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Jonathan Malagón, presidente de Asobancaria, aseguró que el Pacto por el Crédito fue una muy buena iniciativa para ayudar a los principales sectores
El presidente de Asobancaria, Jonathan Malagón, habló sobre los retos que tiene el sector financiero, pero también del crecimiento que tuvo en 2025, luego de años difíciles por un contexto de altas tasas y una contención en el crédito que comprometió las utilidades de los bancos.
Es la mezcla de varios elementos. Uno, que siempre en estos trasegares profesionales es importante, es la formación, poder estudiar lo que uno quiere, lo que a uno le gusta. En mi caso, yo soy economista, pero soy particularmente macroeconomista. Entonces me he especializado fundamentalmente en temas macroeconómicos.
Segundo, haber tenido el chance de trabajar con personas que vieron en mí cosas que incluso yo no había visto. Entonces he tenido muy buenos jefes, muchos: María Mercedes Cuéllar, Santiago Castro, Alfonso Gómez, Julián Medina, Fabio Villegas, Sergio Clavijo, José Antonio Campo, Iván Duque.
Es uno de los tres colombianos que ha logrado tener una cátedra en la Universidad de Columbia en Nueva York. ¿De qué se trata la cátedra que imparte?
Ya la terminé. Es el curso de macroeconomía en la maestría de política económica. La maestría en administración pública y política económica, el primer curso de macroeconomía. Y fue, yo creo que tal vez el honor más grande que he tenido en mi carrera académica o uno de los honores más grandes de mi carrera académica poder dictar en una gran universidad a nivel global como es la Universidad de Columbia.

Pero además, con lo que significaba para mí llegar exactamente al programa del que me gradué hace 15 años. Entonces allí llegué cargado de ilusiones cuando tenía 25, cargadísimo de ilusiones, con muchos sueños. Quería ser ministro, entre otras cosas, trabajar en el sector bancario, tenía una cantidad de sueños que se fueron cumpliendo sobre la marcha, y llegar a impartir una cátedra de macroeconomía a los estudiantes que en este momento están soñando con algo similar fue francamente muy conmovedor.
Creo que va muy bien. Nosotros pactamos que a un grupo de sectores (cinco sectores: el sector de vivienda, el sector de manufactura, el sector turismo, el sector agrícola, íbamos a incrementar en más de un 20% los depósitos). Una meta súper ambiciosa. Usted sabe, que una economía como la colombiana es raro algo que crezca más de 10%. Un crecimiento de dos dígitos es una gran expansión. Entonces queríamos que los créditos crecieran más de 20% los depósitos en esos sectores.
Han transcurrido 11 meses de los 18 meses. Y en estos sectores, en un período equivalente en la línea base en 11 meses, se entregaban menos de $100 billones en crédito. Nosotros hemos depositado $150 billones. Hemos crecido casi en 50% los desembolsos a los sectores pactados. Es más, el pacto por el crédito tiene una meta central.

El sector de vivienda, el sector agrícola, el sector manufacturero, el sector turismo y un sector de economía popular.
Teníamos una meta de $55 billones adicionales. En 11 meses de los 18, hemos llegado a 51 de los 55. Es decir, se va a cumplir la meta del pacto por el crédito y va francamente muy bien. Pero más allá de los números, de los reportes de la Superintendencia, de que todos los meses están actualizándolo y cumplirlo, es qué significa esto para la economía colombiana.
Esto es una revolución. Es de esos grandes cambios. De esos grandes cambios que marcan un antes y un después. En Colombia, uno de los principales problemas que tenemos, no para la inclusión financiera solamente, sino también para la legalidad, es el sobreuso del efectivo. Eso está muy diagnosticado. Colombia es uno de los países que más usa efectivo en el mundo. Y el efectivo está usualmente atado a las actividades delincuenciales. Nadie paga un soborno a través de Nequi, Daviplata, de Dale. La gente no paga con tarjeta de crédito una extorsión, casi todas las actividades criminales de este país están acompañadas del uso del efectivo.
Disminuir el uso del efectivo trae un montón de cosas buenas para la economía, para la fiscalización, para el sector financiero.
El Banco de la República da un paso grandísimo creando un sistema de pagos de bajo valor. ¿Qué quiere decir esto en la práctica para los ciudadanos? Que ahora van a poder enviar plata y la plata se va a demorar uno o 1,5 segundos en llegar a otra entidad financiera, que ocurra de manera gratuita y que ocurra a través de algo que hemos llamado “las llaves”.

En los 90 si uno quería comunicarse por escrito con alguien, debía mandarle una carta y remitirle una dirección y demás. Con la llegada del email, eso cambió. Empezaron a enviarse y a recibirse correos electrónicos, pero para entrar en ese sistema, en ese mundo, era necesario crear una dirección. Una dirección en la que yo pueda recibir y desde la que pueda enviar.
Pues bien, la llave es exactamente lo mismo. Estamos haciendo el tránsito del dinero físico al dinero digital. Y en ese tránsito, la llave es la que me permite recibir dinero, es como mi dirección de correo electrónico. Si quiero recibir dinero de manera digital y rápido, así como se reciben hoy correos electrónicos (y todo el mundo se comunica por correo electrónico de manera inmediata), el camino es abrir una llave.
Se ha aumentado de manera dramática, doctor Quijano. En este país, nosotros estamos recibiendo cada segundo 43 ciberataques en el sistema financiero colombiano. Uno dirá "se está equivocando, eso no es por segundo, es por minuto". No, esto es por segundo. En una hora nosotros recibimos 155.000 ciberataques de manera ininterrumpida todo el año.
De todo el mundo. Muchos vienen de Europa, de Europa del Este, pero vienen de cualquier parte del mundo. Un montón de ciberataques. Conforme hemos hecho esta migración de lo físico a lo digital (hoy 85% de las transacciones se hacen de manera digital), el fraude digital también ha aumentado. En los últimos cinco años, el fraude digital ha crecido en más de 50%, que eso es un montón.
Y aquí tenemos varios desafíos. Por un lado, está el desafío de educación financiera; en eso no podemos darnos por vencidos. Los bancos en Colombia tenemos muy claro que hay que acompañar al cliente a prevenir ese tipo de fraude.
Pero también hay unas tipologías muy claras. Por ejemplo, los mensajes de texto. Es aturdidor.
La verdad es que los últimos años han sido muy difíciles para los bancos. En este país es muy raro, que haya años tan difíciles como 2023 y o 2024. Como usted lo mencionaba en el segmento anterior, más de 10 bancos perdían dinero. De los 30 bancos, más de 10 bancos. Eso era muy inquietante.
Hoy esa cifra se ha reducido a cuatro o cinco entidades financieras, digamos que estamos en un proceso de recuperación. Cuando a mí me preguntan cómo van los bancos, uno evalúa a los bancos en tres dimensiones:
Primero, cómo vamos en términos de cartera: la cartera está creciendo. Dejó de caer y volvió a crecer. Y eso es bueno. Y además está creciendo no en consumo, que la cartera, por ejemplo, empresarial crece muchísimo, mucho más que la cartera de consumo, lo cual también es bueno.
Y, por otra parte, la calidad de la cartera ha mejorado. Es decir, los colombianos están pagando mucho más sus obligaciones financieras. Eso es buenísimo. La cartera vencida en Colombia, que llegó a estar casi en 6%, hoy se normaliza a niveles de 4%, que es lo que tradicionalmente tenemos, por debajo de 4%.

Mejoró el resultado. Eso es importante. La cartera. Lo segundo, la estabilidad: Colombia tiene un sistema financiero tremendamente sólido. Mensaje para todos los oyentes: no les quepa la menor duda que su dinero está resguardado en los bancos colombianos. Cuando uno ve cómo estamos en solvencia, cómo estamos en liquidez, cómo estamos en términos de CFE (en todos los indicadores que se miran internacionalmente), este sistema financiero colombiano no solamente cumple, sino que sobrecumple.
Y en inclusión han pasado cosas interesantes. En Colombia hemos casi que universalizado el acceso a la banca en términos de productos transaccionales; estamos en 96,5%. Uno dice: "claro, nos falta 3,5%, estamos lejos de la universalización". Hoy son más los colombianos que tienen un producto bancario que los que saben leer y escribir.
Lo que más ayudó a esa bancarización son fenómenos como Nequi, como Daviplata particularmente, o Dale también.
Sin duda alguna. Eso aceleró el proceso. También los mecanismos de transferencia, durante la pandemia las transferencias que llegaron a muchos más colombianos requirieron este tipo de soluciones desde el punto de vista tecnológico y permitió incluir a más y más gente.
Pero cuando uno mira cuánto es la inclusión financiera de Colombia, hoy es parecida, casi en el mismo nivel que la de Estados Unidos. Increíble. Hablar de 96, 97% es estar en los niveles más altos del mundo. Ojalá fuera a 100, y seguimos avanzando hacia de 100.
¿Sabe cuál es el reto ahorita? Cuando uno logra un objetivo de estos, cambia de variable. Ya tenemos muchos colombianos, casi todos con productos transaccionales; ahora queremos que tengan crédito. Y en eso todavía tenemos un camino por recorrer. La bancarización, la inclusión financiera por el lado del crédito (lo que nosotros llamamos por el lado del activo de los bancos) está en 35%.
Un estudio de Banca de las Oportunidades (una de las instituciones más lindas que tiene este gobierno, además que tiene una extraordinaria directora que es la doctora Paola Arias) mostró que el acceso al crédito formal en Colombia llega a más de 50% de la población adulta. Si uno suma 35% de los bancos, y le suma, por ejemplo, los que tienen un crédito con una telco para un celular, o los que tienen un crédito de una gran superficie o el cupo Brilla. Soluciones de este tipo ya es más de 51%.
¿Y cuál es el punto de llegada en crédito? No es el 100. Los países nórdicos el porcentaje de adultos que tienen crédito es el 61%, no es 100. Cuando uno mira Estados Unidos, el porcentaje de adultos que tienen crédito es debajo de 70.

Discrepo de la premisa de la pregunta, y es que en Colombia hay 30 bancos (hay 69 establecimientos de crédito, pero bancos hay 30). De los 30 bancos, 10 son bancos extranjeros (digamos de capital extranjero, que la casa matriz está fuera de Colombia). 10 de los 30. Y esos 10 bancos (que son un tercio del sistema financiero, contando en unidades) tienen 25% de los activos. Eso es 25% de los créditos. Es decir, la participación es todo menos bajita, no es una participación marginal.
Creo que lo que el Banco de la República está haciendo está muy bien. Es deseable que lleguemos a una tasa neutra. Esta es una tasa que puede ser relativamente contractiva. Una tasa neutra es aquella que ni fomente el PIB ni lo frene. Y esa tasa contractiva la alcanzaremos probablemente a finales del año entrante.
Podría estar unos 400 básicos o 300 básicos por encima de la inflación de largo plazo. Y eso probablemente lo tengamos a finales del año entrante.
Pero yo creo que, hablando de la relación de los bancos con los ciudadanos, la mejor tasa es aquella que reconoce el riesgo. Los bancos tienen una gran responsabilidad, que es cuidar los ahorros de los colombianos. Y la mejor manera de honrar ese mandato es que a cada cliente le demos una tasa que vaya acorde con su perfil de riesgo.
Por eso, cuando empieza el populismo financiero de "vamos a acabar, borrón y cuenta nueva y vamos a borrar todo el historial crediticio de las personas", eso da votos (no da prestigio, da votos). Es una idea tan mal, eso sería tan grave como borrar las historias médicas de las personas.
Cuando nosotros borramos la información de las centrales de riesgo, es mucho más difícil originar el crédito, no se tiene información. Los bancos están a ciegas y muchas veces el más peligroso o el más riesgoso o el perfil, digamos, de mayor vulnerabilidad terminan enviándolo inmediatamente al gota a gota. ¡Qué irónico, no! Una propuesta que suena tan popular como borrar las centrales de riesgo termina arrojando de manera miserable al colombiano más vulnerable al gota a gota.
El colombiano es muy buena paga. Y pasa algo que además es muy bonito: uno piensa que los segmentos de menores ingresos pagan menos. Pero ocurre casi que lo contrario, el colombiano es muy buena paga y tal vez los mejores comportamientos en las carteras los tenemos en las personas de bajos ingresos.

Yo creo que son unos competidores más. Y este es un sistema, se es neobanco hasta que se es banco. Hasta que se es suficientemente grande para ser banco. Digamos, uno puede tener condiciones regulatorias distintas solamente de manera transitoria hasta que es suficientemente grande y relevante para ser otra entidad financiera.
¿Qué es lo que nosotros decimos en general? Todo lo que signifique competencia, nosotros lo queremos abrazar. Pero esa competencia hay que hacerla siempre, sin arbitrajes regulatorios, y protegiendo y cuidando muchísimo los recursos de los colombianos. Por eso es tan importante que todos los actores estén siempre bajo la supervisión de la Superintendencia Financiera.
La tarjeta de crédito es un producto maravilloso. Porque permite sobre todo, ante un choque, solucionarlo rápidamente, y eso es lo que se llama en la literatura "suavizar consumo". Entonces, ante algo que hoy implicaría un golpe grandísimo o perder activos, yo lo puedo suavizar a través de esos créditos rápidos asociados a la tarjeta.
Pero lo cierto es que las tasas de interés de los créditos dependen de su nivel de riesgo. Y hay créditos que son menos riesgosos y por lo tanto son más baratos. Entonces, si me deja, doctor Quijano, le doy tres consejos.
Mantenga su tarjeta de crédito, sin duda. Pero no la utilice como el instrumento de pago por defecto si necesita endeudarse, por ejemplo, para una inversión de un bien durable o semidurable.
Nunca utilice ni los créditos de libre inversión ni las tarjetas de crédito para comprar algo como una vivienda. Las tasas de la vivienda están bajísimas hoy en día, porque tienen un respaldo, un colateral que es la vivienda misma. Entonces, si el hecho de tener una vivienda de respaldo hace que las tasas sean mejores, no hay razón para endeudarse de otra manera para comprar una vivienda. Ese es algo en lo que los colombianos siguen cometiendo ese error.
Revise si su carga financiera pasa de 30%. Eso no está escrito en ningún lado, no es que 30% sea un umbral regulatorio, pero si usted está pagando más de 30% de su sueldo en obligaciones financieras, vale la pena que haga un alto. Si están asociadas a la construcción de capital (por ejemplo, una hipoteca), bueno, usted está ahorrando ese sueldo. Pero si están asociadas, por ejemplo, al consumo de las cosas del día a día, vale la pena que usted se replantee, haga un nuevo presupuesto y se apriete un poquito el cinturón.
Existen mil alternativas para dentro de la formalidad.
Por supuesto. Existen mil alternativas. ¿Qué sería una pésima idea? Por ejemplo, ir a crédito informal para pagar la obligación bancaria. Eso no tiene ningún sentido. Todas las entidades ayudan a los colombianos ante imprevistos a poder renegociar su perfil, cambian los plazos frecuentemente, e incluso se cambian las tasas. Entonces la invitación es: si usted tiene un problema financiero, acérquese a su aliado. El banco no es su contraparte, el banco es el financiador de sus sueños.
Estoy muy feliz con lo que estoy haciendo. Todos mis esfuerzos están en acercar la banca a los colombianos y convertir y seguir convirtiendo este sistema financiero en un instrumento de desarrollo para nuestro país.
Le puedo decir una cosita brevemente sobre "Mi Casa Ya". Inspiró las políticas de vivienda de muchos países en el mundo. La de República Dominicana, países como Sudáfrica también lo vieron y se volvió casi que un caso de estudio y un referente de acceso de vivienda social a nivel global.