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La vivienda es el refugio

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Sergio Mutis Caballero - sergiomutiscaballero@gmail.com

La vivienda es un activo esencial, puesto que ofrece refugio físico y económico a los hogares. Su construcción y cuidado jalona la economía y es generador masivo de empleo. En Colombia desde los años 30, con excepción de finales del siglo pasado, siempre se ha valorizado, por ello la propiedad raíz ha sido protección contra la inflación y la devaluación. En esta coyuntura, se seguirán manteniendo los precios. Veamos.

Para comenzar, el aporte del sector inmobiliario integral supera 20% del PIB colombiano, pues comprende la construcción de edificaciones, los servicios inmobiliarios principalmente los arrendamientos y el desagregado de otros sectores de la economía, como industria, comercio y servicios. La sola construcción de edificaciones, ya está recuperando el millón de empleos directos que tenía antes del aislamiento. Los inmobiliarios emplean más de 1,8 millones de personas.

En suma, su aporte es instrumento económico y social.  La vivienda es un activo apetecido por los hogares. El déficit habitacional es de 1,6 millones, sumado a que más de 2,3 millones de viviendas no cumplen la calidad de habitabilidad, debido a que cerca de la mitad de las viviendas se construyen sin licencia. 18 millones de colombianos viven en arriendo.
Las viviendas representan parte del patrimonio que caracteriza cada ciudad.

Para el caso colombiano, su valorización, además de fortalecer a los propietarios y aumentar la garantía hipotecaria de las instituciones crediticias, es de alta importancia para la ciudad. Tanto que, el impuesto predial es la principal fuente de ingreso ordinario fiscal para la gran mayoría de nuestras ciudades. Soporte regional de desarrollo y equidad.

Una vez superado el aislamiento, los preceptos anteriores se deberán mantener vigentes. La construcción y la adquisición de viviendas genera un círculo virtuoso: cuando el Gobierno toma al sector como instrumento de política económica y de equidad social y las administraciones locales apoyan la construcción formal, crece la economía y el empleo; y, cuando más crece la actividad edificadora formal, más se valoriza la propiedad raíz.

Este 2020, en materia de recesión se puede comparar con 1999 cuando el PIB se desplomó 4,2%, se pararon la edificación y los precios de las viviendas por años, solo comenzó a recuperarse a partir de 2002 cuando hubo oferta de proyectos con fiducia y sobre planos, con costos de construcción nuevos. En cambio, lo actual es muy diferente, la construcción está retomando de forma inmediata su actividad, los precios de referencia están ajustados a los costos actuales y proyectados; las obras cuentan con cierre financiero, con precios futuros.

A finales de los 90, hubo crisis financiera y bancaria; la cartera hipotecaria en mora superó el patrimonio de algunas instituciones por la crisis de la UPAC. En comparación, la banca hoy está fuerte y muy líquida, el valor financiado individual de las viviendas es bajo comparado con el valor de la garantía. De otra parte, hay credibilidad internacional en el país y confianza en el gobierno por parte de los ciudadanos.

Con este confinamiento, la vivienda de calidad para arrendatarios y la vivienda propia, han ayudado a paliar la coyuntura. Las actuales emergencias de salud y económica, consolidan la importancia de la vivienda como refugio familiar y patrimonial.

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