viernes, 2 de agosto de 2013
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María Mercedes Cuéllar

El microcrédito, definido desde la Ley 590 de 2000 y sus decretos reglamentarios, es un esquema diseñado para financiar “micro” empresas, que impulsa y promueve la inclusión financiera y tiene consecuencias positivas en el desarrollo del país y en el empleo. Según el Dane, el sector microempresarial se ha convertido en un factor determinante en la composición de la economía colombiana: “el 93,4% de las industrias, el 99,1% de los comercios y el 93,6% de los servicios tienen menos de 10 personas ocupadas”. Está dirigido a unidades productivas ya constituidas y no para propósitos de emprendimiento o conformación de un capital semilla.

En tal sentido, aunque el emprendimiento sea altamente deseable, su naturaleza de alto riesgo hace que los establecimientos de crédito estén llamados a financiar una etapa más avanzada de ese proceso, de cara al fortalecimiento y expansión de las empresas y no en su etapa inicial.

La evolución del microcrédito ha sido altamente positiva. En efecto, el número de personas adultas con microcrédito se ha triplicado desde 2006 llegando a 1,7 millones de personas en 2012. Los desembolsos en lo corrido del año ya suman más de $1,8 billones de pesos y el saldo de cartera del microcrédito registró un máximo histórico de $7,6 billones a junio de 2013.

Así, se confirma que el microcrédito es motor de la inclusión financiera puesto que entre 2006 y 2012 para 1,5 millones de personas fue su primer producto en el activo. Es decir, fue la puerta de entrada de muchos colombianos al sistema financiero.

No obstante, a pesar de los notables avances de esta modalidad de crédito, los indicadores de calidad de la cartera por mora se han deteriorado gradualmente desde 2011. En efecto, a junio de 2013 la tasa de mora llegó a 5,88%, convirtiéndose en la cartera con el indicador más elevado.

Los datos agregados de la cartera de microcrédito confirman, a grandes rasgos, una relación inversa entre la calidad de esta modalidad y el ciclo de la economía. Por tanto, es probable que durante 2013 la calidad del microcrédito desmejore más, debido al lento crecimiento económico, que hace que la cartera en mora aumente más rápido que la bruta.

Es de capital importancia, en consecuencia, fortalecer los mecanismos de originación del crédito, así como mantener una adecuada cobertura de la cartera en mora para mitigar el riesgo de crédito.

Por los beneficios cuantificables que en materia de inclusión financiera y democratización del crédito que tiene el microcrédito, resulta fundamental que las iniciativas legislativas que buscan profundizar este acceso tomen en cuenta las condiciones reales y actuales de esta modalidad de financiamiento.

No pareciera razonable introducir una cuota de colocación de crédito obligatoria para las entidades financieras, en momentos en los que existe una amplia oferta de mercado y adicionalmente hay un crecimiento acelerado de la cartera vencida. Una medida como esa implicaría mayor presión al mercado ocasionando un efecto contrario al esperado.

De otro lado, la Superfinanciera tiene al microcrédito en el centro del debate. Por una parte, descarta la creación de una nueva licencia con menores requerimientos de capital para atender las actividades microfinancieras, y por otra comienza a plantear cambios en el corto plazo sobre todo en el modelo de gestión de esta cartera, donde el organismo de control ve claras ventajas en agregar a la definición el criterio de utilizar metodologías especializadas para atender a esta población.

El hecho de que estos individuos accedieran a otro tipo de créditos indica que el microcrédito es una puerta de acceso muy importante para aquellos carentes de información financiera. Sin embargo, hay que tener especial cuidado porque los nuevos créditos se pueden estar utilizando para cubrir las obligaciones existentes.