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El futuro de la agenda regulatoria

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Como fruto de un trabajo constante y coordinado, la regulación financiera colombiana, sustentada en los pilares de la innovación y de los más altos estándares internacionales, se ha convertido en un claro y denotado referente regional.  Estas características, desde luego, deben perdurar en el tiempo para que, en pro de un sistema financiero sólido y dinámico, continúen contribuyendo a la sostenibilidad del sistema. Se ha hecho claro, en este contexto, que la agenda regulatoria en materia financiera deberá estar circunscrita a ciertos elementos que son hoy ya una realidad en Colombia. 

Precisamente, en el tránsito del país hacia la Ocde y la adopción de “buenas prácticas”, se han derivado algunas recomendaciones que han configurado la actual agenda.  Uno de estos puntos ha sido la evaluación de un proyecto de Ley para regular los temas relacionados con los conglomerados financieros, un proyecto que, según se ha venido conociendo,  busca someter a vigilancia por parte de la Superfinanciera a sus matrices no financieras.  

Por su parte, después de la adopción de FATCA y en línea con las directrices internacionales, ya se conoce que la Dian estará expidiendo próximamente la resolución para avanzar hacia la materialización del estándar de intercambio automático de información tributaria, cuya promoción hace parte de este necesario e imperativo tránsito hacia la Ocde.  Tal avance, por supuesto, nos colocaría como un país pionero en este frente. La banca, comprometida con el logro de este propósito, continuará focalizando esfuerzos para llevarlo a buen puerto.  

Sin embargo, la tecnología y su adopción en la oferta de productos financieros es hoy uno de los temas de mayor calado para el negocio bancario. En tal sentido, hay que resaltar que la industria bancaria colombiana ha dirigido esfuerzos para utilizar las nuevas tecnologías en busca de avanzar en el acceso a servicios financieros y fortalecer los medios de pago, una ruta que marcará de manera singular el futuro de esta industria. La banca no desconoce y es consciente que para competir exitosamente debe transformarse y adoptar las mejores herramientas que proporciona la tecnología en la consecución de un sector dinámico y eficiente.

Sin embargo, para poder hacerlo, es necesario que la regulación también acompañe de manera acertada los cambios que resulten de la innovación tecnológica, incorporando conceptos que se adapten a la nueva realidad. Es ilustrativo el caso de los valores electrónicos, para los cuales se han expedido normas que permiten reconocer su existencia y circulación, pero para los que se requiere una reglamentación adicional que permita asegurar su validez y su pleno funcionamiento.

Debemos ser reiterativos en que la regulación no debe ser sólo una herramienta que facilite la adopción de nuevas tendencias y garantice reglas de juego claras y equitativas para todos los competidores, sino también una herramienta que abogue por la protección de los derechos de los consumidores financieros. Es así como los usuarios de las nuevas plataformas resultan siendo los grandes beneficiados en la medida en que la tecnología no sólo los acerca más a las entidades sino que facilita la realización de sus transacciones financieras diarias y protege sus mayores intereses.

Estas iniciativas, sin embargo, no podrán tener éxito si los colombianos no cuentan con una educación financiera apropiada y con unos conocimientos que les permitan tomar decisiones racionales con base en la información a la que tienen acceso. Y de nada serviría que los usuarios estén sobreexpuestos a volúmenes de información si estos no se convierten es una verdadera herramienta a la hora de tomar decisiones financieras óptimas. Sin duda, los esfuerzos hasta ahora adelantados sólo tendrán éxito si están acompañados de acciones concretas y articuladas entre el sector público y privado, un aspecto en el que la agenda regulatoria tiene, desde luego, grandes desafíos.
 

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