La renuncia de los miembros de la junta de EPM prende todas las alarmas de la sociedad antioqueña. EPM, junto con la Universidad de Antioquia, es la mayor riqueza que la región ha construido en su historia. Desde el fatídico año 2003 cuando la empresa tuvo tres gerentes y se puso en vilo su solidez institucional, no habíamos vivido una situación de este tipo. La lección aprendida en ese entonces se tradujo, entre otras acciones, en dotar a la empresa de un gobierno corporativo que formalizara unas reglas del manejo para tener una relación transparente y confiable con la ciudadanía y con todas las organizaciones con quienes interactúa. En particular, con la junta directiva. La renuncia de todos los miembros de la misma, nombrados y ratificados por el alcalde, demuestra que algo anduvo muy mal en esa relación en apenas siete meses del actual periodo. Las comunicaciones y declaraciones de los renunciados dejan ver unas molestias profundas y sostienen que no se están respetando las reglas de juego. El mensaje que queda es fatal. Se tejen todo tipo de suspicacias y teorías, cual de todas más dañina para la empresa, Antioquia y Colombia. Está en un riesgo muy serio una riqueza construida por más de 65 años: la confianza en EPM. En esta disputa nadie gana, todos perdemos.

Por supuesto detrás de todas estas disputas hay un tema central: Hidroituango. Sin duda es un golpe que estremece en todos los sentidos posibles los cimientos de la empresa. Dada la hecatombe, la empresa ha reaccionado para recuperar el rumbo y sacar el proyecto adelante. Los esfuerzos son extraordinarios y aunque todo parece indicar que se van a lograr los objetivos, todavía queda un largo y complejo camino por recorrer. Naturalmente tenemos el derecho a conocer qué pasó y la empresa tiene la obligación de responder todos los interrogantes. La organización del proyecto, las responsabilidades en cada etapa, los costos incurridos, las pérdidas, etc. Por supuesto la mía en mi condición de gobernante. Es lo mínimo. Con una premisa que es la única que le puede garantizar a la empresa superar este problema: transparencia. Esto significa que todo se tiene que ver, sin manos ni intereses oscuros y sin fantasmas actuando tras bambalinas. Si no logramos conocer la verdad limpia a fondo, estaremos en profundos problemas durante mucho tiempo. Años quizás.

El alcalde Quintero tiene la responsabilidad en sus manos. Es una responsabilidad inmensa, es quien conduce la ciudad y tiene tres años y medio en frente como gobernante. El incidente con la junta le pone oscuros nubarrones a su gestión. Es ahora o nunca, esto es un punto de inflexión en su gobierno, más aún, en su carrera política. En primer lugar públicamente definir cómo va a escoger los miembros de la nueva junta directiva. Al mismo tiempo, abrir las puertas de EPM para que la sociedad vea y entienda cómo está la empresa y señalar explícitamente cómo la van a conducir. Es urgente establecer un diálogo con diferentes sectores de la sociedad seriamente interesados en el futuro de la empresa y su relevancia para la ciudad, Antioquia y Colombia. Conformar un comité de seguimiento y recuperar la confianza en EPM que, si no reaccionamos ya, la perdemos para siempre.