Cuando inicié este artículo recordé una reflexión del filósofo y teólogo danés Søren Kierkegaard, “la vida solo puede ser entendida cuando la vemos hacia atrás, pero debe ser vivida hacia adelante”.

La pandemia ha traído graves consecuencias que debemos afrontar. Muerte, desempleo, quiebras y reversa en muchos frentes. Con seguridad hemos vivido en estos últimos meses momentos duros, de preocupación e incertidumbre y con razón nos preguntamos: ¿qué más podemos hacer?

Mucho, mucho más. Lo más probable es que no solo ejerzamos un liderazgo empresarial, sino que, además, seamos padres, hermanos, hijos, amigos o miembros de una comunidad. Todo un entorno que es indispensable para la construcción de un nuevo tejido social y que depende de la sensatez y de la prudencia de todos a la hora de tomar decisiones.

La vida cambió y ahora se requiere flexibilidad y apertura a la transformación. Nos vimos forzados a cambiar hábitos, costumbres y comportamientos y a adoptar posturas y acciones diferentes como la virtualidad. Ahora debemos pensar y actuar diferente a lo que solíamos hacer. Será necesario adoptar lo mejor de los dos mundos que en poco tiempo, y casi sin darnos cuenta ya estamos viviendo. Como escribió George B. Shaw: “Es imposible progresar sin cambiar; los que no pueden cambiar su mentalidad, no pueden cambiar nada”.

Estos meses fueron, para muchos, de reflexión y descubrimientos; de reencuentros con actividades y aficiones que teníamos pendientes desde hace años. De alguna manera, podemos ver que resultó fructífera esta pausa global. Vivimos como propios los dolores de los demás y nos dimos cuenta de que nuestras organizaciones, familias y amigos necesitaban la mejor versión de nosotros, con alegría e ilusión, porque entre todos nos motivábamos para esperar el sol, que por muy oscuro que esté la noche, felizmente sale cada mañana.

Ese momento que tanto anhelábamos llegó: la reapertura. Resulta paradójico que no estuviéramos preparados hace unos meses para un aislamiento de la magnitud que ya vivimos y hoy, en cierta forma, tampoco sepamos con plena certeza como afrontar una apertura que evidencia falta de planeación y desorden.

Esta es una oportunidad única para fomentar nuevos hábitos, disciplina y autocuidado, pues nuestra idiosincrasia podría llevarnos de nuevo a esas cifras aterradoras en clínicas y hospitales e, incluso, a pérdidas económicas inimaginables.

La tecnología nos demostró que podemos ser efectivos desde ambientes virtuales propicios que estimulen la creatividad, lo cual redunda en el crecimiento de nuestras organizaciones. Sigamos explorando estos canales y métodos porque es probable que una de las aristas positivas de la pandemia haya sido la aceleración de procesos de cambios organizacionales que eran impensables y ahora serán seguramente, irreversibles.

Hay ya nuevas formas de apoyar a nuestros clientes, nuevos enfoques de gerencia y visiones de negocio en entornos modificados. Los nuevos básicos pueden pasar por maneras diferentes de trabajar y de abordar los proyectos en las empresas.

Vemos todo el espacio para la consecución de ejecutivos interim, como ya lo hacemos desde nuestra firma. Así como nuevas formas de relacionamientos laborales y comerciales, donde esperamos que los legisladores se dinamicen en estos aspectos, las relaciones y evoluciones del mercado son mucho más rápidas que sus reacciones.

Para que la reactivación sea permanente, es imprescindible que la veamos como un proceso que exige nuestra disciplina y responsabilidad. De lo contrario, estaremos ante nuevas crisis sin precedentes… y de eso ya hemos tenido bastante.