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Desde el 2 de enero en Pasto se vivió el Carnaval de Negros y Blancos en Pasto, un año en que se conmemoraron 100 años del Desfile del Corso de Flores
El Sur de Colombia acaba de vivir una de las fiestas más representativas de la región, el Carnaval de Negros y Blancos de Pasto, una celebración que entrelaza en todas sus expresiones una identidad triétnica: indígena, africana e hispana.
Desde el 2 de enero los asistentes disfrutaron de eventos culturales, juego y fiesta, todo a la espera del gran día, el Día de Blancos, cuando el juego de blancos y el desfile magno tienen lugar, dos componentes que se juntan en el último día de celebración.
Dos eventos que Javier Guerrero, autor del libro "Protagonistas y estampas del carnaval de negros y blancos", definió como “… el “original juego de blancos”, con su matriz de caras enharinadas, nubes de talco, máscaras y confeti. La otra es el monumental desfile de comparsas y carrozas que llena las horas, con impactos de asombro y millonario derroche de serpentinas”.
En este día los asistentes del Carnaval salen a las calles preparados, sabiendo que regresarán a casa pintados de blanco, ya sea por harina, talco o espuma, algunos llevan incluso gafas para proteger sus ojos de un día lleno de juego y tradición.
Al mismo tiempo el desfile magno recorre las calles abarrotadas de personas, demostrando que los límites de la imaginación no existen y reafirmando el talento de los artesanos colombianos, que sobre vehículos de carga transportan ilusión, arte y años de legado.
El juego de blancos tiene su origen en 1912 cuando, según la narración del periodista pastura Héctor Bolaños Astorquiza (q.e.p.d.) citado por Ortega en 1999, en una mañana del día de Reyes, el sastre Ángel María López, en compañía de su amigo Maximino Erazo y dos trabajadores de la sastrería de don Ángel Zarama, se tomaban unos aguardientes en el estanco de las Robby, ubicado en la carrera 25, por esos días, la Calle Real.
"El relato sostiene que una de las señoritas de la cantina pasó al espejo a peinarse y a empolvarse la cara con una motita de algodón. Don Ángel se dio sus modos y tomó “la motita de polvera, la hundió en la suave fragancia de los polvos y, sobre la renegrida cara de su camarada de farra con quien había jugado negritos el día anterior, aplicó el golpecito pícaro, diciendo: ¡Que viva el negrito y que viva el blanquito!", aseguran desde Corpocarnaval.
Los hombres habrían comprado la cajita de polvos perfumados para continuar entre ellos con el juego, caminando hacia la Plaza Grande jugaron por la Calle Real, gritando "¡Blancos! ¡Viva el seis de enero!". Así surgiría el juego de blancos, de un gesto espontáneo y feliz de los sastres en 1912.
"En nuestros días, los participantes del juego de blancos que salen a la calle el 6 de enero son blanqueados con talco, harina y espuma, vivenciando, con alegría y efusividad, la magia de un ritual que motiva a familiares, amigos y moradores a la participación y goce sin exclusión alguna. En este día de la fiesta, la alegría es portadora de calidez humana, con la que se convida a los espectadores a ser partícipes del juego, el desdoblamiento y la catarsis colectiva", dijeron desde Corpocarnaval.
El otro gran evento de este día tiene su origen a finales de 1925, cuando los estudiantes de una Federación compuesta por centros educativos de Pasto, iniciaba la organización del Primer Reinado Estudiantil. La señorita Romelia Martínez Bravo, fue coronada como la primera reina de los estudiantes el 22 de marzo de 1926.
Este acontecimiento generó un festejo que duró una semana y en ese contexto desfilaron las primeras carrozas como "La esfinge”, “La Góndola” y entre otras. Para 1927 se presenció el primer Carnaval del que se tiene registro en la ciudad.
“Se presenciaron desfiles de autos alegóricos, comparsas y juegos” durante el 5, 6 y 7 de enero, según la historiadora Lydia Inés Muñoz Cordero. Como primer carnaval de la época se estableció la “lluvia de flores” para el día 6 de enero y la “batalla de flores” para el 7 de enero. Hasta ese año, el juego de negros y blancos se realizó de manera espontánea y libre.
En ese mismo año se puso de moda el Corso de Flores, por la influencia del festival estudiantil de 1926 y, aunque en los inicios de los años 20 no se hablaba de carnaval como tal, fue al final de esa década, en 1929, que el entusiasmo de un grupo de damas y caballeros los hizo ponerse en función de organizar las fiestas con el “sello de Carnavales".
Desde entonces el desfile del 6 de enero se convirtió en el centro de atención de las fiestas, esto por las enormes y vistosas esculturas en papel encolado que se llenaron de color e innovación. En los 50, el Maestro Alfonso Zambrano (q. e. p. d.), fue el iniciador de las carrozas de figuras con movimiento, junto al Maestro Rogelio Argote, imprimiéndole espectacularidad al desfile y generando la ovación de propios y visitantes.
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