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El conflicto en Oriente Medio recortaría crecimiento global de 3,3% previsto por el FMI
En su discurso previo a las reuniones de primavera, Kristalina Georgieva, directora del FMI, advirtió del impacto de la guerra en las previsiones que tenía el fondo para este año
En enero de este año, el Fondo Monetario Internacional habría pronosticado un crecimiento de 3,3% del Producto Interno Bruto mundial para 2026 e incluso habría considerado una revisión al alza en los primeros meses del año. Sin embargo, debido al conflicto que se desató el 28 de febrero entre Estados Unidos, Israel e Irán, el crecimiento económico global será más lento y sufriría una rebaja incluso en el escenario más optimista de una paz duradera, según señaló Kristalina Georgieva, directora del Fondo, en su discurso previo a las reuniones de primavera.
La guerra en Oriente Medio ha dejado un shock de oferta “grande, global y asimétrico”, debido a que desde el inicio del conflicto Irán ha bloqueado el paso por una de las vías marítimas más importantes del Golfo Pérsico. Georgieva afirmó que los cortes de suministro han reducido el flujo diario mundial de petróleo hasta en 13% y el de gas natural licuado (GNL) hasta en 20%. Asimismo, los precios del crudo han pasado de los US$72 por barril a picos de casi US$120 durante las hostilidades que se extendieron por seis semanas entre Estados Unidos, Israel e Irán.
Uno de los hechos que más preocupa al Fondo son los daños estructurales en infraestructura energética, consecuencia de los ataques de Irán a aliados estadounidenses en marzo. El complejo de Ras Laffan, en Catar, que produce alrededor de 93% del GNL del Golfo, ha recibido impactos directos en su infraestructura. Estos daños podrían tardar entre tres y cinco años en ser reparados para recuperar su capacidad total de producción, según advierte Georgieva.

La magnitud de este shock ha obligado a millones de personas en el mundo a pagar tarifas energéticas más altas; sin embargo, su impacto ha sido asimétrico. En el discurso, la directora del FMI señala que el golpe para cada economía depende estrictamente de su proximidad al conflicto, de si es importadora o exportadora de energía y del margen de maniobra que tenga el gobierno para responder ante una crisis energética de magnitudes históricas como la actual.
Los impactos de la guerra no solo se han quedado en los mercados petroleros y gasíferos, sino que también se han trasladado a los bolsillos de las personas, las empresas y a la seguridad alimentaria de los más vulnerables.
Según detalló Kristalina Georgieva, uno de los primeros eslabones en sufrir el impacto es la cadena de refinamiento. Las refinerías de petróleo han encendido las alarmas debido a una escasez mundial de productos como el diésel y el combustible para aviones. Así, los sectores de transporte, turismo y comercio se han visto perturbados como consecuencia de la guerra. A esto se suma una paralización en el suministro de materias primas vitales como el azufre, la nafta y el helio, insumos cruciales para las industrias fabricantes de plásticos y microchips.
Ahora bien, ¿cómo termina esto impactando el bolsillo de las personas? Los altos precios de los insumos clave se han filtrado a los bienes de consumo, han elevado la inflación y han reducido la demanda de forma involuntaria. Tanto en Estados Unidos como en la Eurozona, las expectativas del FMI muestran que los consumidores anticipan precios más altos y una profunda incertidumbre en el mediano plazo sobre la situación económica de sus países.
Sin embargo, el Fondo teme que se pierda la confianza en que el alza de precios sea temporal, por lo que recomienda a los bancos centrales “esperar y observar” cómo se termina de acomodar el panorama.
El FMI estima que la demanda de ayuda financiera podría aumentar entre US$20.000 y US$50.000 millones debido al impacto de la guerra en Oriente Medio, en un contexto de fuerte presión sobre la seguridad alimentaria global. El conflicto ya estaría agravando las crisis de suministro y encareciendo los alimentos. Además, el organismo advierte que otros 45 millones de personas podrían caer en inseguridad alimentaria, elevando el total mundial por encima de 360 millones, en medio de interrupciones prolongadas en cadenas de suministro y energía.
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