Para enfrentar esta pandemia, las autoridades de salud nos han requerido tener un distanciamiento social, quedarnos en casa, para evitar contagios por coronavirus, pero eso solo es posible si contamos con productos de primera necesidad en el hogar, como alimentos, bebidas y elementos de aseo entro otros.

Esto ha sido plenamente entendido por los gobiernos de nuestra región y por eso todas las regulaciones que se han expedido en esta coyuntura, la industria de alimentos y de bebidas ha sido clasificada, junto con otros, como un sector esencial, un sector vital ante este reto que como humanidad afrontamos y garantizar -con su operación- que todos podamos acceder a comida y bebida bajo los más altos estándares de seguridad.

Es en este contexto donde los negocios de barrio son fundamentales para el abastecimiento en nuestras comunidades. Cerca del 40% de las ventas de comestibles en nuestra región es atendido por estos negocios que hoy constituyen el canal de distribución más grande de comercio formal, un puente vital entre la canasta básica de productos y el ciudadano, un frente liderado por verdaderos héroes anónimos que continúan aportando en estos momentos en los que las comunidades más lo necesitan.

Son más de 10 millones las personas, 60% de ellas mujeres, que atienden las pequeñas tiendas en Latinoamérica y el Caribe, un eje fundamental de las economías locales. Comprometidos con el contexto y entendiendo que el abastecimiento de cientos de miles de familias dependerá de que estos negocios se mantengan en pie, la industria de alimentos y de bebidas ha seguido las recomendaciones de las autoridades de salud para poder dar continuidad a sus operaciones, proveer de insumos básicos a estos comercios y hacerlo bajo los lineamientos de seguridad sanitaria requeridos.

Hay realidades detrás de estos locales que hoy están en la disyuntiva de permanecer o cerrar sus puertas. A lo largo de América Latina y el Caribe, cientos de miles de familias se desarrollan de la mano de los más de 4 millones de comercios formales existentes en la región. Sin lugar a duda sumado a su rol central en el abastecimiento, las tiendas de barrio son la fuerza económica. Apoyarlos para que puedan seguir optando por comercializar sus productos con seguridad, hoy es una prioridad.

En países como los nuestros donde un grupo grande de la población no puede darse el lujo de abastecerse en el marco de distanciamientos sociales prolongados, las tiendas de barrio ofrecen además de la cercanía, alternativas flexibles para sus clientes: desde venta fraccionada en unidades hasta la opción de crédito sin interés.

La industria de alimentos y de bebidas ha trabajado de la mano de las familias que trabajan en estas tiendas de barrio, colmados, bodegas, quioscos, negocios de cercanía, pulperías, ventas o canal tradicional, como coloquialmente se conocen desde México hasta Argentina, y en esta coyuntura lo seguiremos haciendo.

Queremos extenderles una invitación para que apoyemos a estos héroes del día a día. Son tiempos difíciles pero, apostando por un mismo propósito y de la mano de nuestras comunidades que orgullosamente llamamos hogar, saldremos fortalecidos.