Pobreza monetaria y desigualdad en Colombia

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*Con la colaboración de Juan Sebastián Joya y Juan David Idrobo

Un importante logro de la Administración Santos I-II fue la reducción de los índices de pobreza e indigencia en Colombia durante 2010-2017, reduciéndolos del 37% al 27% de la población (medida como “pobreza mone- taria”). Como es bien sabido, estos índices suelen tener un comportamiento “procíclico” respecto del PIB-real y de la generación de empleo, así como del control de la inflación de alimentos. Estos factores macroeconómicos han sido mucho más relevantes a la hora de explicar el comportamiento de la pobreza monetaria que las mejoras marginales en focalización de los subsidios pro-pobres, cuyos progresos aún dejan mucho que desear.

Buena parte de esa reducción en pobreza ocurrió durante 2010-2014, cuando el auge internacional de commodities y el aceptable comportamiento climático hicieron que esos factores macroeconómicos jugaran a favor de llevar dicho índice al 28.5% (-8.7pp en cuatro años). Pero, durante 2015-2017, esos factores jugaron en contra y de allí que el progreso fuera menor, al cerrar ese índice en un 26.9% (-1.6pp en tres años). Más aún, durante 2017-2018 se vio un estancamiento en ese índice de pobreza monetaria al regresar a niveles del 27%, a pesar de que la inflación de alimentos fue particularmente baja y el PIB-real mostró una leve mejoría. No obstante, el marcado deterioro del desempleo jugó en contra durante 2017-2018, al elevarse de cifras prome- dio del 8.9% en 2015 hacia el 9.7% en 2018.
Como veremos, los correctivos en materia de inequidad han sido de mucho menor calado, pues el Gini tan solo se redujo de 0.56 a 0.51 durante 2010-2017 y volvió a escalar hacia 0.52 en 2018. Esto tiene que ver con el bajo progreso que se ha hecho en reducir los regresivos subsidios pensionales del régimen público (fácilmente equivalentes al 2% del PIB del 5% del PIB que se gasta anualmente). También ha incidido que se mantengan bajas asignaciones presupuestales a programas como Familias en Acción (0.3% del PIB) o Colombia Mayor (0.2% del PIB). Además, se tiene baja penetración en la tributación progresiva de los hogares, cuyo recaudo tan solo se ha elevado del 1% del PIB al 1.2% del PIB durante 2010-2018.

En el futuro cercano no cabe esperar mayores progresos en los índices de pobreza monetaria debido a los bajos crecimientos del PIB-real (en el rango 3%-3.5% durante 2019-2020) y al escalamiento en la inflación de alimentos (bordeando el 5% anual).

En cambio, en el frente de alcanzar algo de mayor equidad somos más optimistas, en la medida en que la Dian logre entrar a controlar de forma decidida la rampante evasión-elusión tributaria (gracias a su reforma institu- cional), especialmente de los llamados trabajadores in- dependientes. De hecho, la Ley 1943 de 2018 tiene la doble bondad de haber instituido mayor progresividad en tributación de los hogares (incluyendo la adopción del Impuesto a la Riqueza para estratos altos). Infortunadamente, el PND de la Administración Duque se quedó corto a la hora de instrumentar mecanismos de mayor formalidad laboral.

Evolución pobreza absoluta
La línea de pobreza monetaria se define como el costo mínimo de una canasta básica de bienes, tanto alimentarios como no alimentarios. Para 2018, dicha línea fue establecida en $257.433/persona/mes y el porcentaje de colombianos que recibieron un ingreso inferior a esta suma fue del 27%, después de haberse situado en el 26.9% en 2017. Esto significó un aumento de +0.1pp, tras haberse agotado el efecto del ciclo económico. En términos absolutos, lo anterior implicó el ingreso a la zona de pobreza de unas +190.000 personas durante el último año, deterioro que contrasta con la salida promedio de -591.000 durante 2010-2017. Este deterioro se explica por la desaceleración estructural de la economía colombiana, según lo ya comentado arriba.

A nivel regional, se observan aumentos importantes en los índices de pobreza monetaria de Cúcuta (36.2% en 2018, +2.7pp) y Bucaramanga (14.5%, +2.5pp), coincidiendo con la masiva inmigración de venezolanos por esas zonas. En el caso de Bogotá, la pobreza se estabilizó en un 12.4% en 2018, luego de tres años seguidos de deterioro (+0.8pp en promedio). Por el contrario, Cartagena mostró progresos en la lucha contra la pobreza al llegar a índices del 25.9% en 2018 (-1.1pp vs. +0.7pp del promedio en trece ciuda- des). Buena parte de ello parece estar asociado al im- pulso de las actividades de refinación y de la cadena petroquímica, resultantes de la gran actividad productiva de Reficar durante 2016-2018.

Conclusiones
Durante las últimas décadas, los organismos internacionales y la banca multilateral han venido impulsando programas de erradicación de la pobreza, consolidán dose como el principal objetivo de desarrollo sostenible para 2030 (ver Naciones Unidas, 2015). Aunque Colombia ha identificado lo que debería estarse haciendo en este frente (a través de reformar el régimen público pensional y depurar los subsidios del Sisbén IV), los avances son muy pocos.

Por último, el Índice de Pobreza Multidimensional también registró un deterioro a nivel nacional hacia 19.6 en 2018 (vs. 17.8 del último registro de 2016). Allí las zonas rurales mostraron la disparidad frente a las zonas urbanas, al deteriorarse hacia 39.9 (vs. 37.6). Llama la atención que buena parte del deterioro de este indicador se debe a la dimensión del mercado laboral, donde el desempleo de larga duración se incrementó hacia el 11.8%, deteriorándose desde la lectura de 2015. Además, la dimensión de indicadores de servicios públicos indica que se deben realizar mayores esfuerzos por mejorar las viviendas y sus sistemas de acueducto-alcantarillado.

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