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Analistas 10/12/2025

Modernizar la pesca

Simón Gaviria Muñoz
Exdirector de Planeación Nacional
La República Más

La pesca en Colombia es un sector subvalorado, fragmentado y sin una representación política real, pese a tener un potencial económico comparable al de varios renglones agroindustriales tradicionales. Mientras países con extensiones marítimas similares diversifican sus exportaciones con acuicultura, valor agregado y cadenas logísticas integradas, Colombia permanece anclada en un modelo pesquero artesanal, con baja productividad e infraestructura débil. Hay que echar la red donde hay peces, aquí hay muchos.

El contraste es contundente. Chile exporta más de US$ 7.000 millones en salmón. Ecuador supera los US$ 6.000 millones en camarón. Perú construyo un clúster industrial alrededor de la anchoveta, con cadenas completas de harina, aceite y consumo humano. Colombia, en cambio, exporta apenas cerca de US$200 millones en productos pesqueros y acuícolas, una cifra irrisoria para un país con dos océanos, 3.000 km de costa y una de las biodiversidades marinas más ricas del mundo.

La institucionalidad pesquera ha sido crónicamente débil: trámites dispersos, escasa presencia estatal en los litorales, vigilancia insuficiente y ausencia de fomento productivo. A esto se suma la expansión de la pesca ilegal, responsable de casi el 45% de la captura total en algunas zonas, rompe cualquier posibilidad de sostenibilidad biológica, fiscal y social. La acuicultura enfrenta barreras innecesarias.

Aunque proyectos de tilapia y cachama han demostrado competitividad, aún no existe una agenda para atraer inversión, elevar estándares sanitarios o conectar productores con los con mercados globales. Mientras América Latina crece en acuicultura al 8% anual, Colombia lo hace apenas al 2%. No es falta de potencial: es falta de articulación.

Aun así, hay señales esperanzadoras. La infraestructura portuaria del Pacífico y el Caribe está evolucionando; el Sena y varias universidades han comenzado a formar técnicos especializados en maricultura, genética y bioprocesos, y las empresas privadas están invirtiendo en recirculación de agua, trazabilidad y tecnologías limpias. Además, comunidades del Chocó, La Guajira y San Andrés han empezado a organizarse en cadenas productivas con enfoque territorial.

El desafío es convertir esfuerzos aislados en política pública seria. Colombia necesita una Agencia Nacional de Pesca robusta, con competencias claras en inspección, investigación científica y promoción comercial. Hace falta un estatuto pesquero moderno, que incentive la inversión responsable, la modernización de flotas, el repoblamiento marino y las certificaciones que permitan acceder a nichos globales de alto valor. La pesca podría ser un motor regional comparable al cacao o al aguacate Hass, con la ventaja de generar empleo costero donde la pobreza es más profunda.

Los países exitosos en pesca la tratan como un sector estratégico, no como anexo del agro. Colombia tiene la biodiversidad, la geografía y el talento. Lo que le falta es visión. La pesca podría convertirse en una oportunidad transformadora para el Pacífico y el Caribe, pero para lograrlo hay que hacer lo que históricamente no se ha hecho: diseñar una política de Estado y sostenerla en el tiempo.

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