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ANALISTAS 21/07/2026

La fábrica del futuro llegó. La nuestra sigue en el pasado

Santiago Jiménez Londoño
Economista, MsC en Ciencias Naturales y Matemáticas y Doctor en Filosofía
La República Más

En enero, en Las Vegas, un robot caminó frente a miles de personas con un andar tan natural que ganó el premio al mejor robot del CES 2026. Se llama Atlas, lo fabrica Boston Dynamics, levanta 50 kilos, opera con autonomía y aprende una tarea nueva en menos de un día. Sus primeras flotas están comprometidas y viajan este año al centro de validación robótica de Hyundai en Georgia, junto a la planta donde el grupo fabrica sus vehículos eléctricos, y entrarán a secuenciar partes desde 2028 y a ensamblar componentes hacia 2030. Hyundai anunció además una fábrica capaz de producir 30.000 robots como ese cada año.

A esto le pusieron nombre. Physical AI, inteligencia artificial física. Durante una década la IA vivió detrás de las pantallas, escribiendo textos y prediciendo palabras. Ahora le están fabricando un cuerpo para que perciba, decida y actúe en el mundo material. Y el capital ya votó. Según PitchBook, la inversión de riesgo en robótica se movió entre 2.000 y 4.000 millones de dólares por trimestre durante años. En el primer trimestre de 2026 tocó los 16.000 millones. La línea no se inclinó. Se rompió.

Capgemini encuestó a 1.678 directivos de quince industrias y encontró que 65 % espera operar esta tecnología a escala en cinco años. El costo de un humanoide cayó de US$3 millones a unos 100.000 en una década. Y la Federación Internacional de Robótica reporta 542.000 robots industriales instalados en 2024 y un parque operativo de 4,66 millones de unidades. Asia concentró el 74 % de los nuevos despliegues. Las Américas, 9%.

Por estos días el Dane publicó la encuesta manufacturera de mayo. La producción industrial colombiana cayó 0,4 %, las ventas 0,8 % y el empleo fabril 1%. Veinticinco de las 39 actividades medidas están en terreno negativo, y la Andi habla de cuatro años de tendencia al decrecimiento. Mientras el mundo le construye un cuerpo a la inteligencia, nuestra industria adelgaza.

Gilbert Simondon vio este problema antes de que existiera. En El modo de existencia de los objetos técnicos, de 1958, sostuvo que la cultura trata a la máquina como una extranjera, y que la alienación no nace de la máquina sino de su desconocimiento. Una sociedad que usa objetos técnicos sin comprejnderlos queda alienada dos veces, porque depende de ellos y porque no participa de su evolución. El remedio que propuso no fue comprar más máquinas sino formar una cultura técnica, es decir, gente capaz de entender cómo funcionan, cómo se integran y hacia dónde evolucionan.

Esa es la trampa que nos espera. La fábrica del futuro no se importa en cajas. Exige ingenieras que dialoguen con los sistemas, operarios recalificados, procesos rediseñados, una cultura técnica que Colombia no ha construido ni para las máquinas de la generación anterior. Comprar el robot sin comprenderlo sería repetir, con cuerpo nuevo, el viejo error de confundir adopción con transformación.

El futuro ya camina. Nuestra industria todavía no lo ha visto entrar por la puerta.

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