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RESPONSABILIDAD SOCIAL

Bogotá, el centro de exportación del tráfico de fauna silvestre en Colombia

martes, 15 de septiembre de 2026

Solo durante la administración Galán se han recuperado 15.540 animales silvestres en Bogotá, de los cuales 1.527 eran víctimas del tráfico ilegal

Al ser uno de los países más biodiversos del mundo, Colombia se encuentra en el centro de una de las economías ilegales más grandes y lucrativas del planeta: el tráfico ilegal de fauna silvestre. Cada día, de las selvas, bosques, ríos y montañas de la Costa Caribe, los Llanos, la Amazonía y la Costa Pacífica, miles de animales son arrancados de su hábitat natural y transportados en condiciones deplorables por tierra hasta Bogotá, desde donde son despachados a diferentes partes del planeta.

Bogotá es el principal punto de salida para el tráfico de fauna silvestre debido a la conectividad que ofrece el Aeropuerto Internacional El Dorado; por ende, es la Secretaría Distrital de Ambiente la entidad que probablemente más animales víctimas de tráfico rescata en el país. Solo durante la administración Galán se han recuperado 15.540 animales silvestres en Bogotá, de los cuales 1.527 eran víctimas del tráfico ilegal.

De estos, 8.135 han logrado ser reintroducidos a su hábitat natural, 225 tuvieron que ser reubicados en bioparques y un gran porcentaje del restante deben ser sacrificados, ya que llegan en condiciones tan deplorables que su recuperación y posterior liberación es imposible.

En la capital, los animales no solo son recuperados en el aeropuerto, sino también en las diferentes localidades, de las cuales las más críticas son Suba, Kennedy, Engativá y Bosa.

El rescate y la rehabilitación solo son posibles gracias a la labor que se realiza en el Centro de Atención, Valoración y Rehabilitación de Fauna Silvestre, ubicado al lado del aeropuerto, que se encarga de recibir y rehabilitar a toda la fauna silvestre encontrada, incautada o rescatada en Bogotá y sus alrededores.

El centro, que funciona como un hospital público para la fauna, tiene capacidad para albergar hasta 2.000 animales de todas las especies, cuenta con salas de cirugía especializada, equipos de anestesia inhalada, ecógrafos, endoscopios, bisturí eléctrico, electrocardiogramas, centro de neonatos y zonas de hospitalización y cuarentena.

"Normalmente los presupuestos a nivel nacional para esto son muy bajitos, esta administración aseguró 13,900 millones de pesos para operar hasta 2027. Sin embargo, ahí viene el cambio de administración entonces también puede cambiar el presupuesto. Hay que garantizar que esto se mantenga porque los animales igual comen todos los días, necesitan atención todos los días, medicamentos todos los días. Entonces los procesos de éxito sí o sí dependen de los recursos con los que cuentan las administraciones para poder sacar adelante los animales" Afirmó Ángela Romero subdirectora de flora y fauna silvestre de la Secretaría de Ambiente de Bogotá

En el centro se pueden ver directamente los impactos de la irresponsabilidad humana en las especies con las que compartimos el planeta: primates acostumbrados a ser alimentados por turistas que extienden la mano apenas ven a una persona y que nunca aprendieron a buscar comida por sí mismos; loros que cantan canciones populares o que deben ser anestesiados porque llegan con el pico destrozado por las malas condiciones de su transporte; tortugas morrocoy que presentan piramidismo, una enfermedad metabólica que deforma su caparazón y hace que sus placas crezcan en forma de pirámide producto de la mala alimentación, o hasta un tigrillo que era tenido como mascota, al cual el encierro y la mala alimentación dejaron sin movilidad en sus patas traseras.

Ya que la mayoría de los animales están fuertemente domesticados y el objetivo es poder reintroducirlos a la naturaleza, no se les pone nombre ni se les carga; los cuidadores mantienen cualquier tipo de interacción al mínimo y no forman ningún vínculo afectivo, con la esperanza de que algún día puedan olvidar las costumbres que les enseñó el hombre para poder vivir de la forma en que deben en la naturaleza.

Aunque no existen cifras exactas de cuánto dinero mueve esta economía ilegal en Colombia, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) estima que el comercio ilegal de vida silvestre genera hasta US$23.000 millones al año, siendo el cuarto delito transnacional más lucrativo detrás del tráfico de drogas, personas y armas. Las mafias detrás de estos delitos no se dedican solo a uno, sino a varios o a todos a la vez; la compra de un loro traficado contribuye a los bolsillos de las mismas personas encargadas de la trata de personas y el narcotráfico.

Según la DIJÍN, los principales destinos de este delito por continente son Finlandia en Europa, Estados Unidos, México y República Dominicana en América, y Nueva Zelanda en Oceanía.

Y los principales departamentos de origen son Antioquia, la Costa Atlántica y la Amazonía. Cada uno se especializa en un tipo de tráfico diferente de acuerdo a la biodiversidad de su territorio: Antioquia se ve especialmente afectada por el tráfico de aves, mientras que las pieles y el tráfico de mamíferos y huevos de reptiles, como tortugas e iguanas, se da principalmente en los departamentos de la Costa Atlántica. La Amazonía, debido a su enorme biodiversidad, presenta todos los tipos de tráfico de fauna.

Aunque Bogotá está bien equipada para combatir este flagelo, lo cierto es que es la excepción a la regla; en otras regiones del país no se cuenta con los recursos ni la infraestructura para ofrecer la atención adecuada a los animales. El centro de rescate en Cartagena, por ejemplo, todavía opera en un recinto pequeño con un atraso de hasta 15 años por falta de recursos económicos.

"En la ponderación nacional, los temas de seguridad nacional como el narcotráfico tienen un mayor peso; la fauna no es la prioridad, eso sí es una realidad", dice Ángela Romero.

Esto a pesar de que ambos crímenes tienden a hacer parte del mismo ecosistema ilegal. Sin importar cuántos recursos o presupuesto destinen las entidades públicas y privadas a combatir este flagelo, cuántos centros se abran o cuántos operativos se lleven a cabo, la única solución posible al tráfico de fauna silvestre es que se detenga la demanda de fauna silvestre del país.

La ley establece que cualquier persona que trafique, adquiera o comercialice fauna silvestre se enfrenta a penas de 60 hasta 135 meses de prisión y una multa de 300 hasta 40.000 salarios mínimos mensuales legales vigentes. Por su parte, la ciudadanía puede reportar el tráfico y la tenencia de fauna silvestre en Bogotá a través de las líneas 318 712 5560, 318 827 7733 y (601) 377 8854, o al correo fauna@ambientebogota.gov.co.

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