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Éxodo de producciones recorta alrededor de 30% del empleo en Hollywood
Según el sindicato International Alliance of Theatrical Stage Employees, en 2025 trabajaron 36% menos horas que en 2022
En Hollywood, el ruido de las cámaras se está apagando. Los sets que alguna vez vibraron con actividad hoy permanecen en silencio, y detrás de esa quietud hay una historia que mezcla decisiones corporativas y una transformación en la forma en que el mundo consume entretenimiento. Lo que durante décadas fue una maquinaria imparable hoy enfrenta una de sus crisis más serias.
La escena que mejor resume este momento no ocurrió en un estudio ni en una alfombra roja, sino en una consulta médica. La congresista demócrata Sydney Kamlager-Dove terminaba una sesión de acupuntura cuando la especialista le hizo una pregunta: “¿Puede hacer algo para ayudar a que regresen los trabajos del entretenimiento?”. No era una inquietud aislada, sino el reflejo de una angustia que se extiende por toda la industria.

Según cifras citadas por The Wall Street Journal, el empleo en el sector audiovisual en EE.UU. se ha desplomado 30% desde su pico a finales de 2022. Actores, diseñadores de vestuario, técnicos de iluminación y decenas de oficios que sostienen la producción cinematográfica y televisiva están viendo desaparecer sus oportunidades laborales.
La fuga de producciones es uno de los motores de esta crisis. Estudios que durante décadas rodaron en California ahora miran hacia el extranjero. Países como Reino Unido, Canadá y Australia ofrecen incentivos fiscales que pueden devolver hasta cerca de 50% de la inversión realizada localmente. En ese contexto, resulta difícil competir. Incluso destinos como Hungría han ganado protagonismo, atrayendo producciones con costos laborales más bajos y estructuras más económicas.
En 2021, Estados Unidos lideraba el número de nuevas producciones de alto presupuesto. Para 2025, la balanza se inclinó: más proyectos comenzaron fuera del país que dentro de él.
Los gobiernos locales han intentado reaccionar. California, por ejemplo, más que duplicó sus incentivos fiscales el último año. Sin embargo, expertos coinciden en que aún no logra competir con estados como Nueva York, Nueva Jersey o Georgia, que han construido esquemas más agresivos para atraer rodajes. A nivel federal, la industria presiona por un incentivo cercano a 15%. La apuesta es que, combinado con beneficios estatales de entre 20% y 40%, podría revertir la tendencia y traer de vuelta producciones clave.
Pero incluso si eso ocurre, no resolvería el problema de fondo. La crisis no es solo geográfica; es estructural. Hollywood no solo está rodando en otros lugares: está rodando menos.
Para entender por qué, hay que retroceder a los primeros años de la década de 2020, cuando la industria vivió el auge del llamado “peak TV”. En ese momento, plataformas como Netflix, Amazon Prime Video, Disney+ y HBO Max competían por sumar suscriptores, invirtiendo miles de millones de dólares en contenido original. La lógica era crecer a cualquier costo.
Esa estrategia, sin embargo, cambió. Tras las huelgas de actores y guionistas en 2023, el mensaje de los mercados fue claro: ya no bastaba con crecer, había que ser rentable. Wall Street exigió disciplina financiera, y las plataformas respondieron recortando gastos. La manera más rápida de hacerlo fue reducir la producción.
Las consecuencias han sido duras para quienes no aparecen en pantalla. Los trabajadores detrás de cámaras, la columna vertebral de la industria, han visto caer sus horas. Según el sindicato International Alliance of Theatrical Stage Employees, en 2025 trabajaron 36% menos horas que en 2022. Esto no solo implica menos ingresos, sino la pérdida de beneficios como el seguro de salud, que depende de cumplir con un mínimo de horas trabajadas.
Hollywood ya no es el único proveedor de historias. Plataformas como YouTube, TikTok e Instagram han democratizado la creación de contenido, permitiendo que creadores independientes. A esto se suma otro factor que presiona las finanzas de las grandes compañías: el costo de los derechos deportivos. Ligas como la NFL y la NBA se han convertido en activos clave para atraer audiencias y suscriptores, pero a precios cada vez más elevados. Cada dólar destinado a estos contratos es un dólar menos disponible para producir cine y televisión.
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