Analistas

Pronósticos de la segunda vuelta presidencial

GUARDAR

En la primera vuelta electoral del pasado 25 de mayo triunfaron los candidatos Zuluaga (Centro Democrático) con el 29% de los votos y Santos (Partido de la U) con el 25%, lo cual les da derecho a irse a una segunda vuelta en junio 15.

Recordemos que los cálculos probabilísticos de Anif habían marcado una significativa diferencia entre los sondeos de febrero y los de mayo, pues la probabilidad acumulada de un evento como Santos II había descendido significativamente del 65% al 48% durante ese período. Entre tanto, el evento Zuluaga se había triplicado hasta alcanzar un 31% de probabilidad. En cualquier caso, nuestros cálculos de mayo mostraban que una segunda vuelta Santos vs. Zuluaga tenía mayor probabilidad, con 58% de ocurrencia.

Las otras notas destacadas fueron los repuntes de las mujeres candidatas, donde Ramírez y López lograron cerca del 15% cada una. Los casi 2 millones de votos, obtenidos por  las candidatas, serán vitales a la hora de las alianzas de la segunda vuelta.

¿Qué cabe esperar de estas alianzas partidistas en junio 15; del comportamiento del voto en blanco; y de los nuevos votantes que logren movilizar las maquinarias políticas, especialmente en la costa Atlántica donde la apatía fue mayor?

Anif ha montado un escenario base que tiene las siguientes características: i) se harán “alianzas ingenuas”, donde los votos de Ramírez irían en bloque hacia Zuluaga y los de López hacia Santos; ii) los votos de Peñalosa se repartirían equitativamente entre Zuluaga-Santos, dadas sus raíces históricas entre la izquierda verde-polista y sus antiguos coqueteos con la derecha uribista; iii) se mantiene incertidumbre (o neutralidad electoral) en lo referente al voto en blanco de la primera vuelta; y iv) 7% de votantes adicionales se inclinaría hacia donde se muevan más las maquinarias partidistas regionales. Los resultados de este escenario base arrojan una ventaja significativa de Zuluaga (48.9%) frente a Santos (45.1%), cuando no se contabiliza el posible efecto del voto en blanco y/o de la reducción de la abstención en un 7% (lo cual analizaremos más adelante). Nótese que esta diferencia del 4% supera el llamado “error muestral” del 3% que usualmente manejan las encuestas, con lo cual se estaría replicando en segunda vuelta lo visto en la primera vuelta. Es importante identificar el efecto que tendrían los votantes indecisos, que sufragaron en blanco en la primera vuelta (6% del total) y los que no votaron (abstención cercana al 60%). Este es el grupo que puede generar el verdadero cambio en los resultados de la segunda vuelta electoral.

Si repartimos el 6% de votos en blanco entre los dos candidatos, pues no se acortan las diferencias. En cambio, si imaginamos que ese 7% de votantes adicionales depende del movimiento que hagan las maquinarias políticas, se tienen escenarios con resultados “endógenos” al sistema electoral prevaleciente. Estamos hablando de pensar la forma en que podrían distribuirse 3 millones de votantes adicionales y así quedar con una abstención del 53%, en línea con el promedio histórico.

Hemos supuesto que Zuluaga recibiría el voto del 50% de los nuevos votantes del centro del país donde ya ganó en primera vuelta. Pero tan solo recibiría el 20% de los nuevos votantes de la costa Caribe. Pero como la abstención fue particularmente marcada en la zona Caribe, esto significa que Santos se vería beneficiado con el 80% de estos nuevos votantes, ganando más que proporcionalmente en esta región donde ya triunfó en primera vuelta.

Esto implica adicionar cerca de 550.000 nuevos en la zona Caribe y así reducir la abstención en esta región del 70% observado el pasado 25 de mayo hacia el 62% histórico (de las últimas cuatro elecciones presidenciales). Así, sumando los efectos de las alianzas “ingenuas”, del voto en blanco y repartiendo la posible masa de votantes nuevos se registra un empate técnico entre los dos candidatos, dado que la diferencia entre los dos es inferior al 3%. En efecto, en el escenario calculado por Anif, el candidato Zuluaga aparentemente ganaría en segunda vuelta con el estrecho margen del 50.6% vs. el 49.4% que estaría logrando Santos. Sin lugar a dudas se trata de una “final de infarto”, pues la diferencia final sería solo de unos 170.000 votos, claramente dentro del margen de error estadístico de los sondeos electorales en Colombia.

El nivel de tensión solo parece equiparable a imaginar la final del próximo mundial de fútbol entre Brasil y Colombia, pero la diferencia es que aquello es un “juego”, mientras que en estas elecciones Colombia se juega su futuro con dos visiones bastante diferentes, en lo político, en lo económico y en lo social. Este no es un juego aleatorio, aquí los votantes independientes decidimos motivados por las ideas; pero muchos otros, y quienes probablemente serán el pivote de la decisión, serán más proclives a “la mermelada” que a la discusión programática. Alguien dirá que es el juego de la democracia, pero cada vez más luce como una “democracia capturada”.

LA REPÚBLICA +

Registrándose puede personalizar sus contenidos, administrar sus temas de interés, programar sus notificaciones y acceder a la portada en la versión digital.

GUARDAR
MÁS LR

Agregue a sus temas de interés

MÁS LR

Agregue a sus temas de interés