Analistas

La vivienda a cierre de 2017

La demanda crece, pero la desconfianza ronda en la decisión de compra, aun siendo rentable y oportuno invertir en finca raíz. Esa es la constante de los últimos dos años en Colombia.

Los costos de construcción suben, las viviendas se valorizan. Si bien la tendencia negativa en construcción se comienza a revertir, en el año que termina y probablemente en el próximo, que corresponde a un año electoral y de polarización política, se mantendrá la tendencia de crecimiento económico mediocre, regular comportamiento del sector inmobiliario y, de incertidumbre.

Por lo anterior, el mercado es hoy de compradores. Las principales variables a la hora de adquirir finca raíz, siguen siendo la ubicación, el diseño y el precio. Parte del mercado está animado gracias a los subsidios a la demanda y a la tasa de interés, aunque estos últimos se deberían ampliar con subsidios adicionales otorgados por los bancos, para salir de la crisis abaratando la financiación. El margen de intermediación bancario es suficiente para aportarle a los hogares una baja adicional a la tasa de interés.

Hay que aceptarlo, el mercado inmobiliario se encuentra afectado, pero con tendencia a mejorar. En la actividad edificadora, Bogotá sigue reportando caída, lo salva la actual dinámica de licenciamiento para obras nuevas; Medellín está sobrevendida. Cali y Cartagena registran buenas ventas en viviendas de hasta $400 millones. Bucaramanga, con el ritmo de 7.000 viviendas nuevas por año, era imposible de sostener, de ahí su gran caída, no obstante, con el soporte de la clase media, vislumbra mejor futuro.

El mercado inmobiliario de Cartagena, que cuenta con demanda nacional -al igual que Bogotá-, fue impactado positivamente con el macro proyecto ubicado al norte de la ciudad, Serena del Mar y por la infraestructura vial en construcción, con viaductos sobre la Ciénaga de la Virgen, que mejora el panorama de movilidad al norte y salida hacia Barranquilla. Se comienza ahora sí, a consolidar la ciudad – región caribe.

Santa Marta, no obstante su aspiración de ser un destino de inversionistas locales y extranjeros, cuenta con tema mediático negativo derivado del mal servicio de acueducto y alcantarillado; sigue en caída la preventa de viviendas nuevas de estratos medios y altos. Villavicencio, cuenta con un mercado variable. A la zona central del país, que se denomina Campestre Bogotá y Girardot, le ha renacido mercado de segunda vivienda, ahora en precio VIS y viviendas de descanso para clase media.

Armenia, complementa su demanda con mercado de bogotanos. Pereira, ciudad con buena economía, aunque está cayendo su sector inmobiliario. Manizales, si bien es un mercado pequeño, llegó tarde a la fiesta.

Como hemos reiterado desde esta tribuna, el comportamiento de la construcción impacta al de la economía, y ésta a la actividad edificadora y a la capacidad de los hogares de comprar vivienda. Para 2018, el mejor comportamiento de la economía estará soportado en el jalonamiento de dos sectores estratégicos, la construcción formal que incluye infraestructura y edificaciones, y el sector de servicios que abarca los establecimientos financieros.

Uno de los retos del país, no solo aplicable al sector inmobiliario, es cómo lograr que la formalidad deje de ser el gran financiador de la informalidad. La tramitomanía y la presión fiscal, tienen atorada a la actividad formal.