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ANALISTAS 19/09/2026

La ansiedad también tiene ritmo

Tatiana Arango M.
Macroeditora digital de Diario La República
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Y terminé buscando ayuda siquiátrica. El diagnóstico: ansiedad. Durante años he acumulado hábitos y comportamientos que me dieron señales a las que no presté suficiente atención. Vivo acelerada, anticipándome a lo que puede pasar, intentando resolver problemas que todavía no existen (además de los que sí existen) y sintiendo que siempre hay algo más que debo hacer. Me acostumbré tanto a ese ritmo que dejé de verlo como una señal.

Me despierto pensando en todo lo que tengo pendiente, miro el celular ante cualquier notificación, salto de un mensaje a otro (y olvido que lo hago), siento que no alcanza el tiempo, anticipo una conversación que todavía no pasa e intento balancearme haciendo todo más rápido: camino, como, hablo, contesto y respiro con otra velocidad.

El problema es que el mundo no va a mi mismo ritmo y tampoco tiene por qué hacerlo. Yo soy quien confundo la velocidad con la urgencia.

En el tapete de yoga pasa algo que puede funcionar como una analogía: cuando una postura se complica, seguramente queremos salir rápido de ella, contener el aire o apresurarnos hacia la siguiente. La respiración funciona como una especie de metrónomo, porque mientras la postura cambia, existe un ritmo al cual volver.

En prácticas como ashtanga o vinyasa, que son tipos de yoga muy activos, suele usarse la respiración ujjayi, también conocida como oceánica, porque imita los sonidos de las olas del mar. Esto se logra cerrando la garganta, como cuando quiere empañar un vidrio, pero manteniendo la boca cerrada.

Esta respiración no solo es un ancla que mantiene nuestra mente en el presente durante la meditación en movimiento, también nos calma, nos ayuda a mantener las posturas por más difíciles que sean y contribuye a que hagamos las transiciones entre ellas.

Y ojalá lleváramos esa herramienta por fuera del tapete. Porque una mala noticia puede acelerar nuestro ritmo; también un cierre laboral, una pelea, una deuda, una espera o simplemente imaginar lo que podría salir mal.

La ansiedad suele adelantarnos al presente, porque mientras el cuerpo está aquí, la mente ya está viviendo una conversación de mañana, un resultado de la próxima semana o un problema que tal vez nunca ocurra.

En vez de preguntarme cómo hago para dejar de sentir ansiedad, busco responder “¿a qué ritmo estoy viviendo este momento?”.

Ojo, no estoy planteando la respiración como tratamiento de un trastorno de ansiedad, sino usando mi experiencia cotidiana de inquietud y anticipación para reflexionar sobre ella. Lo que quiero decir es que observar el ritmo de mi respiración me ayuda a reconocer que me estoy acelerando por asuntos que tal vez no sean urgentes. Y hago el siguiente ejercicio, una técnica de pranayama, llamada sama vritti o respiración cuadrada.

Consiste en igualar la duración de mi inhalación y mi exhalación, incluyendo espacios de vacío entre ellas: inhale por nariz en tres segundos, retenga la respiración por tres segundos, exhale por nariz en tres segundos, retenga ese vacío en tres segundos y repita las veces que lo necesite.

No podemos controlar lo que pasa alrededor, pero sí podemos encontrar algo que nos recuerde nuestro propio compás. En una práctica de yoga es la respiración. Y quizá fuera del tapete también pueda serlo. La ansiedad quiere llevarnos al futuro, la respiración solo puede ocurrir en presente.

PS: Aunque ahora muchos dicen preocuparse por la salud mental, mi experiencia es que el sistema no sabe reaccionar ante estos episodios. Fui a dos clínicas y no me atendieron. En la Clínica Montserrat incluso una recepcionista se burló de mí. Los celadores están mucho mejor preparados en empatía para atender estos casos. Para ellos, mi gratitud.

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