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Más allá de las tareas, acuden cada vez más a inteligencia artificial para pedir consejos sobre cómo conversar y socializar, confiando relaciones afectivas al algoritmo
La inteligencia artificial es parte de la cotidianidad de muchos de nosotros. Atraviesa la vida profesional, política, económica y hasta social, pues ahora muchos ‘jóvenes-adultos’ hacen uso de la IA para relacionarse con otros -incluso en persona-, según señalan varios reportes, que ha generado preocupación por los efectos que podría provocar.
La incidencia de la inteligencia artificial, si bien ha tenido impactos positivos al agilizar labores cotidianas, también ha extendido su influencia a escenarios que en otros tiempos no tendrían cabida o simplemente no se habrían considerado.
Hoy en día existe cierta dependencia hacia estas nuevas herramientas de la IA para socializar: se recurre a ellas pidiendo consejos sobre qué responderle a alguien que acabas de conocer por chat o hasta sobre cómo coquetear con una persona con la que se busca crear un vínculo amoroso.

Según datos del Pew Research Center, obtenidos entre septiembre y octubre de 2025 en jóvenes de 13 a 17 años, las aplicaciones más recurridas como ChatGPT, Copilot y Character.ai encuentran su uso principal en la educación y el ocio. Cerca de la mitad de los encuestados, 47%, recurre a estas plataformas simplemente para el ocio o entretenerse, mientras que un porcentaje superior, 54%, las aprovecha como apoyo para completar sus tareas escolares. La búsqueda de datos e información general lidera las preferencias con 57% de adopción, consolidando a estos entornos digitales como asistentes multipropósito en el día a día de la mayoría de los jóvenes.
Aproximadamente cuatro de cada diez afirman usar chatbots para resumir artículos, libros o videos, o para crear o editar imágenes o videos. Asimismo, cerca de uno de cada cinco dice usarlos para informarse.
Pero aquí viene el tema que ha generado preocupación, y es por el uso de estos sistemas para buscar compañía, que ha llamado la atención de padres, defensores y legisladores. La encuesta revela que algunos adolescentes utilizan la IA de forma más personal: 16% afirma haberla usado para conversar informalmente y 12% para obtener apoyo emocional o consejos. Sin embargo, la mayoría declara no acudir a ellos para este tipo de actividades.
Pero que este último porcentaje represente a una minoría no le resta peso a la tendencia. El hecho de delegarle a un algoritmo la mediación de nuestras emociones o la redacción de un mensaje afectivo evidencia una paradoja contemporánea: nunca habíamos estado tan conectados digitalmente y, al mismo tiempo, tan inseguros al momento de construir un diálogo espontáneo y genuino cara a cara.
La IA ha dejado de ser una simple herramienta de productividad para convertirse en un espejo de nuestras fragilidades sociales. Aunque su capacidad para facilitarnos tareas académicas o laborales es indiscutible, depender de una pantalla para aprender a conectar con los demás plantea un desafío fundamental: recordar que la verdadera empatía, la calidez humana y hasta el coqueteo no se pueden programar.
Desde 2019, cuando la pandemia transformó el estilo de vida de millones de familias, la adaptación a lo digital se extendió a todos los rangos etarios, abarcando desde el ámbito del trabajo en casa hasta las formas de relacionarse entre los más jóvenes. En este contexto, diversos estudios han documentado cómo, durante varios años, los adolescentes han reducido progresivamente el tiempo que dedican a socializar en persona para volcarse de lleno a las redes sociales y la comunicación digital, según Pew Research Center.
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