Desde la llegada del covid se ha visto un aumento en las tarifas de algunos productos y problemas en las cadenas de distribución

Paola Andrea Vargas Rubio - pvargas@larepublica.com.co

El avance del nuevo coronavirus en el vecindario está empezando a encender las alarmas sobre el aumento de los precios internos de algunos productos. Esto se evidencia en que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) alertaron sobre el alza en el precio del arroz y el trigo en la región.

En algunos territorios latinoamericanos como Perú, los precios al por mayor del arroz se elevaron más de 10% en abril; mientras que en Colombia, este alimento registró una subida de 8,8% en ese mismo mes; en Brasil, los precios fueron más de 20% superiores a los de un año antes y en Chile, el trigo presentó un aumento de más de 15% a nivel interanual.

El encarecimiento de dichos alimentos se debe a varios factores, entre los que se destacan la lentitud de las ventas de los agricultores, el aumento en la demanda de los minoristas, una mayor demanda interna en cada mercado y algunas reducciones en las producciones del año anterior, detallaron la FAO y la Cepal en un informe reciente.

Estos factores se suman a que “la expansión del virus ha profundizado la vulnerabilidad de millones de pequeños productores y trabajadores agrícolas, intensificando la sensación de incertidumbre de esta numerosa parte de la población. Esta nueva realidad es todavía más intensa en aquellos países con altos niveles de inseguridad alimentaria”, citaron las partes.

LOS CONTRASTES

  • Alan Bojanic Representante de la FAO en Colombia

    “En medio de la coyuntura actual, la digitalización del sistema agrícola es una necesidad urgente, ya que los hábitos de consumo están cambiando. Se debe entregar más apoyo a los productores”.

  • Claudia Martínez Miembro de Folu Colombia

    “La crisis actual que enfrenta el mundo la vemos como un despertar sobre los desafíos de los sistemas alimentarios, que exige, por ejemplo, la generación de circuitos cortos de comercialización”.

Según el Índice Global de Seguridad Alimentaria (Gfsi - por sus siglas en ingles), a nivel de Latinoamérica, Chile se encuentra a la cabeza con la posición 25, seguido por Uruguay (33), Argentina (37), Brasil (39), Costa Rica (39), y Colombia (43). Esta medición tiene en cuenta a 113 territorios en el mundo a los que se les evalúa el acceso que tienen las personas a los alimentos, las dificultades que enfrentan los agricultores a la hora de cosechar y que en las grandes ciudades los habitantes puedan acceder a los productos sin mayores problemas.

A pesar de que los países de la región no se encuentran en los últimos lugares en materia de seguridad alimentaria, la FAO y la Cepal recomendaron llevar a cabo un monitoreo constante y preciso sobre las cadenas de abastecimiento. Además, los organismos señalaron que es crucial que las autoridades construyan hojas de ruta que estén centradas en garantizar la disponibilidad y estabilizar el acceso a los alimentos dándole prioridad a aquellas poblaciones más vulnerables de cada país.

Para lograr el objetivo anterior, los organismos proponen una ruta compuesta por cuatro fases. La primera, consiste en evaluar el impacto en la seguridad alimentaria y nutricional, los medios de vida y el sistema; la segunda, se enfoca en garantizar la disponibilidad y acceso a los alimentos; la tercera, se centra en la recuperación rápida de la cadena de suministro de alimentos críticos; y por último, se deben aumentar las capacidades para responder mejor a amenazas múltiples.

Estas recomendaciones responden a algunas de las necesidades y problemáticas manifestadas por los agricultores y comerciantes en Colombia. Según Alan Bojanic, representante de la FAO en Colombia, algunos de las preocupaciones que han manifestado los productores locales en medio de la crisis actual tienen que ver con la subida de los insumos, la dificultad en el transporte, inconvenientes para encontrar sus compradores antiguos y problemas en la red de distribución en los centros urbanos.

Bojanic enfatizó en que “hay problemas en varias centrales de abastos del país. A esto se le suma que los hoteles, escuelas y supermercados que antes compraban ahora lo están haciendo a través de otros medios y se están cambiando los patrones de consumo. Ha habido un trastorno en el sistema de distribución de los sistemas urbanos, por lo que hay que fortalecer mucho la logística de transporte, por ejemplo, en Bolivia se está optando por los mercados móviles. También hay que darles incentivos a los productores, servicios de extensión y trabajar en una agricultura digital. La digitalización del sistema es una necesidad urgente”.

Teniendo en cuenta esta serie de retos, Claudia Martínez, directora de E3 - Ecología, Economía y Ética y miembro de Folu Colombia, comentó que en el caso del territorio nacional, “no todos las zonas del país están preparadas en materia de seguridad alimentaria para enfrentar la pandemia. Por lo que vemos desde Folu que esta coyuntura ha sido un despertar sobre las falencias y desafíos que tiene el país”.

Para mejorar algunos de los aspectos, Folu Colombia diseñó una hoja de ruta en la que se propone partir de la consolidación de territorios productivos y sostenibles a través de soluciones basadas en la naturaleza y asegurar alimentos nutritivos y saludables en cada mesa, disminuyendo la pérdida y desperdicio de alimentos.

En este camino es necesario lograr que los productores rurales accedan a mejores precios y puedan entregarlos más fácilmente a los mercados nacionales e internacionales. Existe una gran oportunidad económica para establecer mercados eficientes, según Folu Colombia.

Falta de unidad afecta al sistema de seguridad alimentaria del país
De acuerdo con Gonzalo Moreno Gómez, presidente ejecutivo de Fenavi, “en la actualidad hay suficiente producción para atender a la población del país, pero los alcaldes están tomando decisiones independientes, lo cual dificulta la tarea. Esto está generando que la cadena de logística enfrente varios retos, ya que en un municipio piden ciertos elementos y en el siguiente solicitan otras cosas diferentes. Algunos de los territorios donde más se ha sentido esto son Cundinamarca, en el Valle y el Eje Cafetero”.