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Analistas 14/07/2021

Fracaso del socialismo latinoamericano

Santiago Castro Gómez
Expresidente de Asobancaria

Siempre que oigo hablar de “socialismo” en nuestra región me veo obligado a hacer la distinción con el socialismo europeo. Lo hago porque nuestros zurdos latinoamericanos dicen querer emular los logros y el bienestar alcanzado en el viejo continente, en naciones que han tenido gobiernos socialistas en la postguerra. Y no pueden estar más equivocados en la analogía, si es que se refieren a países como Francia, Suecia, España, Inglaterra bajo los Laboristas, o Alemania bajo los Social Demócratas. Ninguno de esos gobiernos se les ocurrió siquiera cuestionar la economía de mercado, y sus empresas siguieron prosperando, contribuyendo y soportando en paralelo, un considerable crecimiento del tamaño del estado. Menos se les ocurrió minar sus instituciones democráticas e impedir el libre ejercicio del voto popular, al punto que les ha tocado entregar el poder varias veces.

Los socialistas nuestros distan mucho de ese modelo. No creen en las libertades políticas y menos en las libertades económicas, y con esas consignas crean el caldo de cultivo para la destrucción de riqueza más dramática en los últimos cien años. Cuba y Venezuela son los ejemplos más aberrantes. Como Atila, que pregonaba que “por donde pisa mi caballo no vuelve a crecer la hierba”, el clan de los Castro en Cuba y el dúo Chávez/Maduro en Venezuela, podrán grabar en sus lapidas que “tomé el control del país más rico de América Latina y en tiempo récord lo sumí en la miseria”. Siendo preciso, Cuba no era el más rico al final del régimen de Batista en 1959, superado en ingreso per cápita por Venezuela, Argentina, Chile y Uruguay. Pero si estaba en la primera fila. Ahora bien, su descenso fue insuperable en ese momento, pues 42 años adelante, en el 2001, era después de Haití y Nicaragua, el más pobre de toda la región. Desde esa fecha nada ha mejorado, hasta ahora, que vemos al pueblo protestando, pacifico, pero firme, y sin capuchas.

Pero lo que le tomó a Cuba 42 años le tomo veinte años menos a Hugo Chávez y a su sucesor Nicolás Maduro. En 1998, cuando “El Comandante” ganó las elecciones, Venezuela sí era el país más rico de América Latina, con un Producto Interno Bruto per cápita, ajustado por poder adquisitivo, de US$12.153, según cifras del Banco Mundial. Para final de 2020, ese monto había caído en picada a US$ 5.178, el más bajo después de Haití. Es decir, del primer al penúltimo lugar en menos de un cuarto de siglo, y durante una de las mayores bonanzas petroleras de su historia.

¿Como lograron estos dos países esta lamentable hazaña? Fácil…la combinación de autoritarismo y cercenar la iniciativa privada, sumado a expropiaciones y un buen grado de crasa incompetencia, hacen el truco. Los defensores de lo indefendible seguirán atribuyéndole este fracaso a las sanciones de Estados Unidos, lo cual, en el caso de Venezuela, solo ocurre en los últimos años, cuando ya venía en barrena. Aunque cualquier economista serio diría que las sanciones no contribuyen ni a la décima parte del desastroso resultado de su mortífera receta.

El hecho es que hay razones de sobra para temer a cualquier político latinoamericano que simpatiza abiertamente con el socialismo. Porque no nos van a llevar al nivel de vida y libertad que se vive en Madrid, sino que nos van a bajar al nivel de pobreza y represión que asedia Caracas o La Habana. Y esto no es ideología. Son las cifras descarnadas y reales de una tragedia que ha azotado ya a varias naciones del continente. Para nuestra fortuna, en Colombia tuvimos mes y medio de degustación con el paro, y por ello, ya conocemos el plato amargo que debemos rechazar.