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El creador del chatbot ChatGPT lleva semanas advirtiendo a los líderes mundiales de que tomen en serio el riesgo de la inteligencia artificial
Como bien sabemos, la inteligencia artificial, en su versión más actualizada, se traduce en la habilidad de una máquina de presentar las mismas capacidades que los seres humanos, como el razonamiento, el aprendizaje, la creatividad y la capacidad de planear.
En el momento actual, en el que la tecnología avanza a pasos agigantados, se hace preciso regular todo lo atinente a la inteligencia artificial, sobre todo para garantizar la seguridad de los ciudadanos a nivel individual, y también para la sociedad en conjunto.
Asimismo, es ineludible el desarrollo normativo en esta nueva área, para posibilitar la innovación y fomentar los avances de empresas, investigadores y desarrolladores.
Por lo que respecta a la seguridad individual y como sociedad, se hace necesario recordar una máxima que, por evidente, no deja de ser imprescindible: la inteligencia artificial no puede sustituir a la persona, sino que es el ciudadano el que ha de supervisar y controlar el desarrollo de dicha tecnología.
Desde mi punto de vista, la ética, privacidad y seguridad, son aspectos fundamentales a proteger con la regulación de la inteligencia artificial.
Las imágenes falsas, las noticias, o documentos sobre personas o eventos que nunca se han producido, creados con esta nueva técnica, así como una amenaza real sobre la destrucción masiva de infinidad de empleos, genera inseguridad y desconfianza en la sociedad.
Por otro lado, es evidente que las posibilidades económicas, de avance y desarrollo que la inteligencia artificial trae consigo, es razón suficiente para garantizar la implantación de una normativa que permita a las empresas contar con la necesaria seguridad jurídica en el desarrollo y transformación digital.
En este sentido, no es posible desdeñar, los avances que esta nueva tecnología genera actualmente en el campo militar o en la medicina, o en otros muchos en que puede hacerlo (agricultura, industria, etc).
En España, la Ley 15/2022, de 12 de julio, integral para la igualdad de trato y la no discriminación, contiene la primera regulación del uso de la inteligencia artificial por las Administraciones públicas y las empresas, concretamente en su artículo 23:
Prácticamente en todos los países existen iniciativas legislativas que se están implementando desde hace relativamente poco tiempo, y que a menudo son solo parciales y se encuentran dispersas, de ahí la imperiosa necesidad de una regulación unificada y común, como existe en otros ámbitos.
Por ello, aunque con cierto retraso, la Unión Europea trabaja desde 2020 en la regulación legal de este sector. En 21 de abril de 2021, se presentó una propuesta de la Comisión y el Parlamento para regular la inteligencia artificial: "Propuesta de Reglamento del Parlamento Europeo y del Consejo por el que se establecen normas armonizadas en materia de inteligencia artificial."
Asimismo, se creó una comisión especial sobre inteligencia artificial que aprobó un Informe en mayo de 2022 con la hoja de ruta de la Unión Europea para regular y acotar el alcance de esta tecnología.
Dicha regulación se basa en tres pilares de máxima relevancia: el impulso de la innovación, el respeto a los estándares éticos y la confianza en la tecnología, asegurando la intervención y supervisión humana para garantizar la seguridad y transparencia.
Que la sociedad tecnológica va por delante del derecho, es una máxima que explico constantemente en las Universidades donde imparto docencia. Sin embargo, en este campo de actuación, no nos podemos permitir demasiada distancia entre ambas. Vamos muy tarde.
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