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Alberto Carrasquilla, exministro de Hacienda, dijo que el Banco de la República tiene una institucionalidad fuerte, respaldo ciudadano y resultados de décadas
En medio de un entorno fiscal cada vez más exigente y a las puertas de un nuevo cambio de gobierno, el debate sobre la sostenibilidad de las finanzas públicas vuelve a ocupar el centro de la discusión económica. Para Alberto Carrasquilla, exministro de Hacienda, el panorama no es alentador: advierte que el país se encamina hacia una de las coyunturas fiscales más complejas de su historia reciente, marcada por el alto nivel de endeudamiento, presiones de gasto y la ausencia de reformas estructurales. Carrasquilla analizó los principales riesgos, las tareas urgentes para el próximo gobierno y los desafíos que enfrentará el nuevo ministro de Hacienda en un contexto de bajo crecimiento y altas tasas.
Se las va a entregar en pésimo estado. Yo diría que es una de las peores coyunturas fiscales de la historia reciente del país, por la acumulación de deuda -tanto en el balance como por fuera de él- y por la ausencia de compromisos tributarios. No hay iniciativas de fondo ni reformas estructurales en marcha, lo que implica un crecimiento muy bajo y tasas de interés altas.
Sí, eso es lo que creo sinceramente, por el tamaño de la deuda, el déficit primario, las tasas de interés y el bajo crecimiento de mediano plazo.
El déficit, sin duda, y la deuda. Pero, sobre todo, la relación entre la tasa de crecimiento de mediano plazo y la tasa de interés, que refleja las incertidumbres fiscales. Ahí está la esencia del problema fiscal de Colombia.
El Estado creció mucho desde los años 90. No es exageradamente grande frente al PIB, pero sí creció muy rápido para el nivel de desarrollo que tiene el país. Tenemos un Estado grande para ese nivel.
Hay varios ejemplos: las vigencias futuras, que equivalen a cerca de 10 puntos del PIB y algunas ya vencidas sin pago; compromisos por sentencias y víctimas del conflicto, que se estiman en unos $100 billones; el sistema de salud, con cerca de $32 billones o más; y necesidades de financiamiento de la fuerza pública. Todo eso debe identificarse y será tarea del próximo gobierno.
No. Son situaciones pasajeras. Estas instituciones tienen memoria larga y la relación con Colombia ha sido históricamente buena. No cambiará por un ministro.
No lo creo. El Banco tiene una institucionalidad fuerte, respaldo ciudadano y resultados de décadas. Es difícil que se afecte estructuralmente por episodios coyunturales.

Que el 8 de agosto deben tener claro un plan diferenciado del actual gobierno, con una alternativa al presupuesto y reformas estructurales listas. Entre ellas, ajustes al Sistema General de Participaciones, una reforma pensional sólida y claridad en materia tributaria.
No tengo una explicación clara. Lo que sí es evidente es que quienes han apostado a favor del peso han ganado, pero eso puede cambiar. En algún momento alguien cuestionará esa apuesta frente a fundamentos fiscales débiles.
Sí, mucho. Es triste ver la desvalorización. En algún momento, el valor de la empresa equivalía a toda la deuda pública. Hoy no, y eso limita opciones como la venta de acciones para aliviar las finanzas.
Tendrá que ser alguien con mucha fortaleza, imaginación y preparación. Vienen momentos difíciles y será clave rodearse de un equipo económico sólido y bien articulado.
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