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¿Catástrofe de la economía en Colombia?

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Ciertamente, la economía colombiana se está desacelerando y tiene desajustes, pero la situación es menos grave de lo que se comenta en corrillos y recogen los medios; en igual sentido, los empresarios se quejan y con algo de razón, por los problemas en su actividad, la pérdida de confianza inversionista, la actitud alcabalera del Gobierno, la inestabilidad jurídica, la volatilidad del dólar, la mala gerencia en algunas administraciones locales y tantos otros azarosos asuntos; pero los resultados en conjunto son relativamente buenos. La economía sigue creciendo, si bien a menor tasa, seguirá creciendo.

El buen comportamiento del comercio y de la construcción jalonan esta positiva tendencia, la que no es fruto del azar, sino que corresponde a la solidez macroeconómica, a políticas gubernamentales y a la maduración y fortalecimiento del sector empresarial. El Pipe 2.0 de manera adecuada apoya la educación, el agro – hoy con resultados mediocres-, el turismo, la infraestructura y la construcción de vivienda.

La revaluación del dólar no es mala; lo que ha generado tanto ruido es su volatilidad y que se haya dado de manera súbita. Aunque para ciertos sectores es un problema, la devaluación del peso genera oportunidades al comercio exterior en materia de exportaciones, así como también a inversionistas internacionales y colombianos que tienen recursos fuera del país, porque para ellos se abarataron los precios, caso a mostrar, la compra de finca raíz.

Nunca antes en nuestra historia se había logrado la construcción formal de las 230.000 unidades que se edificaron el año pasado, el doble del mayor logro anual en la década anterior. A su turno, este desarrollo inmobiliario no se está dando de manera alineada en las regiones. Si bien Bogotá aporta una participación de 30% de las licencias de construcción, la actividad edificadora decrece en la capital, entre otras razones, por la inestabilidad en la norma urbana y los malos resultados de la gestión del alcalde Petro.

Continúa Antioquia que aporta 13%, Santander, Atlántico y Valle con 6,5% cada uno, con tendencia al crecimiento para los dos últimos. En relación al mercado de oficinas, lo lidera igualmente Bogotá con 1,7 millones de metros cuadrados en oferta, seguida por Medellín, Cali y Barranquilla; todas en niveles que podrían considerarse en sobreoferta, comparado con la demanda inmediata.

De igual manera y con un comportamiento nunca antes visto, la construcción de infraestructura tiene una inversión planeada de $16,8 billones, incluyendo 800 proyectos de infraestructura vial, terminales aéreas y vías de cuarta generación, entre otros desarrollos.

Los Fondos de Capital Privado y los Fondos Inmobiliarios siguen creciendo y lo harán de manera exponencial con el Decreto 1403 del pasado 25 de junio, que les permite invertir la totalidad de los aportes de sus inversionistas en activos inmobiliarios. Con lo anterior, sumado a los grandes recursos del presupuesto nacional que se invierten para promover estos sectores con tantos réditos económicos y sociales, se logra que el ahorro de los colombianos y en general el mercado de capitales, crezcan en inversión en el sector inmobiliario y de la construcción en sus dos ramas, la de infraestructura y la de edificaciones donde la vivienda pesa 70%.

Por lo anterior, la catástrofe está en exagerar la situación de nuestra economía o tener posición pesimista frente al futuro colombiano.
 

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