Analistas

Economía y construcción en 2016

El café y el petróleo son principales productos primarios del comercio internacional. Han sido fuente de riqueza, empleo y grandes divisas para Colombia. Nuestras exportaciones se concentraron por décadas en la industria cafetera, logrando estabilidad desde 1969 cuando se creó la Organización Internacional del Café y se suscribió el Pacto Cafetero entre los mayores consumidores, liderados por Estados Unidos y por los grandes productores encabezados por Brasil y Colombia que superaban el 40 % de la producción exportable mundial.

El rompimiento del Pacto, que se basaba en adecuado manejo de excedentes y acuerdos de cuotas, suscrito por más de 70 países, se dio en 1989, con lo que nos tocó desarrollar una economía con esa realidad, olvidándonos de la estabilidad del precio del monocultivo y sometiéndonos a las fuerzas del mercado internacional, crecido con otros países productores que hoy nos superan en volumen. Nos obligó entonces a diversificar la economía y a utilizar instrumentos de política pública para ello.

Pues bien, el sector minero y energético en los últimos años ha sido la mayor fuente de divisas para el país, representa más de la mitad de las exportaciones, pero con la caída del precio del petróleo, el ingreso presupuestado se volvió añicos, obligándonos a coexistir con esta situación. La economía colombiana debe vivir con petróleo barato y dólar caro; ha de sufrir por estos ajustes; crecerá a menor tasa y habrá mayor inflación. No obstante, hay que defender el empleo y la capacidad de consumo de los hogares.

Indudablemente este nuevo escenario debería afectar a la mayoría de los sectores, incluyendo el inmobiliario. Pero gracias a las políticas del Gobierno para su crecimiento y su gran inversión de $12 billones para el cuatrienio; la esperanza con los nuevos alcaldes para el desarrollo regional y la estabilidad institucional; la circunstancia que en Colombia la finca raíz siempre se valoriza; y el hecho de la creación de más de 280.000 hogares anualmente que requieren vivienda,  entre otros, se prospecta un crecimiento en la construcción para 2016. Se debe tener en cuenta, además, que la infraestructura en educación, transporte, turismo, hábitat, genera competitividad y mejora la calidad de vida de los ciudadanos.

Los programas de (i) vivienda gratuita, ya ha impactado a 93.000 hogares y continuará con 30.000 VIP adicionales; (ii) las 77.000 casas sociales con ahorro obligado del beneficiario, cuenta con subsidios a la cuota inicial y a la tasa; (iii) 130.000 nuevas viviendas en el programa  Mi Casa Ya, para hogares con ingresos de 2 a 4 smlmv y con subsidios; (iv) cobertura de tasa de interés para la adquisición de 180.000 viviendas adicionales de estratos medios; y (v) se complementa con vivienda para el campo, ya que está programado Subsidio Familiar de Vivienda de Interés Social Rural a 128.000 unidades;  en conjunto, soportan un crecimiento de 10% para el sector este año.

Lo anterior, sumado al programa de infraestructura de transporte que ejecuta la más grande inversión de la historia del país, más la que realizan los privados en éste y en otras edificaciones como centros comerciales y hoteles, indudablemente confirman al sector inmobiliario y de la construcción como magnífico instrumento para aminorar las dificultades que ya comenzaron, sector que, además, en los últimos años ha ratificado ser dinamizador de la economía, en virtud de los múltiples encadenamientos que genera.