él. "A partir de esa horma ergonómica, me propuse encontrar la altura máxima que resultara cómoda y resolvimos que eran 10,5 cm. Pero aún quedaba un detalle más: yo no uso plataforma, el 99% de mis zapatos no la llevan, pero para que resulten más cómodos lo que sí incluimos es una pieza que es un poco más voluminosa que una plantilla y que proporciona gran confortabilidad", relata. El peso dividido en tres áreas, un tacón de 10,5 cm y una falsa plataforma. Con aquellas ecuaciones Edgardo había dado con la fórmula del éxito.

Como ir descalzas

El zapato icónico de Aquazzura, cuya primera colección fue la de la primavera-verano de 2012, que se lanzó en Nueva York, es el Sexy Thing. "Es una segunda piel, un guante, te los pones y es como si siguieras descalza; pero nuestro best seller es el Amazon una sandalia que, según dicen, es más cómoda aún que Sexy Thing y que al verla jamás lo creerías", bromea. "Por cierto, yo no me los he puesto todavía y no sé cómo te sientes al llevarlos. Pero me sobran mujeres de confianza a quienes preguntar. Adoro a las mujeres. Siempre he sido ese que tenía 80.000 amigas y he crecido con cinco tías...", apunta.

Para conseguir ese efecto de segunda piel, nada como el ante, su material estrella por la suavidad de su textura y su gran adaptabilidad. Además de proporcionar al calzado una extrema ligereza, puede ser teñido sin perder lustre: "Yo uso mucho el color, me encanta, aunque es cierto que la mitad de mis colecciones las conforman zapatos carne porque es el tono que mejor le sienta a todo el mundo y porque hace las piernas más largas", confiesa.

Su otra debilidad es la piel de serpiente: "No son pitones, son más pequeñas y las pinto yo mismo. Su acabado de escamas es asombroso, adorno suficiente para un zapato que no necesitaría nada más. Aunque en invierno he usado plumas y en verano cristales, me gusta el zapato desnudo que habla por sí solo, no por el atrezzo", puntualiza. A lo que no renuncia es a cintas, lazadas y tiras "porque abrazan el pie y te hacen sentir segura, aparte de que las encuentro muy seductoras. Hay un dicho de Óscar de la Renta que me fascina: ‘Camina como si tuvieras a tres hombres que te están siguiendo’, y yo cuando diseño, siempre digo: ‘Con estos zapatos te pueden seguir ¡hasta cinco!".

Durante algún tiempo, los zapatos de Edgardo solo fueron conocidos por las editoras de moda: "Descubrieron lo fáciles que eran de llevar de la mañana a la noche y se volvió como un secreto entre ellas. Yo me fijaba que en los desfiles de moda ¡todas las de las primeras filas llevaban mis zapatos!", recuerda. Después empezaron a correrse las voces y las celebrities se lanzaron con entusiasmo a adquirirlos y a lucirlos: Natalia Vodianova, Olivia Palermo, Karolina Kurkova, nuestra Nati Abascal...

Anónimas también

De entre todas esas clientas hay dos que le han alegrado especialmente: "Me hizo mucha ilusión estar en la calle y ver una mujer caminando con mis zapatos. ¡Una mujer desconocida! ¡Una anónima que se ha gastado el dinero en unos zapatos míos pudiéndose comprar otros cualquiera! Pero también me emocionó el caso de Marigay McKee, que era la directora de compras de los almacenes londinenses Harrod’s, donde no vendían mis zapatos y que me decía que se había ido a los americanos Sacks para comprarlos. Ella, que tiene todos los zapatos del mundo, se compra los míos ¡y encima se va a una tienda en la que no le hacen ni descuento!", se asombra.

Cuenta Edgardo que en las villas al sur de Italia colocan una piña en la entrada. "A mí me obsesionaban esas piñas y averigüé que simbolizan la buena fortuna y que atraen el dinero. Son un lucky charm y decidí ponerle una a cada zapato en la suela", explica.

Será la piña o su descomunal talento, el caso es que a Osorio le va viento en popa. Precisamente el mar, una de sus pasiones, inspiró el nombre Aquazzura, agua azul, y el tono emblemático de la firma, el mismo que lucen sus cajas en las que se invita a la clienta a adquirir el mismo modelo en todos los colores disponibles. "¡Claro que sí", se ríe: "Si te sientan bien ¿por qué no? Además es que mis zapatos son timeless, no responden a una moda puntual. Dentro de cinco años seguirán en plena vigencia", aventura.

Para Edgardo, la clave de su éxito repentino y total está clara: "No hubiera sido posible ni tan rápido sin Internet. Las redes sociales y demás herramientas virtuales han creado un mercado global alucinante: si un zapato se pone de moda en Nueva York, en cinco minutos lo está también en París, en Milán, en Hong Kong y en todas partes porque todo el mundo está super informado y lo quiere ya", reflexiona.

Estos días anda liado con dos proyectos: su nueva colección y los planes de apertura de su primera tienda. África inspira sus diseños para el próximo verano: "Es una mezcla entre la jungla con sus serpientes de color verde ácido, rojo y amarillo, y del desierto, con sus tonos piedra y beis y mucho blanco". Por primera vez, la mitad de la colección estará dedicada a la sandalia plana, "un diseño elegante y cool que te puedes poner con un vestido de fiesta", describe.

Con respecto a su primera tienda, Edgardo tiene claro que ha de estar en Nueva York. Pero la siguiente se ubicará en Florencia: "Se lo debo por todo lo que me ha dado. Soy colombiano, pero florentino de adopción", concluye.

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