La oferta en esta materia en la ciudad no es nueva, pues tiene 7.000 bares y grandes bartenders.

José González Bell - jgonzalez@larepublica.com.co

Buenos Aires es la “capital suramericana” de muchas cosas, como, por ejemplo, el fútbol, las librerías, los teatros, los museos y el tango. Esto no es por casualidad, más bien se debe a que los porteños son supremamente pasionales y quieren ser los primeros en todo, está en su ADN. Por esto, desde hace cinco años, la capital de la Argentina realiza la “Semana de la Coctelería”, un evento de siete días que quiere fortalecer a la ciudad como el destino principal de Suramérica en cócteles y bares.

Y si bien la oferta en esta materia en la ciudad no es nueva, pues tiene 7.000 bares y grandes bartenders, en los últimos años ha llegado una generación de profesionales de la barra que traen nuevas técnicas y combinaciones; sensuales como el tango, pensados como los cuentos de Borges y atrapantes como un clásico Boca vs River.

Durante esta edición, que fue del 4 al 11 de mayo, participaron 66 bares de toda la ciudad, una cifra récord, que incluyeron desde lugares de lujo a otros populares, desde hoteles a espacios escondidos en los barrios. Además, se realizaron múltiples eventos en barras y espacios de la ciudad, degustaciones de espirituosas, bitters y licores, y recorridos por bares en grupos con guías especializados.

John Santa Cruz, especialista en cocteles, indicó que los cocteles en Buenos Aires se caracterizan por llevar licores amargos (aperitivos), debido a la influencia de Italia. Sin embargo, actualmente la oferta ha variado y se ofrecen opciones con ron y más dulces.

“El que llegue a Buenos Aires va a encontrar principalmente coctelería aperitiva como un negroni, pero también encontrará propuesta de autor interesantes que se abrieron a las tendencias del mundo, a buscar nuevos sabores, expresiones y sensaciones que son muy llamativas para un turista”, indicó el experto.

Precisamente, a partir de este año, la “Semana de la Coctelería” tendrá un tema especial que la caracterice. Este año estuvo dedicado a mostrar a Buenos Aires como una ciudad global; desde sus inicios recibió a inmigrantes de todo el mundo, principalmente europeos, que fundaron las bases de la ciudad. En la actualidad es una urbe cosmopolita que se desarrolla por la interacción de locales y extranjeros, lo que ha hecho que la dinámica gastronómica y culturar sea cada vez mayor.

Dentro de la oferta, en el bar Orilla se puede encontrar un coctel como el Mad Manhattan que es whiskey americano, amaro, antica formula y peychaud. O un clásico Fat Negroni con Gin y Martini blanco macerado en especias más Martini Bitter con panceta ahumada.

Una propuesta más moderna ofrece el bar Presidente ubicado en el barrio Recoleta. Tienen un coctel llamado Buenos Aires Zombie, servido en un vaso con forma del Obelisco con jugo de mango proveniente de la zona norte del país, hesperidina y pineral.

La magia de los cocteles se pueden disfrutar a lo largo y ancho de la capital argentina, de Crespo a San Telmo o Puerto Madero, la ruta por los bares porteños nos puede llevar por toda la ciudad en sus taxis negros y amarillos, siempre con un conductor amable, que te enseña las dinámicas de la capital mundial de la cocteleria.

La oferta gastronómica

La mezcla de razas que llegó a Buenos Aires es un factor determinante en la riqueza de su cocina. Si bien el asado es lo más típico y probarlo es una obligación, la versatilidad en texturas y sabores que hay en la capital porteña es de admirar...y degustar.

La calidad de la carne en Argentina es indiscutible, pero si por alguna razón quedan dudas, restaurantes como Don Julio y Don Carlos, hará que cualquier cuestionamiento desaparezca. Los cortes son de primera calidad, con una maduración que hace que en cada bocado se sienta el trabajo y el respeto que tienen los chefs por su comida tradicional. Ya sea un bife de chorizo ancho o asado de tira, empanada de carne cortada a cuchillo o mollejas de corazón, la comida irá siempre acompañada con una charla amena en lugares mágicos.

Hay que tener presenta que la cocina argentina vive una transformación liderada por una nueva generación de chefs, quienes buscan mezclar lo mejor del producto local con la búsqueda de identidad. Como resultado se han generado espacios como Gran Dabbang y Niño Gordo. Los dos son una mezcla de comida asiática, el primero más con más influencia hindú y el segundo de comida japonesa, que juntan los sabores propios de Latinoamérica para crear platos complejos que crean una experiencia sensorial original.

Una oferta refrescante, tanto en el lugar como en la comida, es Narda Comedor, una propuesta saludable y entretenido, donde se juega mucho con los colores y sabores, dando así platos impecablemente presentados, que reúnen ingredientes y productos olvidados con los sabores argentinos.

La reinvención de la cocina judía y su influencia en Buenos Aires se potencia en Mishiguene, un restaurante sobrio, pero lleno de tradición, que  en cada plato plasma una historia, en lo que su chef, Tomás Kalika determinó como cocina de memoria, recuperando recetas de sus antepasados que saben a hogar.

*Este artículo fue posible gracias al apoyo del Palladio Hotel de Buenos Aires y a la aerolínea Avianca.