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Fijación del salario mínimo y mercados laborales

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A finales de 2013, tras el acuerdo logrado en la Comisión Tripartita (gobierno, empresarios y sindicatos), se adoptó un reajuste del Salario Mínimo Legal (SML) de 4,5% para 2014, quedando en $616.000 por mes. Dicho reajuste se tradujo en un aumento de 2,6% real, una vez se descuenta la inflación de solo 1,9%, sorpresivamente baja en 2013 por cuenta del buen comportamiento del rubro de alimentos (con inflación algo inferior a 1%). 

Con ello, el SML ha venido promediando incrementos de 1,8% real por año durante el último quinquenio. Esto significa que el reajuste del SML en Colombia, en términos reales, ha venido violando claramente la “regla universal”, pues esos incrementos han superado las ganancias en Productividad Laboral (PL) en cerca de 1,5 puntos porcentuales (pps) en promedio anual (= 1,8% en SML – 0,3% de tendencia quinquenal en la PL). Así, el acumulado del índice del SML, durante 2009-2013, se ubica en 7,7% por encima de las ganancias en la PL. 

Hasta la fecha, podría argumentarse que esos desbordes del SML por encima de la PL no han afectado significativamente la generación de empleo, pues la tasa de desempleo se ha logrado reducir de 12% a 9,6% (en promedio anual) durante el periodo 2009-2013.  También se han visto progresos en el frente de formalización laboral, pues la relación Cotizantes Pila/PEA ha aumentado de 33% hacia 36% en los dos últimos años.  

Sin embargo, es claro que en ambos frentes las ganancias laborales han sido más bien marginales, pues Colombia sigue siendo el país de América Latina (entre los grandes) con las mayores tasas de desempleo y de informalidad laboral.  De hecho, cabe contra-argumentar que, de haberse ajustado el SML en línea con la PL, y no superando la PL en 1,5% por año, la reducción del desempleo habría sido más pronunciada y benéfica para los estratos más pobres. De forma similar, las ganancias en formalización laboral habrían tenido “mayor multiplicador laboral” respecto de la acertada reducción de costos parafiscales (completando 13,5% durante 2013-2014).

Claramente, la coyuntura 2014-2015 representará un gran desafío en el frente laboral, pues Colombia ya ha alcanzado la dupla de valores que conforman el llamado Nairu (tasa de desempleo e inflación de largo plazo); o sea, nos acercamos a la tasa de desempleo de 9%, por debajo de la cual se tenderá a acelerar la inflación de largo plazo hasta desbordar 3%.  A partir de este umbral laboral, incumplimientos repetidos de la “regla universal” en el reajuste del SML tendrá serias repercusiones sobre la inflación, como bien lo argumentaron durante los años setentas los premios Nobel de Economía Friedman (desde el ángulo monetario) y Phelps (desde la arista laboral).

Dicho de otra manera, durante 2014-2015, habrá escasez relativa de mano de obra en Colombia, mientras que durante 2007-2012 se tuvo abundancia relativa, sin generarse presiones del mercado laboral sobre la inflación en esos años.  Además, en el futuro cercano, Colombia también estará sintiendo que desvíos de sus precios lo sacaran pronto del mercado mundial debido a la entrada en vigencia de los TLC, los cuales ya cobijan cerca de 75% del comercio internacional colombiano.  Por ejemplo, Colombia tiene urgencia de entrar revertir la tendencia creciente de un Costo Laboral Unitario (CLU) que actualmente desborda el de los Estados Unidos en cerca de 27%.

Cabe preguntarse entonces, ¿qué políticas debe adoptar Colombia en materia de fijación del SML? A nivel internacional se observan los siguientes patrones: i) el SML tiende a ubicarse por debajo del salario medio y representar entre 50% y  66% de este; ii) existe diferenciación del SML según sectores, regiones y sus respectivas productividades; y iii) la fijación no suele estar a cargo del gobierno de turno, sino de un grupo de tecnócratas, quienes deben balancear los temas de generación de empleo y redistribución del ingreso.

Así, la fijación del SML en Colombia estará enfrentando nuevas presiones derivadas de: i) ese estrechamiento del mercado laboral por acercamiento a los umbrales del Nairu; y ii) los requerimientos de mayor competitividad frente a una serie de TLC que ya cubren 75% de nuestra canasta exportadora.  Claramente, Colombia haría bien en ceñirse a los dictámenes de la “regla universal” a la hora de ajustar el SML, en vez de caer en las redes populistas que ahora rondan a los Estados Unidos y a Alemania, donde se habla de ajustar drásticamente el salario mínimo por encima de la PL.

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