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ENTRETENIMIENTO

"Dejamos de ser una burbuja, ahora somos el tercer mercado de conciertos en Suramérica"

jueves, 25 de septiembre de 2025

Luz Ángela Castro, directora de Ocesa, conversó sobre la importancia del mercado del entretenimiento para la economía colombiana y la vida de las personas

No en vano el entretenimiento fue uno de los principales jalonadores de la economía en 2025. La industria se ha posicionado de tal manera en la cotidianidad de los colombianos que ya forma parte de la canasta básica familiar.

A propósito de esta revolución que se está viviendo en el sector, Luz Ángela Castro, directora general de Ocesa, conversó sobre la importancia del entretenimiento para la economía nacional y para el bienestar de la gente; un auge que ha logrado posicionar a Colombia como uno de los principales mercados de la región.

¿Qué es Ocesa y cómo ha logrado consolidarse en este mercado?

Es una empresa multinacional de origen mexicano que hace un poco más de 30 años incursionó en el mundo del entretenimiento en vivo y consolidó a México como uno de los mercados más relevantes. Hoy está posicionada como la empresa número tres del mundo y la número uno en Latinoamérica. Live Nation, que es la empresa número uno a nivel global y de origen estadounidense, es su accionista principal hoy en día, habiendo adquirido 75% de Ocesa recientemente.

Cuando Ocesa evalúa el mapa de América Latina para llevar grandes conciertos, ¿qué posición ocupa Colombia en ese mercado regional?

Esa historia es muy interesante porque, cuando hablas con los líderes del desarrollo de la industria en México, te cuentan que ellos trataron de venir a Colombia hace 25 años. Sin embargo, encontraron tantas barreras y tanta imposibilidad real de hacerlo porque no había transparencia ni claridad tributaria, no existía infraestructura y había mucha resistencia. Todo esto sumado a los retos de seguridad del país en esa época.

Entonces, fueron a Argentina, a Brasil, a Chile, a Perú, y abrieron todos esos mercados. Colombia se quedó como en una burbuja por la que pasaban de largo. Te digo esto porque fue en los últimos 16 años cuando tuvimos la oportunidad de poner el letrero y empezar a actuar como un verdadero actor industrial, evolucionando el concepto del entretenimiento hacia una industria real, y no solo como el hobby de alguien.

En estos últimos 16 años tuvimos el primer concierto de U2, el primer Rolling Stones, el primer Madonna, y el primer Cirque du Soleil —que fue mi inmersión en Ocesa—. Hoy, Colombia es el tercer mercado de Suramérica; y si incluyes a México, somos el cuarto: México, Brasil, Argentina y Colombia.

Luz Angela Castro, CEO para Colombia de Ocesa
Ocesa

¿Ese crecimiento se debe a que el poder adquisitivo de los colombianos ha aumentado y ahora invertimos más en la canasta familiar del entretenimiento?

Fue una evolución, y creo que es una evolución social. Yo crecí en una época donde era muy poco probable que fuéramos a un concierto. Primero, porque no había la oferta. Segundo, porque las condiciones de seguridad hacían que no existiera esa costumbre; mis padres me decían: "Jamás te vayas para allá, eso es peligroso".

La Generación X y los Baby Boomers no crecimos en Colombia con esa cultura de consumo de entretenimiento; se salía a comer o a las fiestas de diciembre en Cali, Barranquilla o Medellín, pero no había una oferta permanente. ¿Qué pasó después? Empezaron a llegar los grandes conciertos. Al principio, uno pensaría que un U2 o un Rolling Stones debió haberse agotado de inmediato, y no fue así. Requirió una construcción de consumo, de audiencias y de confianza.

Hoy, los Millennials y los Centennials tienen una gran oferta y una enorme penetración de internet, por lo que conocen todas las tendencias al instante. La pandemia también fue un punto de quiebre. Esa primera experiencia de hacer conciertos con la gente en sus carros fue épica. Ver esa comunión casi religiosa entre el artista y sus fans, llorando mutuamente por la distancia, pero logrando conectar, catapultó la percepción de lo que significa el entretenimiento y esa necesidad humana de conectar con otros, cantar y bailar, más allá de la realidad que estemos viviendo.

Uno pensaría que los conciertos triunfarían en ciudades más fiesteras o cálidas, pero Bogotá se convirtió en la gran sede regional. ¿Dónde se conectó ese nervio en los bogotanos?

Bogotá siempre ha sido una plaza muy relevante. Primero, por ser la capital del país, lo que facilita la conexión y concentra una gran población. Para muchos artistas nuevos es indispensable empezar por las capitales. En términos de consumo de entretenimiento, no menos de 60% o 70% pasa por Bogotá.

La percepción de las ciudades "calientes" está más vinculada a la fiesta tradicional, como el Carnaval de Barranquilla o las ferias. Pero Bogotá tiene un portafolio cultural mucho más amplio y diverso. Además, es un nodo de interacción clave. Por su conectividad aérea, logró consolidarse como el punto intermedio ideal entre México y Argentina. Es un gran núcleo para Suramérica: para que una gira se confirme de Suramérica hacia arriba, tener a Argentina y Brasil es fundamental; pero Bogotá es el puente perfecto para conectar con el mercado norteamericano a través de México.

Se estima que el entretenimiento puede representar cerca de 4% del Producto Interno Bruto, PIB, en Colombia. ¿Cómo se desagrega esa cifra en términos de impacto económico y empleo para las ciudades?

Es una industria interesantísima porque no solamente dinamiza su propio renglón, sino que genera una verticalidad muy valiosa para las ciudades sede. Mejora la imagen internacional, lo cual impulsa el turismo. Estamos hablando de que más o menos 30% de los asistentes a los eventos no viven en Bogotá; vienen de otras ciudades o de países como Centroamérica, Venezuela, Ecuador y Perú, que no tienen necesariamente la oferta de eventos que nosotros sí tenemos.

Esto dinamiza el consumo, la gastronomía, el comercio y toda la cadena de valor conexa. Genera una gran cantidad de puestos de trabajo, desde los productores hasta los riggers (los chicos que ayudan a colgar los equipos y armar las estructuras) y el personal de logística. Esta industria es el primer empleo para muchos, y hoy ya es un sector donde puedes proyectar una carrera profesional a largo plazo. Por ejemplo, vemos a chicos de Ciudad Bolívar trabajando con nosotros, y es grandioso ver cada vez a más mujeres empoderadas asumiendo roles de producción técnica que antes estaban estereotipados solo para hombres.

Hablemos de la persona detrás de la realización de los sueños de tantos fans. ¿Quién es Luz Ángela Castro?

Soy una apasionada por los retos. Creo que en casi todos los proyectos en los que he entrado siempre hay una gran incógnita de "¿será que se puede?". Y normalmente la primera respuesta de muchos es "no, mejor declina y vete para otro lado".

Yo estudié Finanzas y Relaciones Internacionales, e hice un programa de alta dirección en el Inalde; eso te da un océano de formación. Fui practicante en la Superintendencia Financiera, en supervisión de corretaje de valores, y también estuve en Proexport. Me considero una mujer de números, pero los números normalmente son el resultado de creer que las cosas son posibles. Lo que me obsesiona, más allá de las utilidades, es el reto en sí mismo.

Luz Angela Castro, CEO para Colombia de Ocesa
Ocesa

Organiza los conciertos más grandes del país, pero, ¿qué concierto se ha perdido usted por estar trabajando?

Me los pierdo casi todos porque usualmente estoy backstage. Nunca me pierdo la emoción del arranque de los eventos, pero el resto del tiempo estamos en otro lugar, pendientes de todo lo que sucede tras escena. Nos mortifica todo: cómo va la entrada, la apertura de puertas, qué está pasando con el entorno, la seguridad, los revendedores, el control del ruido.

Aprovecho para decir que necesitamos evolucionar como público. No debería sentirse que necesitas un ejército de policías o de logística para que todo esté bien. Tenemos que llegar a un punto donde podamos llegar, parchar, ir a nuestra silla y vivir la experiencia de manera responsable sin necesitar a un policía al lado para cumplir las reglas.

¿Qué prefiere, los conciertos o los festivales? Y de los que ha traído a Colombia, ¿cuál ha sido el más memorable?

Los festivales me encantan porque te crean una experiencia más completa y larga; vas, parchas, comes y vives la experiencia festivalera. Pero esa comunión que vives en un concierto es única. Ver el palpitar de todos los que están a tu lado viendo a su artista como si fuera un Dios, el baile, los gritos y esa emocionalidad, es algo incomparable.

A nivel personal, me robó el corazón Bono (U2) en el concierto 360 en el estadio Azteca en México. Llevé a un grupo de periodistas colombianos para que entendieran lo que esto podría significar para nuestro país, y ver ese momento de gloria cuando se encuentra con sus fans fue épico. En Colombia, de mis favoritos ha sido Coldplay; de comienzo a fin fue magia, energía y positivismo. Foo Fighters fue increíble, no conocía mucho a la banda pero verlos en vivo fue glorioso.

También se me escurrieron las lágrimas con el primer concierto de Madonna por todos los retos que implicó cristalizarlo, o cuando hicimos el primer Cirque du Soleil. Y fuera de Colombia, fue épico ir al Power Trip a ver a AC/DC hace un par de años.

Existe el debate sobre qué género realmente llena estadios en Colombia. Unos dicen que es el pop y rock en inglés, otros el reguetón, y otros la música popular. ¿Cuál es la realidad?

Los conciertos que llenan son los que la gente quiere, porque quienes llenan los estadios son los fans. Lo importante es lo que le gusta al público, no lo que le guste a uno personalmente. He encontrado un valor muy relevante en cada género.

En la reciente apertura del Vive Claro distrito cultural, ver a Paola Jara y a Jessi Uribe con su público cantando a todo pulmón y desgarrados, fue increíble. Pero lo mismo sucede cuando ves a los roqueros que hace mucho no veían a Green Day, o cuando vas a un concierto de Karol G y todos cantan al unísono. No hay un ranking de qué género es más importante, la importancia se la da el público.

Es divino ver a Silvestre Dangond y esa devoción con la que cantan vallenato, o ver a Maluma con su montaje 360, o a Morat. Ver a Shakira llenando estadios en todo el mundo y la locura que genera en su propio país. Incluso el K-Pop, ves a este público conectándose de una manera espectacular. Todo género que logre esa conexión es igual de válido y poderoso.

Y esa conexión es intergeneracional. En los festivales vemos a distintas generaciones unidas por la música, e incluso una genialidad del marketing como incluir a Grupo Niche o al Binomio de Oro en festivales de rock.

Sí, el Festival Cordillera es de mis favoritos porque es colombiano esencialmente. Ves a diferentes tribus urbanas: el punquero, el metalero, el fan del pop, todos cantando Maná o Miguel Bosé. Es espectacular porque habla de esa herencia generacional donde escuchamos las canciones que nuestros padres cantaban. Lo mismo pasa en conciertos de Rolling Stones, U2 o Guns N' Roses, donde ves al abuelo, al papá y al hijo juntos.

Y sobre incluir al Binomio de Oro o a Niche, es porque somos muy musicales. Los colombianos nos bailamos hasta un villancico. Esa es la belleza de nuestra colombianidad, y ha sido parte fundamental del éxito de los festivales en el país.

¿Qué artista sueña con traer a Bogotá el próximo año?

Personalmente, quisiera traer a AC/DC, me parece que tienen un show épico. Me hubiera encantado traer a Oasis, vamos a ver qué pasa. Quiero ver otra vez a Lady Gaga, su voz sin ningún tipo de arreglo es absolutamente alucinante. Y a Adele, la vi en Múnich en esa residencia de diez estadios y fue maravillosa.

También sería bellísimo poder hacer una residencia con nuestros propios artistas colombianos. Hoy tenemos artistas con un éxito global alucinante como Morat, Feid, Karol G, Shakira, Juanes, Andrés Cepeda o Fonseca. Hacer una residencia de varios días y que gente de toda Suramérica y el mundo venga a verlos a Colombia sería espectacular.

¿Cuál es el reto para que grandes artistas internacionales lleguen a ciudades como Medellín, Cali o Barranquilla, y no solo a Bogotá?

Depende del trabajo conjunto entre el sector público y privado, pero también del consumidor. Recuerdo claramente el caso de Madonna en 2012. Todo el mundo me decía que estaba loca por querer llevar pop a Medellín, que allá no se vendía ese género. Tuvimos que desmitificar muchas cosas en la industria. Al final, hicimos dos estadios llenos, logramos un 99% de ocupación hotelera, todos los paisas recibieron amigos del exterior, y hasta le ponían collares de arepas a las fotos de Madonna en los restaurantes. La ciudad se apropió del evento.

También rompimos el mito de que "el colombiano no compra colombiano". Hoy vemos estadios llenos con Andrés Cepeda, Fonseca, Maluma, Karol G, Shakira y Silvestre. El hecho de que Colombia pueda llenar estadios masivos con talento local es una ventaja gigantesca que pocos países tienen.

¿Bogotá tiene la infraestructura para albergar cuatro grandes eventos en simultáneo como ocurre en Ciudad de México o Miami?

Sin duda. Se trata de organizarnos. Si logramos una sinergia entre el sector privado y las autoridades, podemos construir excelentes experiencias. Debemos tener la conversación de una ciudad de 24 horas, extender los horarios del transporte masivo, apropiarnos de espacios baldíos para evitar que sean focos de inseguridad y utilizarlos para la cultura.

Hoy tenemos escenarios como el Vive Claro, el Movistar Arena, el Parque Simón Bolívar, el Coliseo MedPlus, el estadio de Techo y el Palacio de los Deportes. Nos estamos apropiando de ellos. Y lo más importante: esta industria tiene un eje inagotable que es la creatividad humana. A diferencia de industrias extractivas o de commodities, la música y el entretenimiento siempre ofrecen una nueva oportunidad, una nueva puesta en escena.

Luz Ángela Castro, CEO Ocesa Entretenimiento Colombia.
Ocesa

Como mujer liderando uno de los sectores más influyentes del país, ¿es optimista sobre el futuro económico de Colombia?

Soy totalmente optimista. El sector empresarial es el que construye país sorteando las dificultades y las vicisitudes como la devaluación o los cambios de gobierno.

La música la llevamos en el ADN desde que somos concebidos, por lo que el colombiano siempre destinará una parte de su ingreso a la búsqueda de esa felicidad. El entretenimiento ya está en la canasta familiar básica, porque disfrutar de la vida es una necesidad humana. Las tendencias de consumo han cambiado: la gente quizá prefiere no endeudarse para comprar una casa, pero sí quiere viajar, comer bien, ir a espectáculos y vivir experiencias únicas que creen memorias imborrables.

La industria del entretenimiento en vivo es un motor de crecimiento económico, pero, ante todo, es un generador de felicidad. Y no solo para quienes asisten, sino para quienes construyen su proyecto de vida aquí: generando primer empleo y abriendo espacios para que las mujeres sean líderes. Estamos construyendo el país que soñamos con acciones reales.

 

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