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Empezando año, deseamos a otros, prosperidad, logros, salud… Acabando el año, al menos en nuestro calendario occidental, y entrando en el juego de liquidar periodos, hagamos la cuestión: ¿nosotros mismos cómo anduvimos en aquello del bienestar? Ya suena a que todo quedó como tal y lo que no, se aplaza para el próximo año. Reclamamos que la vida va muy rápido y nosotros queremos anticipar los periodos. Para unos el año tendrá ganancias o quedará en tablas, para otros, pasará “sin pena ni gloria”, expresión que, aunque no cae del todo bien en una sociedad consumista, al menos no implica el “todo mal” de muchos pesimistas e insatisfechos, - a propósito, malestar agobiante ese de estar en desacuerdo con todo.
Establecer que nos fue bien o mal, exige evidencias verificables, no siempre materiales. No es un resultado cualquiera ponderar como ganancia la calidad de vida y salud dignas, antes que la beca y el carro. Las empresas suelen acompasar sus cifras en negro, con los balances sociales. Además de medir el año por el saldo del banco, también debemos apreciar otro tipo de remuneración como la tranquilidad, el goce efectivo del tiempo libre y las risas por bimestre como balance del desarrollo personal. La prueba acida sobre el provecho personal parte de cuestiones como: ¿hiciste amigos o recondujiste relaciones que eran demandantes y tormentosas? ¿incluiste un buen hábito? ¿estudiaste en línea algún programa extracurricular? ¿bajaste un nivel dañino de colesterol? ¿subiste vitamina D? Honremos la palabra y materialicémosla. Esto no es cualquier cosa, está en el balance de cosas por presumir.
Algunas preguntas íntimas facilitan la elaboración del estado de pérdidas y ganancias personal: ¿estamos con exceso de malos sentires?¿acaso uno que otro rencorcito o deuda emocional por cobrar ? ¿una que otra muteada o dejada de hablar a alguien? ¿cómo andamos de reproches, envidias, afanes y suposiciones?, si ya nos tuviéramos que ir, ¿sabríamos cuánto crecimos?, me refiero a lo que sugerían décadas atrás en la secundaria como el proyecto personal, habiendo pasado conscientemente de un tiempo a otro, de un estado a otro, de un modo a otro mejor. El balance de vida personal anual, ayuda a dar timonazo a un lado o a otro reparando rumbos, lo digo en noviembre, aún hay tiempo de activar el localizador y que suene el mensaje aliviador de: “recalculando”.
En cuanto a las metas y logros personales del año, las preguntas son claras ¿cumplimos? (afuera) y ¿nos cumplimos (adentro) ¿por qué?, esta es la sección de las explicaciones, no de las justificaciones ni de las excusas. ¿En qué procrastinamos? ¿cabe un plan de mejora antes de cerrar? Que las buenas intenciones anuales no se queden en dieta, deporte y nuevo idioma, incluyamos las buenas sensaciones, mejorar los gestos de la cara y los del corazón. Los nuevos bienestares no son billetes si no sabores en la boca y tomas de sol, están en furor, prevalecen y complacen. La felicidad no se postea, se constata en privado y es patrimonio y reserva.
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